La llegada del Pontífice devuelve al foco mediático el símbolo de la crisis migratoria donde llegaron a hacinarse 2.600 personas
Regala esta noticia Añádenos en Google Una embarcación de Salvamento Marítimo descansa en Arguineguín. (Cober)Ingrid Ortiz Viera
Las Palmas de Gran Canaria
11/06/2026 a las 13:05h.El próximo 11 de junio, cuando el Papa León XIV pise Arguineguín, recorrerá uno de los escenarios más simbólicos de la migración africana hacia ... Canarias, un lugar cuya imagen dio la vuelta al mundo cuando las portadas de todos los medios apenas tenían espacio para otro asunto que no fuera la pandemia del covid. Seis años después, sobre lo que se llamó el muelle de la vergüenza se construye piedra a piedra un nuevo espacio que da cabida a la esperanza.
visita del Pontífice devuelve ahora al foco internacional no solo el recuerdo de aquella crisis, sino también una realidad que acompaña a las islas desde hace más de tres décadas. Todo comenzó un domingo de agosto de 1994, cuando una pequeña patera con dos ciudadanos saharauis llegó a la playa de Las Salinas del Carmen, en Fuerteventura. Habían partido desde Marruecos y tardaron apenas un día en alcanzar las costas canarias. Aquella embarcación abrió una ruta migratoria que acabaría transformando para siempre la realidad del archipiélago. Nadie imaginaba entonces que Canarias se convertiría en una de las principales puertas de entrada a Europa.Después llegarían la primera gran crisis de los cayucos a principios de siglo, el creciente desafío de la acogida de menores, la aprobación del Pacto Europeo de Migración y Asilo o el reciente protagonismo de La Restinga, en El Hierro, como principal punto de llegada de embarcaciones. Y, entre medias, miles de personas han perdido la vida intentando alcanzar las islas: solo en 2025 se contabilizaron 1.172 en la Ruta Canaria, que acapara el 70% de las muertes en los flujos migratorios hacia España, según los últimos datos publicados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
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«Paralelamente al debate público, las rutas evolucionan y siempre tenemos que estar preparados»
José Antonio Rodríguez Verona
Responsable de Cruz Roja en Canarias
Rodríguez Verona lleva tres décadas trabajando en la atención a migrantes recién llegados. Ha visto cambiar las rutas, los perfiles y las dimensiones del fenómeno, pero reconoce que lo vivido en Arguineguín supuso un desafío sin precedentes. La presión obligó a las administraciones a reaccionar de forma acelerada, habilitando campamentos, centros de acogida y nuevos dispositivos para evitar que una situación similar volviera a repetirse.
Las imágenes de aquellos meses marcaron un antes y un después: el sistema de acogida ganó capacidad, se reforzaron los protocolos y se habilitaron nuevos recursos para responder con mayor rapidez a futuras emergencias. Sin embargo, muchas de las cuestiones de fondo siguen abiertas, desde la gestión de los menores migrantes hasta la coordinación entre administraciones o el reparto de responsabilidades dentro de la Unión Europea.
Precisamente por eso, la elección de Arguineguín no se interpreta únicamente como una parada protocolaria en la agenda del Papa. El Vaticano ha querido situar la cuestión migratoria en el centro de una visita que tendrá una enorme repercusión simbólica. Arguineguín representa el momento en que Europa fue obligada a mirar hacia el Atlántico y reconocer la dimensión de un fenómeno que sigue afectando a varios países al sur de su frontera.
«Creo que se trata de un gesto muy significativo de reconocimiento y a favor de los derechos humanos»
Juan Carlos Lorenzo
Coordinador de CEAR
Juan Carlos Lorenzo, coordinador territorial de CEAR en Canarias, considera que ese es el valor real de la visita. A su juicio, la presencia del papa servirá para recordar que detrás de cada cifra hay una historia. «Es un mensaje de respeto, de protección y de reconocimiento de la dignidad humana», sostiene. Un mensaje que, según explica, conecta con la defensa de los derechos fundamentales de las personas migrantes independientemente de su origen o situación administrativa.
La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, también cree que el gesto trasciende lo religioso. Recuerda que el municipio soportó una presión enorme durante aquellos meses y que la llegada del papa supone un reconocimiento a quienes estuvieron en primera línea.
«También debe servir para recordar al Estado que no puede abandonar sus responsabilidades»
Onalia Bueno
Alcaldesa de Mogán
Por otro lado, considera que debe servir para recordar la responsabilidad del Estado en la gestión migratoria y evitar errores del pasado. «Las crisis migratorias son cíclicas y volverán a producirse. Ahora estamos mejor preparados, pero es importante que no se abandonen las infraestructuras que costó tanto esfuerzo levantar, como ya se hizo en el pasado, porque no sabemos cuándo llegará una nueva emergencia», advierte.
Pese a ello, ni Bueno ni Lorenzo esperan consecuencias inmediatas en las políticas. Ambos coinciden en que el principal impacto será volver a colocar la realidad migratoria canaria en el centro del debate público y de la atención internacional.
El testigo del Papa Francisco
Cuando León XIV llegue a Arguineguín lo hará siguiendo la senda que ya quiso recorrer el Papa Francisco. El pontífice argentino manifestó en varias ocasiones su deseo de visitar Canarias para conocer de primera mano la realidad migratoria de las islas, una visita que nunca pudo materializarse antes de su fallecimiento. Ahora será su sucesor quien complete ese gesto con un encuentro en el que se prevé que participen algunos migrantes, familiares de desaparecidos, efectivos de los servicios de rescate y voluntarios.
Mientras tanto, los preparativos avanzan en el propio muelle. Los operarios de Regasimar ya han levantado una estructura metálica revestida de madera lacada en blanco que evoca una ola y culmina en una especie de cruz. La instalación se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús se aparece a los apóstoles en medio de una tormenta y calma la furia del mar, según recoge Canarias7. El mensaje, en palabras de su arquitecto, pretende transmitir que pese a todo existe la posibilidad de la esperanza.
Dentro de unos días, el trasiego de fieles, periodistas, fotógrafos y representantes institucionales volverá a retratar el muelle de Arguineguín prácticamente abarrotado, pero desde una óptica radicalmente distinta. No borrará lo ocurrido, pero sí resignificará el espacio. Será el momento para tratar de dar respuestas duraderas a un fenómeno que sigue definiendo buena parte de la relación entre Canarias y África.
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