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La implementación de hábitos como una buena nutrición, gestión del estrés y actividad física en la vida diaria estimula y fortalece el cerebro.
"La productividad no consiste en exigir más al cerebro, sino en gestionar mejor su energía". Emiliano Santarnecchi, neurocientífico especializado en neurología cognitiva y estimulación cerebral no invasiva, cree que podemos sacarle más partido a nuestro cerebro. Profesor de Harvard Medical School y miembro del Consejo Asesor Científico Internacional de SHA, en sus investigaciones convergen la estimulación cerebral, la cognición y la neuroplasticidad.
¿Estamos siendo demasiado exigentes? "El cerebro consume aproximadamente el 20% de nuestras calorías y la atención es un recurso limitado que se agota a lo largo del día. Por ello, debemos proteger los períodos de concentración profunda e ininterrumpida en lugar de cambiar constantemente de tarea; trabajar en bloques de tiempo, y descansar adecuadamente entre ellos", responde el director de Neurociencia de Precisión en el Massachusetts General Hospital.
¿Alguna recomendación más? "La mayoría vivimos con el freno de mano echado y los culpables de esta situación son la falta de sueño, el estrés y el sedentarismo. Lo primero que tenemos que hacer es eliminar esos obstáculos", aconseja Santarnecchi, referente en neurociencia, que mantiene la esperanza en el futuro y en algunas tecnologías que ya se están probando. "Gracias a la neuroplasticidad, el cerebro puede seguir entrenándose durante toda la vida, y herramientas como el neurofeedback y la estimulación cerebral no invasiva pueden optimizar redes neuronales específicas. Sus efectos siguen siendo modestos, pero la dirección es alentadora".
Hábitos saludables
Mientras tanto y dado que hay otros hábitos que sí están en nuestra mano, Santarnecchi aconseja poner a raya el estrés, mejorar nuestra alimentación o hacer más deporte. "Son las herramientas más poderosas que tenemos. Sabemos que hacer ejercicio aumenta el flujo sanguíneo, favorece la creación de nuevas neuronas y eleva los niveles de BDNF -iniciales de la proteína brain-derived neurotrophic factor-, una especie de fertilizante para las células nerviosas. La nutrición influye a través de los vasos sanguíneos. Lo que es bueno para el corazón también lo es para el cerebro, por lo que elaborar recetas de estilo mediterráneo y mantener estable el nivel de azúcar en sangre son mucho más importantes que cualquier suplemento. El estrés crónico, por su parte, es perjudicial porque niveles elevados y sostenidos de cortisol dañan la memoria. Gestionarlo no es un lujo, sino una forma de proteger el cerebro".
Así, ¿qué hábitos nos propone adoptar? "La buena noticia es que la lista es corta. Dormir bien, hacer ejercicio regularmente, cuidar la salud cardiovascular y metabólica, mantenerse social e intelectualmente activo y cuidar la audición y la visión, ya que el cerebro prospera cuando recibe estímulos ricos y variados. La ciencia demuestra que gran parte de cómo envejece nuestro cerebro depende de nuestras acciones", señala el neurocientífico, que añade: "Domine estos fundamentos antes de recurrir a dispositivos o nootrópicos. Los hábitos básicos son los que realmente marcan la diferencia y son el denominador común de las personas que envejecen de forma más saludable".
Hacer ejercicio regularmente fortalece la salud y es una forma de proteger el cerebro.DreamstimePor eso, Santarnecchi lamenta que el cerebro sea el gran olvidado de la salud. Los reconocimientos médicos generales miden valores que afectan al corazón o el aparato digestivo, pero no se tiene en cuenta la calidad de las neuronas. "Controlamos nuestros pasos, nuestro corazón y nuestro colesterol, pero tratamos al cerebro como algo fijo, destinado simplemente a deteriorarse. Ese fatalismo es incorrecto y perjudicial. Los superagers (superenvejecedores) son personas de más de 80 años con capacidades cognitivas comparables a las de alguien mucho más joven. El cerebro es el principal capital de trabajo y, sin embargo, es el activo que menos cuidamos".
La consecuencia principal es un aumento de los casos de demencia o Alzheimer, incluso entre gente joven. Santarnecchi recomienda extender el uso del concepto de reserva cognitiva. ¿Qué es? "Una reserva de resiliencia que el cerebro acumula a lo largo de toda la vida mediante el aprendizaje y experiencias enriquecedoras, y que le permite compensar los cambios asociados a la edad antes de que aparezcan síntomas. La buena noticia es que podemos seguir fortaleciendo esa reserva a cualquier edad, aunque cuanto antes empecemos, mejor".
El neurocientífico recomienda otras prácticas como rezar o meditar. "Una vida mentalmente activa y comprometida fortalece la resiliencia del cerebro y favorece un envejecimiento saludable. La lectura y el aprendizaje continuo alimentan esa reserva. La meditación reduce el estrés y mejorar la atención. La oración y otras prácticas contemplativas combinan varios beneficios a la vez como son la tranquilidad, el sentido de propósito y la conexión con una comunidad. El elemento común es el compromiso mental, la calma y la conexión, y el cerebro responde positivamente a los tres".
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