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La actual histórica sequía en Europa amenaza con un impacto económico de hasta 180.000 millones de euros. La escasez de agua paraliza reactores nucleares y marchita cosechas en el continente.
Ahora que los niveles de agua del Rin están en mínimos históricos tras un verano sofocante, las empresas del puerto más grande y con mayor actividad de Europa están pagando parte de la factura de la sequía que azota el continente.
Los buques de carga que transportan productos químicos, petróleo y otras mercancías desde y hacia Róterdam por el río, cuyo caudal se ha reducido drásticamente, se llenan sólo hasta un 30% de su capacidad para aligerar la carga y evitar encallar. Esto significa que los operadores tienen que pagar por unas cien embarcaciones adicionales a la semana y aun así no pueden transportar todo lo que se transportaba antes.
Según Lex Bezemer, de la Autoridad Portuaria de Róterdam, se trata de "uno de los episodios más significativos que hemos vivido en las últimas décadas".
Las costosas soluciones provisionales del puerto representan sólo una fracción del coste total de una sequía que ha avanzado con asombrosa rapidez, que implica grandes gastos para la agricultura, la industria e incluso la tecnología, y podría ser el preludio de cambios duraderos en la forma en la que el continente realiza sus actividades económicas.
Massimo Tavoni, director del Instituto Europeo de Economía y Medio Ambiente, con sede en Venecia, un centro de investigación independiente, advierte de que la sequía es sólo un anticipo de lo que está por venir, a medida que el continente que se calienta más rápidamente en el mundo siente el impacto del cambio climático.
"Las sequías son peligrosas. Son eventos extremos, pero de larga duración. Europa está muy expuesta y es un verdadero punto crítico para el cambio climático", afirma.
Junio y julio fueron los meses más calurosos registrados en Europa occidental, según Copernicus Climate Change, la agencia de observación de la Tierra de la Unión Europa. Es poco probable que las próximas semanas ofrezcan mucho consuelo: no están previstas muchas lluvias abundantes.
Una gran parte de Europa sufre actualmente déficits críticos de humedad en el suelo y una drástica disminución del nivel del caudal de los ríos. En el punto menos profundo del Rin, en Kaub, Alemania, la semana pasada el nivel del agua descendió hasta el mínimo histórico, de un solo dígito por debajo del cual la navegación podría ser inviable y el río podría dividirse en dos.
Expertos de instituciones como Zurich Insurance y el think tank Tavoni calculan que la repentina sequía de este año probablemente cause un impacto económico a corto plazo en Europa de, al menos, 50.000 millones de euros, cifra que podría aumentar significativamente si la escasez de agua se prolonga. El coste total de la ola de calor de este verano probablemente sea mucho mayor: hasta 180.000 millones de euros, según un banco.
Esto también podría agravar las presiones inflacionarias, reduciendo la renta disponible de los hogares y obligando a los bancos centrales a mantener los tipos de interés elevados durante más tiempo.
"Cuanto más dure la sequía, mayor será su impacto negativo", afirma Oliver Rakau, economista jefe para Alemania de Oxford Economics. Según el Observatorio Europeo de la Sequía -un organismo de investigación de la UE- aproximadamente la mitad de la UE y Reino Unido sufren actualmente algún grado de sequía. Pero el cálculo de los costes apenas comienza.
La ministra francesa de Medio Ambiente, Monique Barbut, ha declarado que las condiciones extremas de este verano podrían costar a Francia entre 10.000 millones y 15.000 millones de euros. Añadió que la sequía de 2022 provocó pérdidas directas e indirectas por valor de 5.600 millones de euros, y aunque el coste total de este año no se conocerá hasta que termine la sequía, "no cabe duda de que será mucho mayor".
Aunque las pérdidas agrícolas tienen un impacto relativamente pequeño en el PIB general, las cosechas más escasas pueden provocar una subida de los precios de los alimentos.DreamstimeTambién ha aumentado la preocupación sobre si Europa podrá dar soporte al rápido despliegue de centros de datos, considerados por muchos como fundamentales para el crecimiento económico del continente, pero que dependen del agua para la refrigeración, en un momento en el que decenas de millones de personas en todo el continente se enfrentan a restricciones hídricas.
Más de un tercio de los 3.000 centros de datos de Europa se encuentran en zonas con un estrés hídrico alto o extremadamente alto, cuando la demanda de agua supera la cantidad disponible durante un período determinado, según un análisis del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), un think tank medioambiental.
"Ya existe una intensa competencia por los recursos hídricos en un año normal", afirma Liz Saccoccia, responsable de seguridad hídrica del WRI. "Durante un año de sequía como este, esa competencia se agrava, aumentando el riesgo de interrupciones industriales, cortes de energía y pérdidas agrícolas".
Un cambio vertiginoso
Cuando gran parte de Europa occidental se vio azotada por lluvias torrenciales a principios de este año, pocos esperaban que en cuestión de meses la región sufriera una grave sequía. "La velocidad a la que se está produciendo la transición hacia la sequía de 2026 es alarmante", afirma Balakrishnan Solaraju-Murali, especialista en datos climáticos de Zurich Insurance.
Mientras Europa sufre el implacable calor estival, los investigadores prestan cada vez más atención a las consecuencias económicas para la economía de la UE, valorada en 18,8 billones de euros.
Este año las centrales nucleares, desde Francia hasta Hungría, se han visto obligadas a reducir su actividad por la escasez de agua, esencial para la refrigeración, y la energía hidroeléctrica también se ha visto afectada. Este mes, el ejército rumano llevó a cabo explosiones controladas en el lecho del Danubio, en un intento finalmente infructuoso de redirigir el agua de refrigeración vital hacia la central nuclear de Cernavodã, amenazada por la sequía. Tras los intentos infructuosos, la semana pasada comenzó el cierre de la planta.
La empresa energética francesa EDF advirtió en julio que preveía una caída del 10% en sus beneficios este año, debido a la disminución del nivel de los ríos y a las olas de calor que afectan a la generación de energía, así como a la bajada de los precios del mercado.
La empresa química alemana Covestro declaró fuerza mayor para ciertos productos y advirtió a sus clientes que podría no cumplir con los plazos de entrega de su planta en Dormagen, debido al bajo nivel del agua en el Rin. En los Países Bajos se han cerrado tramos de algunos canales al tráfico marítimo.
Los buques de carga que navegan por el río Rin, cuyo caudal se ha reducido considerablemente, se llenan solo hasta aproximadamente el 30% de su capacidad para aligerar la carga y evitar que encallen.DREAMSTIMEEl bajo nivel del agua en el Danubio ya ha encarecido el transporte de cereales desde Europa central y oriental hasta el mar Negro, en un momento en que la escalada del conflicto entre Rusia y Ucrania ha interrumpido los envíos de cereales a través de la región y ha aumentado la presión sobre las rutas de exportación alternativas. En los alrededores de Vercelli, en el norte de Italia, una de las zonas arroceras más importantes de Europa, Roberto Guerrini, agricultor de arroz y presidente de la sección de Vercelli-Biella de Coldiretti, la mayor asociación de agricultores de Italia, afirma que algunos arrozales han quedado "completamente devastados y el arroz seco" tras la falta de riego.
"No recuerdo un verano en Italia con tan poca lluvia y un calor tan constante durante dos meses y medio", declara.
Algunas explotaciones agrícolas de la región del valle del Po están perdiendo la mitad de su producción, explica Guerrini, lo que pone a muchas en riesgo de quiebra.
La escasez recurrente también está obligando a los agricultores a plantearse la posibilidad de sustituir el arroz por otros cultivos o dejar tierras sin sembrar para no arriesgarse a perder otra cosecha.
Si la tendencia de los últimos años persiste, advierte Guerrini, la superficie arrocera de Italia podría reducirse considerablemente.
El crecimiento se estanca
Los sectores más directamente expuestos a la falta de lluvias son la agricultura y algunos sectores industriales. Según un reciente informe del Banco Central Europeo (BCE), el calor y la sequía producirán una reducción anual de 4,5 puntos porcentuales del crecimiento del valor agregado real per cápita de la agricultura en un escenario extremo y el mayor impacto será en Europa del Este.
El problema más inmediato son los bajos niveles de agua en el Rin, una arteria fluvial clave para la industria alemana, la economía dominante del continente. Según un análisis del Instituto para la Economía Mundial de Kiel, los bajos niveles de agua del Rin durante la sequía de 2018 provocaron una disminución del 0,4% del PIB alemán, equivalente a unos 18.000 millones de euros actuales. El problema es que, en esta ocasión, la sequía se ha iniciado mucho antes y podría durar mucho más.
El estudio del instituto muestra que un mes con 30 días de sequía reduce el transporte fluvial en aproximadamente un 25% y la producción industrial alemana en alrededor del 1%.
Los niveles de agua de este año ya son inferiores a los que se registraron en 2018, por lo que "las repercusiones en el comercio podrían ser similares a las de aquel año o incluso peores si aumentan los problemas de suministro", señala Marion Amiot, directora de economía climática de S&P Global Ratings.
Dada la magnitud de la economía alemana, la sequía del Rin tendrá repercusiones en toda la eurozona, según Neil Shearing, economista jefe de Capital Economics, quien prevé una caída temporal de entre el 0,1% y el 0,2% del PIB de la Eurozona.
Parte de esta actividad debería recuperarse a finales de año o a principios de 2027 una vez que el río recupere niveles más navegables, por lo que Shearing aún no ha revisado a la baja sus previsiones para el año completo en la eurozona.
Si se incluyen otros efectos de la sequía sobre la actividad económica, el coste derivado de ella aumenta aún más. Según diversos investigadores y economistas, la estimación de un impacto global de 50.000 millones de euros es "conservadora".
El impacto total del calor extremo del verano en la productividad alimentaria, energética, del transporte y laboral ascendería al 1% del PIB de la UE, 180.000 millones de euros. Esto incluye efectos no relacionados con la sequía, como incendios forestales, interrupciones en las infraestructuras y muertes causadas por el calor extremo.
Estos factores afectarán negativamente a la economía europea, que se está recuperando de una serie de crisis, como el aumento del precio de la energía tras la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Irán.
Aunque las pérdidas agrícolas tienen un impacto relativamente pequeño en el PIB general, la reducción de las cosechas puede incrementar los precios de los alimentos el año que viene, junto con otros factores como la escasez de fertilizantes derivada de la guerra con Irán y el fenómeno meteorológico de El Niño. Esto podría provocar que el Banco Central Europeo subiera los tipos de interés, lo que frenaría el crecimiento económico.
Según un análisis de Fairr, una red de inversores centrada en los riesgos del sector alimentario, la sequía ya genera unos costes anuales de 6.400 millones de dólares para 18 de las mayores empresas ganaderas cotizadas del mundo, debido a factores como el aumento del precio de los piensos y las fuentes alternativas de agua. Esta cifra podría ascender a 7.100 millones de dólares en 2050.
El futuro
Una de las grandes incógnitas es cuándo terminará la sequía. La Comisión Europea ha advertido el miércoles que las previsiones apuntan a un clima más cálido en agosto y septiembre, mientras que El Niño podría provocar "condiciones más cálidas de lo normal" en la próxima primavera.
Según un estudio del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, solo el 15% de las empresas de la UE ha elaborado planes de adaptación oficiales, a pesar de que el 42% afirma que sus costes relacionados con el clima han aumentado durante el último año. Y este verano el fenómeno se ha acentuado aún más.
Las centrales de toda Europa han tenido que reducir su actividad este año debido a la escasez de agua.Algunas empresas ya están tomando medidas. Tras el descenso del nivel del Rin en 2018, Basf duplicó el número de sus buques aptos para navegar en aguas poco profundas e implementó un sistema de alerta temprana con hasta seis semanas de antelación, en colaboración con el Instituto Federal de Hidrología de Alemania.
La empresa francesa EDF quiere optimizar el uso del agua. En su central hidroeléctrica de Lacourt, en el sur de Francia, una nueva turbina puede generar energía con caudales fluviales de tan solo 3,5 metros cúbicos por segundo, en comparación con los 6,5 metros cúbicos de las unidades más antiguas de la planta.
Reducir riesgos
Los agricultores de cereales y semillas oleaginosas de toda Europa cosechan de madrugada para aprovechar el rocío nocturno, lo que permite que sus cultivos alcancen los niveles mínimos de humedad y reduce el riesgo de que la maquinaria incendie los campos resecos.
Los operadores de centros de datos diseñan cada vez más sus instalaciones teniendo en cuenta la escasez de agua. Alrededor de un tercio de los centros de datos europeos usan ahora refrigeración sin agua, mientras que los sistemas de circuito cerrado (que reutilizan el agua en lugar de desecharla) son cada vez más comunes en el sur de Europa.
La autoridad portuaria de Róterdam está monitoreando de cerca las condiciones meteorológicas y trabajando para garantizar el flujo continuo de mercancías en toda Europa y fortalecer las conexiones entre el transporte fluvial, ferroviario y por carretera.
El reto para Europa reside en contrarrestar la creciente sequía, tanto la de este año como la de los próximos.
Los arroceros de Vercelli han solicitado ayuda estatal para que se construyan embalses que recojan el agua las lluvias de otoño y primavera. "Esto debería haberse hecho hace 30 años, pero no se hizo y ahora estamos pagando las consecuencias", declara Guerrini, de la asociación de agricultores.
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