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Marruecos utiliza la agonía de Sánchez para avanzar en su proyecto nacional

Marruecos utiliza la agonía de Sánchez para avanzar en su proyecto nacional
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El Gobierno ha debilitado todos y cada uno de los elementos que fortalecen la política exterior. Leer
Sin dogmasMarruecos utiliza la agonía de Sánchez para avanzar en su proyecto nacionalActualizado 29 AGO. 2026 - 00:10Concentración esta semana frente la Delegación del Gobierno en Ceuta en protesta por la grave crisis migratoria en la ciudad.ReduanEFESeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El Gobierno ha debilitado todos y cada uno de los elementos que fortalecen la política exterior.

Marruecos está midiendo la verdadera talla de Pedro Sánchez en política exterior. Los que presentan al presidente español como un líder internacional solvente, capaz de ser la némesis de Donald Trump y de plantar cara a Israel, debieran explicar cómo es posible que él –y todo su Gobierno– permanezca sometido ante Marruecos, después de la entrada en Ceuta de unas 80.000 personas. Una invasión a modo de guerra híbrida que rememora lo ocurrido en 2021 y que es imposible explicar sin la connivencia del régimen alauita.

Los esfuerzos del Gobierno por buscar chivos expiatorios (ha culpado a las mafias, a los influencers de ultraderecha, e incluso al PP y a Vox de los hechos) para hacer pasar la invasión por una crisis migratoria, para no pedir explicaciones a Marruecos, denota una debilidad del Gobierno de España sin precedentes y desata sospechas.

La fortaleza de un país en política exterior no se mide por las declaraciones de sus dirigentes sino por su capacidad para definir y perseguir intereses nacionales claros, por su capacidad para tejer alianzas que le permitan tener peso en organizaciones internacionales y por su competencia para proteger a sus ciudadanos y empresas en el exterior (tras lo acontecido en Ceuta habría que añadir también en el interior).

Se mide por su coherencia, continuidad estratégica, y margen de maniobra. Y este Gobierno ha fracasado en todos y cada uno de esos objetivos. El asalto a Ceuta viola la integridad territorial y la defensa de nuestras fronteras, que es el primer interés nacional claro a proteger, como recoge el artículo 8 de nuestra Constitución. La red de alianzas que ha tejido este Gobierno hace a nuestro país vulnerable. Se ha enemistado con socios tradicionales como EEUU e Israel, que aportaban estabilidad y seguridad, para acabar entregado a países no alineados que no suman nada a los intereses de España ni de la Unión Europea a la que pertenece. Y todo para maquillar la imagen de un presidente abrasado que necesitaba agradar a unos socios poco homologables, como Sumar, Podemos o Bildu, para continuar en el poder.

La protección de los ciudadanos y las empresas españolas, en este caso dentro del propio territorio nacional, está poniéndose a prueba estos días con poco éxito. Los intereses de los españoles y de las empresas que viven y trabajan hoy en Ceuta están terriblemente comprometidos ante la incapacidad del Gobierno para asegurar que lo que ocurrió el pasado 30 de julio no se vuelva a repetir.

En cuanto a la coherencia y la continuidad estratégica, estas se quebraron drásticamente el 14 de marzo de 2022 cuando Pedro Sánchez sin consultar al Parlamento cambió la posición que España había mantenido sobre el Sáhara, y que estaba en línea con las resoluciones de Naciones Unidas, para pasar a abrazar las tesis de Rabat de considerar aquel territorio una autonomía marroquí.

Nadie ha sido capaz de explicar las razones de este giro y por eso toma cada vez más cuerpo la tesis de que Sánchez esté siendo chantajeado por Marruecos. De hecho, en mayo de 2021 el Gobierno pidió inicialmente explicaciones al país vecino por la invasión y ahora ante los mismos hechos todo son genuflexiones. La entonces ministra Arancha González Laya convocó aquel mismo mes a la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, para trasladarle su disgusto por los hechos, pero poco después aquella posición de firmeza se desplomó, coincidiendo con el escándalo de Pegasus y el hackeo de los teléfonos de Pedro Sánchez y Margarita Robles.

Desde entonces todo ha sido una alfombra para Marruecos. González Laya tuvo que dimitir en julio de 2021 y unos meses después Sánchez quebró la posición tradicional de España sobre el Sáhara. La embajadora marroquí ya había dicho dijo aquello de "hay actos que tienen consecuencias".

Ejercicio de 'realpolitik'

Mientras la respuesta pusilánime del Gobierno se agudiza, Marruecos no duda. Sigue desarrollando sin freno de ningún tipo su objetivo de construcción nacional, que comparten conjuntamente Mohamed VI y todo el arco parlamentario y que pasa por el reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara y la incorporación a su territorio de Ceuta y Melilla. El fin último de Marruecos es convertirse en una potencia regional en el Norte de África y en el Mediterráneo Occidental, y en la vía de entrada de las inversiones del mundo en el Sahel.

Para lograr este propósito estratégico Marruecos ha hecho un ejercicio de 'realpolitik' aliándose con EEUU e Israel y multiplicando su gasto en defensa. Justo lo contrario de lo que ha hecho España. Esta misma semana Josep Borrell aseguraba en Televisión Española que la posición de España respecto a Israel y al gasto en defensa había sido muy valiente. A la vista de los acontecimientos habría que valorar si valiente es sinónimo de insensato.

Mohamed VI sabe que su régimen sigue siendo una garantía para Occidente porque sirve de freno al fundamentalismo islámico y sabe que España con este Gobierno no tiene nada más valioso que aportar. Sus bandazos le hacen un socio poco fiable para todos y por eso está cada vez más aislado. De ahí que aproveche su debilidad. No es nada nuevo. Lo hizo en 1975 con la Marcha Verde aprovechando que Franco agonizaba y lo vuelve hacer ahora al ver que Sánchez está llegando a su fin.

*Iñaki Garay es director adjunto de EXPANSIÓN

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Fuente original: Leer en Expansión
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