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Así preparan los cuerpos de élite de la Guardia Civil a diplomáticos y periodistas que trabajan en zonas de guerra

Así preparan los cuerpos de élite de la Guardia Civil a diplomáticos y periodistas que trabajan en zonas de guerra
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Participamos en el V Curso HEAT que el Grupo de Acción Rápida imparte en el Centro de Adiestramientos Especiales de Logroño para aprender a afrontar tiroteos, emboscadas, explosivos improvisados, o secuestros.

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La formación psicológica es vital para afrontar situaciones extremadamente tensas. Jesús Sanz/Guardia Civil Así preparan los cuerpos de élite de la Guardia Civil a diplomáticos y periodistas que trabajan en zonas de guerra

Participamos en el V Curso HEAT que el Grupo de Acción Rápida imparte en el Centro de Adiestramientos Especiales de Logroño para aprender a afrontar tiroteos, emboscadas, explosivos improvisados, o secuestros.

Zigor Aldama

Sábado, 14 de febrero 2026, 13:01

Porque, a pesar de que estamos sobre aviso, detectar el peligro no es nada sencillo: un hilo de seda casi invisible que sirve de detonante, un proyectil escondido entre las ramas o una trampilla camuflada con hojarasca que se descubre demasiado tarde. Hay que prestar atención a todos los detalles y, aun así, estar preparado para acabar desmembrado, porque nadie es capaz de identificar todas las amenazas. Ni siquiera los miembros de las fuerzas de seguridad.

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Entrenamiento de actuación frente a un vehículo atacado. Zigor Aldama

Por eso es imprescindible también aprender a hacer un torniquete o a taponar una herida. Porque con una hemorragia exanguinante un ser humano fallece en solo tres minutos. Y, si no hay a su alrededor nadie que le pueda prestar ayuda inmediata, apenas cuenta con 90 segundos para detener el sangrado por su cuenta antes de caer inconsciente. Incluso en un entorno controlado es difícil lograrlo. En una zona hostil, todavía más. Y sin la formación adecuada resulta prácticamente imposible.

En el curso uno se da cuenta del impacto que tienen las superproducciones de Hollywood: eso de coger un cinturón para atajar una hemorragia queda muy bien en el cine, pero es poco realista. Y salir en pos de un compañero que ha caído abatido en medio de una emboscada tampoco es lo más recomendable, porque, como señalan los instructores, «lo más probable es que donde hay una víctima acabe habiendo dos». Y ojo con relajarse en los 'checkpoints' de algunos lugares, que los malos pueden vestir uniforme.

Es poco probable que alguien en Europa se encuentre en una situación así, pero el riesgo aumenta considerablemente en regiones donde el crimen organizado campa a sus anchas, países con gran inestabilidad política o zonas de guerra. No obstante, a menudo se destinan allí fuerzas de seguridad y diplomáticos sin entrenamiento específico. Además, resulta indispensable que haya periodistas cubriendo los conflictos que asolan al mundo. No solo porque pueden ser una fuente de información más fiable que la oficial, a menudo teñida de propaganda, también porque son testigo de crímenes de guerra cometidos en el campo de batalla y de violaciones de los derechos humanos contra la población civil. Y eso puede servir para ejercer presión y alterar el rumbo de la contienda.

Lo que sucede en Ucrania y en Gaza es buen ejemplo de ello: mientras en el territorio eslavo que controla Kiev se documenta relativamente bien lo que sucede –Moscú imposibilita el acceso de profesionales independientes al suyo–, el total bloqueo informativo que el gobierno israelí impone a la Franja deja la información en manos de partes interesadas, ya sean las Fuerzas de Defensa de Israel o los terroristas de Hamás. Los pocos periodistas palestinos que trabajan sobre el terreno se juegan la vida. Y la pierden.

Más de 120 muertos

Según la Federación Internacional de Periodistas, 128 periodistas fallecieron en 2025 realizando su labor. El 44% en Gaza. Ocho murieron en Ucrania. Muchas de estas víctimas son inevitables, porque poco se puede hacer si cae un misil cerca, pero es vital que quienes se arriesgan para arrojar algo de luz sobre zonas hostiles estén preparados para el mayor número de eventualidades posible. De lo contrario, como comentan los soldados ucranianos que han guiado a este periodista por los diferentes frentes de la invasión, no solo se ponen ellos en peligro; también se convierten en un lastre para la unidad con la que se mueven.

Centro de Adiestramientos Especiales

Es responsable de la selección de los miembros de la Unidad de Acción Rápida y también capacita a otros cuerpos de seguridad nacionales y extranjeros en técnicas policiales avanzadas

Por eso, el Centro de Adiestramientos Especiales (CAE) de la Guardia Civil imparte en sus instalaciones de la capital riojana el curso HEAT (Entrenamiento de Concienciación para Entornos Hostiles, por sus siglas en inglés). Durante una semana, instructores de los Grupos de Acción Rápida (GAR) se encargan de impartir a otros compañeros, diplomáticos y periodistas diferentes materias que tienen dos objetivos principales: mantener al periodista con vida y proporcionarle las herramientas mentales para afrontar acontecimientos tan traumáticos como una emboscada o un secuestro. Este diario ha participado en la trigésima edición, la quinta impartida para medios de comunicación.

Grupo de Acción Rápida (GAR)

Nacido para luchar contra ETA, se encarga actualmente de operaciones contra el crimen organizado y el yihadismo. También participa en operativos internacionales.

«Es un curso homologado –requerido por instituciones de la Unión Europea para el desplazamiento oficial a lugares peligrosos y cada vez más obligatorio para acompañar a militares en el terreno– y que también tiene como objetivo sensibilizar a las empresas de la necesidad de proporcionar formación de seguridad, algo que los medios anglosajones tienen muy interiorizado pero que no es habitual en España, donde muchos trabajan en condiciones precarias y son más vulnerables», explica Alfonso Bauluz, presidente de Reporteros Sin Fronteras, la organización que selecciona y coordina a los periodistas participantes. «Este curso pretende suplir ese vacío», señala.

Desde que supo que quería ser periodista, Silvia González tuvo claro que quería ser corresponsal de guerra. La vida le ha llevado por otros derroteros y ahora es responsable de la delegación de Antena 3 en Castilla León, pero nunca ha dejado de interesarse por los conflictos. Nada más acabar la carrera se fue a El Salvador a trabajar en un periódico local, y a su regreso siempre ha buscado hacer periodismo de calle. «Me ha tocado vivir situaciones complicadas, como los conflictos de los mineros, donde acabas en medio de un fuego cruzado, el procés de Cataluña o la dana de Valencia», explica, dejando claro que situaciones críticas también se pueden vivir cerca.

«Es útil no solo para quienes se desplazan a zonas de conflicto sino también para quienes, como a mí, nos toca afrontar aquí situaciones que pueden poner en riesgo nuestra integridad física», añade González. Es una opinión compartida por los participantes, que en su mayoría son mujeres. A González no le sorprende esto último, porque «el periodismo ya es una profesión muy feminizada». Es algo que se aprecia también en quienes cubren conflictos. Todos inciden en lo práctico que resulta aprender a orientarse con un mapa y una brújula o poner un torniquete en un accidente.

La 'vuelta Luismi'

Eso último lo corrobora sin duda alguna el cabo Luis Miguel López, uno de los instructores del curso. Imparte formación en medicina de urgencia y basta verle de abajo arriba para entender por qué: en 2022 perdió una pierna durante unos ejercicios en Santander. «La embarcación en la que navegábamos chocó contra un banco de arena, salimos disparados y la hélice me pasó por encima», recuerda.

El torniquete es un elemento que se debería popularizar más. Jesús Sanz/Guardia Civil

No ahorra detalles sobre lo sucedido: «No tenía dolor y notaba que algo me impedía salir a flote y tiré de ello. Luego entendí que era mi propia pierna, y que se había diseccionado. Se abre como una flor y la femoral se convierte en una tubería sin grifo, es muy desagradable». En las peores condiciones, sobrevivió gracias a la celeridad con la que sus compañeros le pusieron varios torniquetes. Y si en algo hace hincapié es en que hay que apretarlos hasta que la hemorragia se haya detenido por completo, independientemente de lo que pueda doler. Y vaya si duele. «Le puedes dar una vuelta más», señala López durante el entrenamiento con una sonrisa maliciosa mientras ve las muecas de dolor de los alumnos. La 'vuelta Luismi' la llaman los GAR. Ahora, el cabo gana medallas en campeonatos paratléticos.

El aspecto psicológico es también clave en esta formación. Aprender a mantener la calma, por ejemplo con técnicas de respiración, o saber que lo correcto puede ser contrario a lo que dicta la intuición resulta vital. Nunca se deben infravalorar los riesgos ni sobrevalorar las capacidades de uno, porque podemos creernos muy valientes, pero cuando nos ponen una capucha en la cabeza y nos engrilletan la perspectiva cambia muy rápido. En cuanto comienza la tortura, aunque sea simulada, la mente puede irse a lugares muy oscuros, razón por la que no es inusual que se produzcan ataques de ansiedad en los diferentes ejercicios del curso. «Estoy muy decepcionado conmigo mismo», reconoce uno de los participantes. «Creía que era más fuerte».

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Hay lugares del cuerpo donde no se puede aplicar un torniquete y es necesario taponar una herida. Zigor Aldama

Un secuestro, habitual en países de Latinoamérica y Oriente Medio, puede ser una de las experiencias más traumáticas de la vida de cualquiera. «Lo mejor es ser como una mosca en la pared, pasar desapercibido», cuenta el periodista Javier Espinosa, que da las pautas más importantes para sobrevivir a un secuestro.

Sabe de lo que habla porque ha pasado por ese trance en dos ocasiones. Su mujer, la también periodista Mónica García Prieto, añade la perspectiva no menos importante desde el otro lado en una clase que pone los pelos de punta. Y como no hay teoría sin práctica, uno de los objetivos del curso HEAT, en el que la mayoría de las participantes es mujer, es también llevar a sus alumnos al límite para que descubran dónde está y puedan responder a la pregunta que muchos se hacen: «¿Estoy yo preparado para esto?». Algunos descubrirán que no, a veces quienes menos se lo esperaban, pero mejor hacerlo en Logroño que en el frente de guerra del Donbás ucraniano.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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