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Así se protegen de los misiles los españoles afincados en el golfo Pérsico

Así se protegen de los misiles los españoles afincados en el golfo Pérsico
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«Pedían que nos refugiáramos en búnkeres o garajes y que no saliéramos bajo ningún concepto»

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Así se protegen de los misiles los españoles afincados en el golfo Pérsico

«Pedían que nos refugiáramos en búnkeres o garajes y que no saliéramos bajo ningún concepto»

Alin Blanco

Viernes, 6 de marzo 2026, 00:07

... Irán considera enemigas. La guerra se ha extendido por el golfo pérsico y ha hecho saltar por los aires la relativa calma con la que se desarrollaba la vida en la región históricamente marcada por el conflicto. Tras los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos del sábado, Teherán ha dirigido sus misiles hacia Catar, Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, entre otros territorios. «La situación nos ha pillado totalmente de sorpresa», comentan algunos de los españoles que llevan años afincados en la región.

Ester es aromaterapeuta y utiliza incienso y aceites de lavanda para calmar a sus pequeños de uno, cuatro y seis años. La familia pasa las noches en este 'cuarto seguro' y su marido, que por seguridad no puede detallar su profesión, también posee un refugio antibombas en su lugar de trabajo en Jerusalén. Solo pueden salir del reducto cuando el Gobierno informa de que ya ha pasado el peligro, al menos, hasta nuevo aviso.

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Cada vez que estallan los misiles en el cielo, Ester reza «para que no ocurra ninguna desgracia». «Intentamos mantener una actitud positiva. Nos apoyamos mucho entre vecinos y familias. Por desgracia, es una situación a la que ya estamos medio acostumbrados», se lamenta.

  1. Pablo Varona, Santander (Cantabria). Vive en Dubái (Emiratos Árabes Unidos).

    «Pedían que nos refugiáramos en búnkeres o garajes y que no saliéramos al exterior bajo ningún concepto»

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«Estábamos en la playa cuando oímos las primeras explosiones», asegura Pablo Varona desde Dubái. A sus 35 años, lleva más de tres trabajando en una gran empresa en la metrópoli emiratí. «Al principio nos quedamos confundidos, pero seguimos con nuestros planes. Fuimos a un restaurante, pero vimos que la gente comenzaba a levantarse de las terrazas y pedía la comida para llevar. Ahí decidimos marcharnos a casa». La inquietud del santanderino aumentó cuando empezaron a circular vídeos de impactos de misiles en zonas civiles cercanas. «A medianoche sonaron todos los móviles, incluso si lo tenías en silencio. Era una alerta de emergencia. Pedían que nos refugiáramos en búnkeres o garajes y que no saliéramos al exterior bajo ningún concepto». Poco después las detonaciones se intensificaron en el cielo. «En ese momento tomé conciencia de cuánto había escalado el conflicto». Los bombardeos retumban por todo el edificio en el que vive. «Recomiendan alejarse de las ventanas y dejarlas un poco abiertas para reducir la presión en caso de explosión», explica el santanderino.

Entre sus amigos el sentimiento está dividido. «Hay gente que está durmiendo en el garaje, que no consiguen descansar más de media hora y que quieren ser expatriados cuanto antes». Pero otros están haciendo vida relativamente normal», asegura el joven que, aunque ahora teletrabaja, ha salido a correr por la playa y a cenar con compañeros. «Los restaurantes siguen abiertos y la construcción continúa. Hay socorristas en la costa y gente bañándose. Se nota menos gente y tráfico, aunque también puede influir el Ramadán», explica.

Desde Santander, su familia siente una mayor preocupación. «No paran de escribirme. Yo trato de transmitirles calma y optimismo, porque es como me siento». «Aunque se oyen explosiones y no paran de pasar aviones, nosotros no somos el objetivo», señala. Si tuviera opción de volver a España, asegura que no lo haría. «De momento me siento seguro. Solo me lo plantearía si la situación empeora».

  1. Maite Bengoechea, Vitoria (País Vasco). Vive en Doha (Catar).

    «Nos envían información por redes y correo electrónico constantemente, y han ampliado los teléfonos de emergencia. Se agradece mucho»

Desde Doha, en Catar, Maite Bengoechea y su marido Joan escuchan detonaciones en el cielo, aunque ningún proyectil llega a impactar en tierra. «Se oyen los misiles que lanzan y explotan en el aire cuando los intercepta el sistema antiaéreo», explica la vitoriana. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel del sábado, permanecen recluidos en casa. La Universidad Hamad bin Khalifa, donde ambos dirigen programas de doctorados científicos, suspendió las clases presenciales. Todos permanecen bajo refugio y las calles están vacías. «Estamos en pleno Ramadán y normalmente, al caer el sol, la ciudad se llena de gente que sale a romper el ayuno», comenta la investigadora. Dice sentirse «como en la pandemia». A pesar de la «incertidumbre» y el «nerviosismo», destaca la atención de la embajada. «Nos envían información constante por redes y correo electrónico, y han ampliado los teléfonos de emergencia. Es de agradecer».

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La pareja no tiene intención de abandonar el país «a menos que la situación se vuelva realmente grave», es decir, si el escudo antimisiles dejara de funcionar y los proyectiles empezaran a caer en la ciudad. «Mientras tanto aguantamos con este miedo y esta ansiedad, y veremos cómo se desarrollan las cosas». Pero Maite ya ha pensado en las posibles vías de escape. El espacio aéreo está cerrado y, si la situación empeorara, tendrían que conducir siete horas hasta Abu Dabi o Riad, desde donde todavía salen algunos vuelos, aunque la alavesa tampoco considera esas opciones «demasiado seguras». Por ahora, y a pesar de la tensión, continúan con su trabajo en remoto y en los supermercados «no les falta de nada».

  1. Borja, Madrid (Madrid). Vive entre Madrid y Riad (Arabia Saudita).

    «Aunque ahora mismo Arabia esté parando los misiles, me preocupa que el conflicto empeore»

Borja trabaja desde hace dos años entre Madrid y Riad, la capital de Arabia Saudí. El joven, de 28 años, asegura que sus compañeros allí hacen vida «normal». «Ahora teletrabajan y las reuniones se hacen por videollamada, pero poco más ha cambiado». El lunes incluso fueron a jugar al pádel, como hacen cada semana, y el martes mantuvieron su tradición del «Burger Tuesday» y cenaron en una hamburguesería. Aun así, no quitan ojo a las alertas que reciben mediante 'SOS International', una aplicación parte de su seguro que les envía actualizaciones sobre la situación del país cada tres horas. «También estamos en contacto con la embajada y revisamos las redes por si hay cambios», explica.

Por ahora ninguno de sus compañeros se plantea abandonar el país, ni siquiera después de que Irán bombardease una base militar estadounidense situada a 60 kilómetros de la ciudad. «Aunque ahora mismo Arabia esté parando los misiles, me preocupa que el conflicto empeore». El lunes Borja no dudaba en coger un avión hacia allí «si había algo urgente», pero este jueves, tras los nuevos ataques, asegura que no viajará a la zona «hasta que la situación se calme».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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