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Asistimos a la legendaria carrera las 24 Horas de Daytona

Asistimos a la legendaria carrera las 24 Horas de Daytona
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Asistimos a las 24 Horas de Daytona, una de las cinco mayores competiciones automovilísticas del planeta. La han corrido pilotos míticos como "sir" Malcom Campbell, que en 1935 batió un record histórico con un Rolex Oyster en la muñeca. Por eso también se la conoce como Rolex 24. Leer
MotorAsistimos a la legendaria carrera las 24 Horas de Daytona
  • ENRIQUE NARANJO
  • FOTOGRAFÍAS DE DE ©ROLEX/STEPHAN COOPER Y ©ROLEX/JENSEN LARSON
18 FEB. 2026 - 22:08Aunque no se dieron cifras oficiales, la edición de 2026 registró un récord de espectadores.

Asistimos a las 24 Horas de Daytona, una de las cinco mayores competiciones automovilísticas del planeta. La han corrido pilotos míticos como "sir" Malcom Campbell, que en 1935 batió un record histórico con un Rolex Oyster en la muñeca. Por eso también se la conoce como Rolex 24.

Casi a la vez que llega a nuestros oídos el sonido de los 60 coches que compiten en las 24 Horas de Daytona, la vista ya divisa la inmensa tribuna del circuito. Una imponente mole curva de casi un kilómetro y medio de longitud y 60 metros de altura que abraza una porción del inmenso óvalo (tan grande que podría acoger a 150.000 personas, dos veces la capacidad del estadio Santiago Bernabéu) situado a apenas 10 minutos en coche de las playas de Daytona Beach (Florida). Mencionamos ese lugar, la playa más famosa del planeta (como la venden los americanos)... porque allí nació, en parte, el automovilismo moderno.

La zona de garajes está situada en el corazón del circuito, muy cerca de los espectadores.

Porque, aunque ahora parezca inconcebible, las playas de Daytona fueron uno de los primeros circuitos de velocidad del planeta. Entre los años 1900 y 1950 (en paralelo con el nacimiento y desarrollo de las 500 Millas de Indianápolis, otra de las decanas de las carreras de coches), la arena era el escenario de pruebas de lo que hoy sería la Nascar, la competición de motor más importante de Estados Unidos y de récords de velocidad que incluso en el siglo XXI resultarían impactantes.

Más de la mitad de la carrera transcurre de noche. Este año la niebla complicó las cosas.

En 1935, el británico "sir" Malcom Campbell consiguió alcanzar los 445 km/h a bordo del Bluebird, una flecha de 2.500 CV de potencia, seis ruedas que quedaban destruidas por la fricción con la arena, más de ocho metros de longitud y ocho toneladas de peso. Lo hizo con un Rolex Oyster en la muñeca... y no por casualidad ese hito forma parte de la leyenda de la relojera suiza... y explica su estrecha relación con las 24 Horas de Daytona.

El británico rodó a 445 km/h por las playas de Daytona Beach en 1935, con un Rolex en la muñeca.

Una cita mítica para los amantes del motor

Hablamos de una de las cinco mayores carreras del planeta, que comparte honores con el GP de Mónaco de F1, las 24 Horas de Le Mans, las 500 Millas de Indianápolis y las 500 Millas de Daytona de Nascar (que se disputa en esa misma pista). Una de esas elegidas en las que todos los pilotos del mundo quieren estar. Y la única en la que todos pueden hacerlo, ya que se celebra a finales de enero, cuando la temporada automovilística aún no ha comenzado.

La noche, siempre mágica, este año se vio condicionada por la aparición de la niebla

De ahí que estrellas de la Fórmula 1 como Fernando Alonso o Juan Pablo Montoya, de la IndyCar como Aj Foyt o Helio Castroneves, de la Nascar como Jeff Gordon o Kyle Larson, o de la Resistencia como Hurley Haiwood o nuestro Antonio García, figuren en su incomparable lista de vencedores. Curiosamente, el nueve veces campeón de Le Mans, Tom Kristensen, nunca corrió en Daytona...

Un Rolex para Daytona

Pero lo que hace diferente y especial a Daytona es su particular vinculación con la relojera suiza Rolex. Que no se quedó en aquel récord, sino que se afianzó aún más cuando las carreras de la playa se trasladaron al circuito, a partir de 1959 (sería en 1966 cuando la carrera adquiriría su formato actual de 24 Horas). Tan es así que dio nombre a un modelo, el Oyster Perpetual Cosmograph Daytona, inspirado en aquella hazaña de Campbell y creado para los pilotos de competición. Uno de ellos, mundialmente conocido (aunque más por su faceta de actor) lo popularizaría universalmente. Paul Newman lo lució en 1969 en la película 500 Millas, en la que su esposa, la también actriz Joanne Woodward, se lo regalaba con un grabado en el fondo de la caja que rezaba: "Conduce con cuidado".

Felipe Nasr, Julien Andlauer y Laurin Heinrich se llevan el Rolex de los ganadores absolutos.

Siguiendo esa tradición, los Rolex Daytona que se entregan a los ganadores de la carrera desde el año 1992, cuando la marca suiza se convirtió en patrocinador principal de la prueba, llevan grabada la leyenda "Winner" (ganador) y el año de la edición. Una pieza con la que el piloto recuerda su victoria siempre. "Os lo aseguro. Para el piloto todo en esta carrera gira en torno a ganar el Rolex", nos explicaba Scott Pruett, uno de los hombres más exitosos en la historia de la prueba (tiene el récord con cinco victorias absolutas y atesora 10 triunfos en las diferentes categorías)... y, por ello, atesora una valiosísima colección de relojes. Esta incluye una pieza especial por ejercer de Grand Marshall (el encargado de pronunciar las famosas palabras: "Pilotos, enciendan los motores") y otra que la marca le regaló cuando alcanzó las 10 victorias.

Algo que refrenda Mr. Le Mans, el nombre que el que se conoce a Tom Kristensen, nueve veces ganador de la mítica carrera francesa pero que, curiosamente, nunca corrió en Daytona. Aunque, como testimonial de Rolex, la conoce bien: "Si preguntas a cualquiera de los que forman parte de la parrilla te dirán exactamente eso: todo trata de ganar ese reloj". Otro de los históricos de Daytona, el veterano Hurley Haiwood (que ganó cinco veces antes de que Rolex entregara su valioso premio al ganador, pero posee uno conmemorativo de sus cinco títulos y otro como Grand Marshall) nos trasladó hasta el Daytona más clásico en una charla con Fuera de Serie: "En mi época, era el piloto el que tenía el control de coche, no un ingeniero en el garaje. Ahora todo es mucho más electrónico, tanto que le ha quitado peso al piloto, a la vez que le mete más presión, porque tiene que estar pendiente de muchas más cosas además de conducir. A mí eso me afectaba en la concentración. Ahora los pilotos vienen de los videojuegos y están acostumbrados... ", explicaba con nostalgia.

El expiloto de Fórmula 1 Jenson Button.

Fuera de Serie también pudo charlar con el campeón del mundo de F1 Jenson Button -que recientemente anunció su retirada de las carreras a los 46 años- sobre las peculiaridades de una especialidad, la Resistencia, que le atrajo como camino después de la Fórmula 1. "Además de compartir coche con otros dos pilotos, lo que convierte a esta modalidad en uno de los deportes de equipo más interesantes del mundo, la Resistencia tiene algo especial en su propia naturaleza. En F1 estás todo el tiempo buscando la última milésima, tienes que ser muy preciso todo el tiempo, pero aquí es imposible. Puedes alcanzar a un coche más lento y que no te deje pasar. Y pierdes tiempo. Y tienes esa presión constantemente sobre ti. Estás todo el tiempo en un continuo diálogo contigo mismo. En F1 puedes no adelantar en toda una carrera y aquí adelantas un coche cada dos segundos, hay mucha acción... por eso decidí correr aquí", confiesa. Eso sí, el británico no pudo conquistar Daytona ni Le Mans en sus cinco participaciones (una en Estados Unidos y cuatro en Francia)... pero siempre sintió que tenía opciones, otro de los encantos de esta prueba: "Es una carrera de resistencia donde vas al sprint todo el tiempo. Incluso aunque cometas un error y te hayan doblado puedes recuperar la vuelta. Siempre tienes la oportunidad de volver a la lucha. El coche puede no funcionar bien durante la noche pero con las condiciones de la mañana puede volver a la vida. Hay diferentes temperaturas de pista, niveles de agarre... es una lucha constante contigo mismo".

Desde 1992, los ganadores de la carrera se llevan un Rolex Daytona, que tiene grabado en la caja "Winner" y el año de la edición.

De noche a 300 kilómetros/hora

Una lucha contra el tiempo... y contra tantas otras cosas: "La hora más difícil es la madrugada, cuando apenas has dormido. Te subes al coche... y todo está oscuro. Pero rodar a 300 km/h de noche en la zona del peralte... es un momento mágico". Este año los pilotos no pudieron disfrutar mucho de ello porque la carrera se vio alterada por la niebla, que hizo imposible competir por la noche (los coches estuvieron más de seis horas y media rodando tras el coche de seguridad por la mala visibilidad).

También fue una lástima para los aficionados, que se perdieron buena parte de la magia de la noche, siempre muy especial en una carrera de resistencia. Nosotros también nos lo perdimos... pero vivimos nuestras primeras 24 Horas de Daytona de una forma privilegiada: desde dentro, dando una vuelta rápida antes del arranque de la prueba, cumpliendo las tradiciones de la carrera (en Daytona el público estampa su firma en la línea de meta antes del inicio), con una visión privilegiada desde el hospitality de Rolex, con las mejores vistas desde la tribuna principal, visitando el control de carrera e incluso subiendo al puesto principal de comisarios, sobre la misma línea de meta, desde donde se dio la bandera a cuadros. Faltó una victoria española pero... no siempre se puede tener todo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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