- SERGIO SAIZ Nueva York
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Trump asegura las negociaciones "están progresando de manera adecuada" y desde la Casa Blanca trasladan que la paz podría anunciarse en los próximos días, aunque Teherán muestra recelos.
"El acuerdo está casi hecho; es inmediato". Horas después, el presidente de EEUU, Donald Trump, volvía a jugar al despiste en sus redes sociales: "He pedido a los negociadores que no se apresuren a cerrar un trato en este momento en el que el tiempo está de nuestro lado". Aun así, aseguraba que las negociaciones "están progresando de manera adecuada y constructiva". De hecho, al cierre de esta edición ya habría un preacuerdo para reabrir Ormuz, aunque sin que ambas partes hayan ratificado el documento final.
Ayer, mientras se filtraba a la prensa de todo el mundo detalles del acuerdo entre Washington y Teherán, Trump insistía en que "el bloqueo permanecerá en pleno vigor hasta que se llegue, certifique y firme un acuerdo. Ambas partes deben tomarse su tiempo y hacerlo bien. ¡No se pueden cometer errores!"
Desde la Casa Blanca sostenían este fin de semana que el pacto está "largamente negociado", aunque todavía quedan por resolver detalles clave sobre el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones y el futuro de Hezbolá en Líbano.
El posible entendimiento llega después de casi tres meses de escalada militar que han sacudido los mercados energéticos, disparado los costes del transporte marítimo y reavivado el miedo a una interrupción prolongada del suministro global de petróleo.
El estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor de una quinta parte del comercio mundial de crudo y gas natural licuado, se ha convertido desde febrero en el principal foco de preocupación para las grandes potencias económicas, la industria petrolera y los bancos centrales de todos los países, que vigilan el repunte de la inflación para rehacer su hoja de ruta en política monetaria.
Negociaciones
Trump anunció el sábado que había mantenido conversaciones telefónicas con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Baréin, además de contactos directos con Israel, para avanzar en un "memorando de entendimiento para la paz". El presidente estadounidense afirmó que los "aspectos finales" del acuerdo se anunciarán "en breve", aunque sin entrar en detalles sobre el contenido o el calendario previsto.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció desde Nueva Delhi que se han producido "avances significativos", pero subrayó que todavía no existe un pacto definitivo. Insistió en que la prioridad de Estados Unidos sigue siendo impedir que Irán obtenga un arma nuclear y dejó claro que la Administración Trump todavía mantiene opciones militares sobre la mesa si fracasa la vía diplomática.
Las primeras filtraciones del borrador permiten vislumbrar el alcance del posible acuerdo. Según varios responsables regionales citados por Associated Press y Reuters, Irán aceptaría comprometerse formalmente a no desarrollar armamento nuclear y abriría un proceso de 60 días para resolver el futuro de sus reservas de uranio altamente enriquecido.
La cuestión nuclear sigue siendo el gran punto de fricción. Irán dispone actualmente de cerca de 441 kilos de uranio enriquecido al 60%, según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica, un nivel técnicamente muy cercano al grado militar del 90%. Parte de ese material podría ser diluido y otra parte transferida a un tercer país, posiblemente Rusia, aunque los términos exactos todavía se están negociando.
La Administración Trump quiere ir más allá. Según fuentes cercanas a las conversaciones, Washington exige el desmantelamiento completo del programa nuclear iraní y la salida del país de todo el uranio enriquecido. Esa línea roja coincide con las demandas del Gobierno israelí, que desconfía profundamente de cualquier acuerdo que deje capacidad nuclear residual en manos de Teherán.
Las discrepancias no son menores y desde Irán insisten en que el acuerdo no es tan inminente como asegura Washington. Medios iraníes y sectores del régimen sostienen que las negociaciones nucleares siguen abiertas y rechazan que Teherán haya aceptado entregar íntegramente sus reservas de uranio. Esa ambigüedad explica por qué el petróleo continúa incorporando una fuerte prima de riesgo geopolítico pese al optimismo diplomático de los últimos días.
El corazón económico de la negociación es el estrecho de Ormuz, donde ya habría un preacuerdo pactado por ambas partes que incluiría una reapertura gradual del paso marítimo a medida que Estados Unidos reduzca el bloqueo sobre puertos iraníes y permita nuevamente ciertas exportaciones energéticas de Teherán mediante exenciones a las sanciones.
La crisis de Ormuz ha golpeado de lleno a los mercados internacionales. Desde que Irán endureció las restricciones sobre el tráfico marítimo tras el inicio de la guerra, las tarifas de transporte se han disparado, numerosas navieras han desviado sus rutas y el precio del petróleo volvió a superar niveles que amenazaban con alimentar una nueva ola de tensiones inflacionistas a nivel global.
Presión política
Para la Casa Blanca, el impacto económico se ha convertido en un problema político interno que amenaza con eclipsar cualquier debate durante las elecciones de medio mandato que se celebran este año. Trump había prometido una presidencia sin guerras, centrada en abaratar la energía y controlar la inflación, pero de momento va justo por el camino contrario.
Así, a Trump le corre prisa cerrar un acuerdo, pero las negociaciones ya se han estancado en más de una ocasión en las últimas semanas. Marco Rubio ha reconocido que cualquier intento iraní de imponer peajes o militarizar permanentemente el estrecho haría "inviable" cualquier solución diplomática.
Hace unos días, el presidente norteamericano aseguró que las exigencias iraníes "eran inaceptables", en referencia al control de Ormuz y la pago por parte de EEUU de compensaciones para reconstruir las infraestructuras dañadas durante los ataques norteamericanos e israelíes en territorio iraní.
El nuevo acuerdo que se plantea ahora incluye compromisos de no interferencia regional y un posible final de la guerra entre Israel y Hezbolá en Líbano, otro de los principales focos de tensión desde el inicio del conflicto.
Pakistán media mientras China mira e Israel amenaza
El acuerdo avanza gracias a la intermediación de Pakistán, que se ha convertido en el mediador clave entre todas las potencias implicadas. Los bombardeos estadounidenses e israelíes acabaron con altos mandos iraníes y desencadenaron represalias de Teherán contra Israel y contra países del Golfo que albergan bases estadounidenses. La percepción de seguridad en Emiratos, Catar o Baréin quedó seriamente dañada, obligando a las monarquías árabes a intensificar la presión diplomática para evitar que la guerra siga alargándose.
En este contexto, el jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir, es quien ha mantenido contactos directos tanto con Teherán como con Washington. Es percibido por ambas partes como neutral, por lo que su papel está siendo clave para desbloquear las conversaciones.
Por su parte, China sigue atentamente la evolución del conflicto, pero se resiste a intervenir, incluso después de que su presidente, Xi Jinping, se comprometiera a mediar tras la visita oficial de Donald Trump hace unos días. Pekín depende enormemente del petróleo del Golfo y ha dejado claro que se opone a la "militarización" del estrecho de Ormuz, pero tampoco quiere enemistarse con Teherán. Israel, sin embargo, mantiene enormes reservas. El Gobierno de Benjamin Netanyahu teme que Hezbolá conserve suficiente capacidad militar para seguir amenazando el norte del país incluso aunque se alcance un alto el fuego formal. Netanyahu trasladó a Trump que Israel seguirá manteniendo "libertad de acción" frente a cualquier amenaza procedente de Líbano o Irán.
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