"Fake, so why you say it’s true? Looks like I’m fake just like you" Nikki Sixx.
Nadie le pide a Sánchez que haga milagros, pero sería bueno que dejara de mentirnos tanto.
El presidente del Gobierno afirmó esta semana que "ocho años apostando por las renovables nos sitúan hoy a la vanguardia energética en Europa. No es ideología, es autonomía estratégica, es proteger hogares e industrias. Y es el camino que seguiremos defendiendo".
Suena bien, pero es falso. España importa más del 75% de sus necesidades energéticas y depende del petróleo y gas natural licuado de Estados Unidos y del gas de Rusia para garantizar el suministro. La gran mayoría del parque renovable ya existía en 2018.
De hecho, el Gobierno de Sánchez ha destacado solo por poner trabas a las licencias de proyectos renovables, frenar las infraestructuras necesarias y dejar la red más frágil que nunca.
La guerra de Irán no solo ha disparado el precio de la gasolina y el diésel en España, sino que supone un enorme regalo fiscal para Hacienda.
Hacienda recauda en España en un mes por la subida de los carburantes más de lo que gana en un trimestre una petrolera española en todo el mundo
Mientras el Gobierno anuncia un "plan de respuesta integral" ante el alza de precios, la realidad es que la recaudación por carburantes se dispara, las ayudas son parciales y sectoriales y el coste final terminará, de nuevo, en el bolsillo del consumidor.
Solo en marzo, los ingresos adicionales por la subida de los precios de los carburantes suponen cerca de 300 millones de euros. Hacienda recauda en España en un mes por la subida de los carburantes más de lo que gana en un trimestre una petrolera española en todo el mundo, y sin invertir un euro.
Con el IVA al 21%, cada litro de gasóleo genera unos 39 céntimos para las arcas públicas, 8,4 céntimos más que antes de la guerra; en el caso de la gasolina, la recaudación ronda los 36 céntimos por litro, 4,2 céntimos adicionales.
Si consideramos la cifra de consumo de carburantes de marzo de 2025, cercana a los 3.700 millones de litros, la sucesión de aranceles, impuestos y cargas ha convertido la factura del combustible en un multiplicador automático de recaudación.
Hacienda recauda 50 millones más en dos semanas de guerra sólo por el IVA a los carburantesEl Impuesto Especial sobre Hidrocarburos ya aportaba en torno a 700 millones de euros al mes antes del conflicto, y la recaudación anual supera los 12.500 millones, con los ingresos por IVA de los combustibles superando los 10.000 millones.
Cada céntimo de subida de la base imponible se multiplica por el diseño del sistema: se aplica impuesto sobre impuesto y, sobre esa suma, se calcula el 21% de IVA. El resultado es un "tsunami recaudatorio".
No podemos olvidar que, en electricidad, los gobiernos mantienen los impuestos confiscatorios a la nuclear y a la hidráulica, y que toda la energía incluye el impuesto escondido del precio del CO2, por el que el Gobierno recauda más de 2.000 millones de euros anuales, que subirían a 4.000 a los precios actuales.
Frente a esta realidad, el Gobierno ha anunciado en un Consejo de Ministros extraordinario la aprobación de su plan "integral" de respuesta a la guerra de Irán por valor de 5.000 millones de euros.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante su comparecencia en Moncloa. Matias Chiofalo EP
El lenguaje del plan del Gobierno es ambicioso: medidas "estructurales y coyunturales", protección de los "más vulnerables" y apoyo a los sectores "más afectados".
Sin embargo, cuando se entra en el detalle, vemos que, de nuevo, se trata de una serie de ayudas limitadas, condicionadas y deliberadamente alejadas de una rebaja generalizada de impuestos sobre los combustibles. Es un plan diseñado para proteger la recaudación, no a los consumidores.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ya avanzó que no se planteaban repetir la bonificación general de los carburantes como al principio de la guerra de Ucrania.
La propuesta del Gobierno se centra en ayudas vagas y limitadas a sectores concretos, como el transporte, el campo y la pesca, y alguna medida fiscal acotada a la electricidad, pero sin tocar la estructura tributaria de impuestos encadenados que convierte cada subida del petróleo en un aluvión de ingresos fiscales.
Se trata de una serie de ayudas limitadas, condicionadas y deliberadamente alejadas de una rebaja generalizada de impuestos sobre los combustibles
La paradoja es clara. La misma Administración que presume de haber recaudado 2.859 millones de euros con los impuestos extraordinarios a bancos y energéticas en 2024 y de la "mayor rebaja de la historia" en impuestos a la energía, según Montero, se niega ahora a utilizar esos ingresos extraordinarios para devolver al contribuyente la recaudación adicional generada.
El relato oficial insiste en que son las grandes energéticas quienes deben "arrimar el hombro". Sin embargo, la realidad muestra que los impuestos extraordinarios a bancos y eléctricas, que suponen más de 1.100 millones recaudados solo de las compañías energéticas en 2024, se trasladan al consumidor vía precios, comisiones o tarifas, y que empeoran la posición de esas empresas en su capacidad de competir globalmente.
La narrativa socialista de que "lo pagan las petroleras" no se la cree nadie y no resiste el examen de la realidad. Las empresas se debilitan y el impacto es siempre negativo para el ciudadano en precios.
Mientras tanto, la recaudación extraordinaria por impuestos encadenados se consolida. El paquete de medidas que se presenta como un escudo social está diseñado para mantener la recaudación a toda costa y no devuelve, ni de lejos, la ingente cantidad de fondos por impuestos que el Estado está captando gracias a la subida de precios.
Montero no cede ante Yolanda Díaz y el decreto de Irán no incluirá ni prohibir desahucios ni la prórroga de alquileresEl Gobierno aprueba un plan que persigue un objetivo político muy claro: mantener la práctica totalidad del "tsunami fiscal" de la guerra y devolver solo una fracción en forma de subvenciones sectoriales muy limitadas y medidas simbólicas.
Las ayudas que se han anunciado son bastante "fake", puesto que no corrigen el sesgo recaudatorio, no alivian de manera real el esfuerzo fiscal sobre la factura de los consumidores y, no lo olvidemos, terminarán financiadas por los que pagamos las facturas eléctricas y de carburantes cada mes.
Si se quisiera proteger de verdad a los hogares y al tejido productivo, se devolvería parte de la recaudación extraordinaria acumulada durante años al contribuyente. Lo demás es vender parches mientras Hacienda lleva a cabo una de las grandes operaciones recaudatorias de la legislatura.
El Gobierno ha aprobado su "plan de respuesta integral" a la guerra de Irán, que se votará el 26 de marzo en el Congreso, incluyendo ayudas directas condicionadas a mantener la actividad.
El plan incluye:
Bonificaciones acotadas al gasóleo profesional y al transporte de mercancías y viajeros, ligadas al consumo declarado y con carácter temporal.
Apoyos adicionales al sector agrario y pesquero para compensar el encarecimiento del gasóleo agrícola y de los piensos, canalizados vía ayudas directas y créditos blandos.
Prórroga y ajuste de algunas rebajas fiscales sobre la electricidad, mediante tipos reducidos sobre peajes y cargos en la factura, así como extensiones de los denominados "escudos" para consumidores vulnerables.
Ni tú ni yo veremos prácticamente nada de esto en la factura. Que esto se quedará en casi nada lo sabemos todos.
El diseño vuelve a centrarse en subvenciones muy limitadas y de difícil acceso, y en ajustes muy selectivos en la tarifa eléctrica, evitando tocar la gallina de los huevos de oro fiscal que mejoraría de verdad el impacto de la crisis sobre familias y empresas: los impuestos encadenados a la energía.
Como expliqué la semana pasada en "Lucro constante. Montero y Sánchez están felices con el alza de petróleo y gas", el principal beneficiado de la subida de los precios de la energía no son las petroleras ni las eléctricas, sino el recaudador.
No existe "un" impuesto a la energía, sino una sucesión de impuestos encadenados —impuestos especiales, tasas, CO2, aranceles, gravámenes autonómicos y, finalmente, el IVA sobre toda esa base inflada— que convierten cualquier subida de la electricidad, el petróleo o el gas en una máquina de recaudar.
El Gobierno aprobará este viernes medidas de "respuesta integral" ante el alza de precios por la guerra en IránEl nuevo paquete del Gobierno está diseñado para mantener la recaudación a toda costa y no toca ninguno de los eslabones esenciales de la cadena fiscal. No se plantea reducir de forma temporal los tipos del Impuesto
Especial sobre Hidrocarburos, ni eliminar el efecto "impuesto sobre otro impuesto", ni revisar el diseño de los aranceles y del impuesto del CO2 que encarecen la electricidad y los combustibles.
+Es decir, se actúa sobre el síntoma, con ayudas cosméticas, pero se mantiene intacto el mecanismo de "lotería recaudatoria" para Hacienda.
El único escudo que ha propuesto el Gobierno es un escudo recaudatorio creado para preservar el expolio al consumidor. Las ayudas directas y créditos blandos se quedarán en muy poco, como siempre, y la "rebaja" fiscal no alivia ni devuelve, ni de lejos, el esfuerzo fiscal de los consumidores de estos meses. Y, encima, lo llaman "escudo social".