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A través de estos vehículos de crédito, grupos como Ares, Apollo, KKR, Blackstone, Blue Owl y Carlyle tienen deuda del Atleti, Neinor, Dentix, Metrodora, ITP y Nuzoa.
Los nervios en el mercado sobre la solvencia de las operaciones de "crédito privado" han puesto el foco sobre unas estructuras desarrolladas en los últimos años por las firmas de capital riesgo para dar préstamos a empresas de elevado apalancamiento.
Se trata de las compañías de desarrollo de negocio (BDC, por su acrónimo inglés), sociedades que en total han concedido deuda por 450.000 millones de dólares (391.000 millones de euros). Aunque tienen su actividad centrada en Estados Unidos, han extendido sus tentáculos y, según un análisis de EXPANSIÓN, cuentan con presencia como acreedores en varias firmas españolas, desde ITP Aero hasta el Atlético de Madrid, pasando por Perk, Metrodora, Nuzoa, Dentix, Neinor y Accelya.
Estímulo a las pymes
El marco legal de las BDC fue creado por el Gobierno estadounidense hace 40 años para estimular la financiación a las empresas medianas y pequeñas no cotizadas. Cuentan con ventajas fiscales, siempre que esas entidades mantengan la mayor parte de sus activos en ese país, repartan más del 90% del beneficio a sus accionistas y ayuden a la gestión de las empresas a las que prestan dinero.
Ante el auge del crédito privado de los últimos 15 años, como alternativa a unos bancos más cautos por la regulación desde la crisis financiera de 2008, las BDC son utilizadas por las grandes gestoras de private equity como complemento a sus fondos tradicionales de deuda, donde los inversores institucionales ponen dinero por un periodo cerrado de 10 años.
En el caso de las BDC, no hay fecha de caducidad, lo que teóricamente da más flexibilidad a sus gestores. Pero, para otorgar cierta liquidez a los inversores, algunas cotizan en Bolsa, y las que no están en el parqué suelen ofrecer ventanas en que los inversores pueden pedir de vuelta al menos una parte del capital.
Sobre el total de activos de las BDC, unos 222.000 millones de dólares están en vehículos no cotizados, y 127.000 millones en sociedades en Bolsa. Muchos grandes del sector mantienen ambos tipos de estructuras: Apollo, Blackstone, KKR, Blue Owl, Ares Management o Carlyle, por ejemplo.
A la vez, estos grupos cuentan con alrededor de 1 billón de dólares en sus fondos tradicionales de crédito, que operan en paralelo a otros fondos de capital, infraestructuras o inmobiliarios
Temor a impagos
En los últimos meses, muchos analistas están escrutando las BDC como potencial epicentro o señal de una crisis de crédito.
Ante el miedo a que empresas de sectores potencialmente afectados por la inteligencia artificial (IA) como el software no puedan hacer frente a sus deudas y ante el potencial efecto de la guerra de Irán, las BDC cotizadas están sufriendo un fuerte castigo en Bolsa, y las privadas están recibiendo elevadas peticiones de devolución del dinero por sus partícipes, muchos minoristas, con algunas de ellas limitando estas distribuciones.
El sector argumenta que sus posiciones están muy diversificadas (el Cliffwater Corporate Lending Fund, una de las mayores BDC no cotizadas, dice tener deuda de 7.000 firmas) y los casos de problemas de solvencia son limitados. Pero los críticos señalan que falta información sobre las condiciones de crédito y que las BDC no reflejan en sus cuentas el menor valor de sus préstamos.
Sistema circular
Las posiciones de las BDC en España, a partir de la información publicada por algunas de esas firmas cotizadas, reflejan que el sector es un sistema muy cerrado. Esos vehículos respaldan en muchos casos a otras compañías controladas también por fondos de capital riesgo, o incluso algunos dentro de la misma gestora.
Ares Capital Corp adquirió deuda del Atlético en paralelo a la compra de la mayoría del capital del club de fútbol por otros fondos de Ares Management, que justo ahora acaba de vender esa participación a Apollo.
Apollo, por su parte, utilizó su BDC para poner parte de la deuda comprometida con Neinor para ayudar en la compra de Aedas Homes.
Blue Owl ha prestado dinero a través de dos de sus BDC a ITP Aero, después de que esta empresa aeronáutica pasara a manos de Bain Capital. Blackstone Secured Lending Fund respalda a Metrodora (grupo de educación controlada por el fondo Charterhouse) y también a Perk, una plataforma catalana de gestión de viajes.
En el sector del software para el turismo está Accelya, firma con cabecera en Madrid al que ha prestado dinero la BDC Golub Capital.
Carlyle Secured Lending tiene deuda de Nuzoa Bidco, empresa española de productos para mascotas controlada por PAI Partners.
En ocasiones, las obligaciones no son satisfechas. KKR utilizó una BDC para tomar deuda de Dentix, cadena dental que ha acabado en manos del fondo tras su concurso de acreedores.
Dominio estadounidense del crédito
Se estima que más de 500 empresas españolas recibieron 90.000 millones de euros en operaciones de crédito directo entre 2019 y 2023. Según datos recopilados en un estudio de varios economistas del Banco de España, las entidades comerciales solo suponen un 44% de ese mercado, con el resto repartido entre bancos de inversión, aseguradoras y fondos (éstos últimos acaparan la cuarta parte del crédito).
Por países, las firmas de Estados Unidos concedieron en ese periodo el 30% de los créditos directos en España, frente al 17% de entidades españolas y el 16% de las francesas. El periodo medio de esos préstamos es de 6,6 años, con un tipo de interés del 5,31%.
El mismo informe apunta que entre los principales riesgos del sector figura su interconexión con la banca tradicional, que presta dinero a los fondos, a las BDC o a las propias empresas controladas por el capital riesgo.
También señala que el crecimiento de las BDC -que permiten la salida de los partícipes- es otro factor que hay que vigilar. "La tendencia [creciente] del mercado y el giro hacia una mayor participación del inversor minorista y vehículos más líquidos pide una continua monitorización -y por tanto más transparencia- para anticipar potenciales vulnerabilidades".
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