García Ortiz, que supo que iba a ser imputado en los corrillos institucionales del 12 de Octubre, dice haberse sentido «maltratado» en el juicio que acabó con su inhabilitación
Regala esta noticia Álvaro García Ortiz, con su toga, durante el juicio en el Supremo. (Efe)R C.
Madrid
03/05/2026 a las 23:29h.
Casi seis meses después de haberse convertido en protagonista de un acontecimiento inédito en la democracia española -la condena por el Supremo de un ... fiscal general del Estado por haber cometido un ilícito en el ejercicio de su función-, Álvaro García Ortiz se sometió a una primera entrevista de dos horas en Lo de Évole en la que repasó los principales hitos de su encausamiento sin aportar grandes novedades sobre lo ya desvelado en el juicio. Y en la que volvió a presentarse como víctima, por la falta a sus ojos de pruebas fehacientes, de un proceso «inimaginable» que le sentó primero en el banquillo y lo sentenció después a dos años de inhabilitación para el cargo por haber revelado datos reservados de un justiciable bajo investigación, a su vez, por presunto fraude tributario: Alberto González Amador, novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
En el programa, grabado antes de que se conocieran los nombramientos por los que la nueva fiscal general, Teresa Peramato, ha aupado al equipo de su predecesor y purgado a la togada -Almudena Lastra- que declaró contra él en la vista oral, García Ortiz insistió en su inocencia. Esto es, en que él no fue el filtrador de «ninguna manera» a la cadena Ser del correo del abogado de González Amador en el que planteaba al fiscal del caso, Julián Salto -también relegado ahora por Peramato-, un pacto de asunción del delito a cambio de eludir la cárcel. El ex máximo responsable del Ministerio Público, que volvió a apoyarse en los testimonios de varios periodistas en el juicio, no se mostró sin embargo tan taxativo -«no creo», dijo- al negar que esa revelación proviniera de alguien de su entorno.
García Ortiz se enteró de que iba a ser imputado cuatro días antes porque alguien con cargo institucional cuya identidad no destapó así se lo anticipó en los corrillos oficiales por los actos del 12 de octubre. Y preguntado, casi en el único momento comprometedor de la charla, sobre uno de los puntos que acabó por jugar en su contra -el barrido de los mensajes de sus dispositivos electrónicos el día 16, justo cuando se hizo pública su imputación-, el exfiscal general dijo «entender» las sospechas que pueda generar su actitud. Pero lo despachó preguntándose retóricamente para qué iba a «conservar mensajes de hace ocho meses» -obviando que la investigación abierta a González Amador y la suya propia no habían estallado entonces- y reivindicando que el derecho a manejar «la intimidad» forma parte de «la democracia» y de «la libertad»; lo contrario, enfatizó, es propio de un «Estado totalitario». «Borro y bien borrado está», se afanó en zanjar.
Pese a los intentos del entrevistador de que se manifestara crítico con la Sala de lo Penal que lo condenó, García Ortiz evitó deslizarse por ese terreno más allá de considerar injusta su condena. Pero sí relató que conocer el fallo y compartirlo con su mujer le supuso «un shock, algo inimaginable». Afirmó haberse sentido «maltratado» en la vista oral por que se les permitieran determinadas expresiones contra él a González Amador -al que ha tenido que indemnizar- y a Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de Ayuso; el autor de «la calumnia» de que era la Fiscalía la que buscaba un acuerdo con el novio de la presidenta madrileña en la que exfiscal justifica su empeño en rebatirla y que terminó siendo el detonante de la sentencia. Y exhibió su «dolor» por haber tenido que escuchar al presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, bromear con su caso al término de un acto y cuyas palabras acabaron por trascender.
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