¿Será absorbida por el sol rojo en expansión y desaparecerá para siempre? ¿O, aunque hace tiempo que se ha vuelto inhabitable, seguirá orbitando la enana blanca remanente del Sol hasta que el universo alcance su muerte térmica final? Hasta ahora, la opinión predominante entre los astrofísicos favorecía el primer escenario. Pero un nuevo estudio publicado en Astronomy & Astrophysics refuta esa expectativa, presentando nuevas pruebas de que la Tierra podría sobrevivir a la transformación del Sol en una gigante roja.
El ciclo de vida del Sol
Para comprender el futuro de los planetas del sistema solar, es necesario observar el interior del propio Sol. Actualmente, el Sol se encuentra en su fase de secuencia principal, un largo período de estabilidad que ha durado aproximadamente 4,500 millones de años, durante el cual se alimenta principalmente de la fusión de hidrógeno en helio.
Esta fase continuará durante miles de millones de años, pero el sol se irá volviendo gradualmente más caliente y luminoso. Finalmente, alcanzará un brillo suficiente como para evaporar toda el agua superficial de la Tierra, lo que hará que nuestro planeta sea inhabitable en los próximos dos mil millones de años.
Dentro de unos 5,000 millones de años, el largo periodo de estabilidad del Sol llegará a su fin. Para entonces, el hidrógeno de su núcleo se habrá agotado. El núcleo de helio se contraerá bajo su propia gravedad, calentándose y desencadenando la fusión del hidrógeno en la capa circundante. Como resultado, las capas exteriores del Sol se expandirán enormemente mientras su superficie se enfría drásticamente, adquiriendo el característico color rojo de esta etapa en la evolución estelar. Y aquí es donde comienza el misterio que rodea el destino de la Tierra.
Un complejo tira y afloja
La enorme expansión del Sol modificará profundamente la órbita de la Tierra mediante la interacción de dos efectos opuestos. Por un lado, el Sol perderá una cantidad significativa de masa debido a los potentes vientos estelares. A medida que su atracción gravitatoria se debilite, la órbita de la Tierra se alejará gradualmente. Por otro lado, la creciente proximidad del planeta a la extensa envoltura gaseosa del Sol generará resistencia, mientras que las fuerzas de marea, la diferencia en la atracción gravitatoria ejercida entre el lado cercano y el lado lejano de un objeto, que puede alterar gradualmente las órbitas planetarias, actuarán como freno al movimiento de la Tierra.
Hasta ahora, los científicos consideraban sumamente probable que estos efectos de marea predominaran. En ese escenario, la Tierra perdería gradualmente energía orbital, giraría en espiral hacia el interior y, finalmente, sería engullida por el sol en expansión, donde se vaporizaría por completo.
Júpiter y Saturno verán cómo se modifican las órbitas de sus lunas, mientras que el aumento de la radiación solar podría derretir temporalmente las cortezas heladas de lunas como Europa y Encélado, creando océanos de agua líquida en sus superficies. Esto significa que estos mundos, al menos durante un tiempo, podrían convertirse en sucesores del Planeta Azul después de que la Tierra se haya transformado en un páramo desolado y abrasado.Artículo originalmente publicado enWIRED Italia.Adaptado por Alondra Flores.