- HEBA SALEH
El presidente de la federación de fútbol nacional es el favorito para convertirse en primer ministro antes del crucial torneo.
En las afueras de Casablanca, miles de trabajadores construyen el Gran Estadio Hassan II, el cual, con capacidad para 115.000 espectadores, se convertirá en el estadio de fútbol más grande del mundo.
Las grúas se alzan imponentes sobre la vasta obra, con las altas gradas ya visibles y decenas de excavadoras preparando el terreno para nuevas carreteras y una línea de tren de alta velocidad.
El proyecto es la pieza central de un programa de 20.000 millones de dólares (17.500 millones de euros) para transformar las instalaciones deportivas, el transporte y la infraestructura turística de cara al Mundial de 2030, que Marruecos organizará junto con España y Portugal.
Tan crucial es el torneo para el prestigio de Marruecos que el fútbol también ocupa un lugar central en las elecciones parlamentarias de este miércoles.
Dado que el próximo Gobierno tendrá la tarea de supervisar los preparativos para este evento de gran relevancia, el hombre que los analistas consideran favorito para convertirse en primer ministro, Fouzi Lekjaa, no es otro que el veterano presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol.
La opinión pública reconoce a Lekjaa, quien también es ministro de Presupuesto, el mérito de haber contribuido a la transformación de la selección nacional, que alcanzó las semifinales del Mundial de 2022 y los cuartos de final este año.
Las especulaciones sobre su posible ascenso a primer ministro surgieron en julio cuando se unió al Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), socio en la coalición gobernante saliente y considerado cercano al palacio, el máximo poder en el sistema político monárquico de Marruecos.
Para que Lekjaa se convierta en primer ministro, el PAM tendría que obtener la mayoría de los escaños en la Asamblea y el rey Mohammed VI, que controla los nombramientos y decisiones clave, lo designaría para formar Gobierno.
El régimen marroquí "espera inyectar credibilidad al sistema político con Lekjaa, al que se asocia a la selección nacional, y por lo tanto, por el que la población no puede sentir antipatía", afirma Riccardo Fabiani, director para el norte de África de International Crisis Group. "Además, está trabajando en la organización del Mundial y realmente desean que sea un éxito".
Marruecos espera que el Mundial culmine una serie de logros económicos, entre los que destacan el desarrollo de un sólido sector turístico y una industria automotriz que se ha convertido en el mayor proveedor de automóviles de Europa. Funcionarios del Gobierno han afirmado que el torneo podría impulsar el crecimiento anual en un 1,7% y crear 100.000 empleos cada año.
Pero, a pesar de la pasión que sienten los marroquíes por el fútbol, esto podría no ser suficiente para disipar el recelo popular sobre la inversión de miles de millones en el torneo. Muchos ven los preparativos como un símbolo de una economía de "dos velocidades" que ha generado grandes desigualdades entre regiones y clases sociales, con beneficios que se distribuyen de forma desigual entre los 38 millones de habitantes.
Según el FMI, el desempleo juvenil alcanzó el 37% en 2025, y el Banco Mundial afirma que el país no ha logrado crear empleos a la escala que demanda su creciente población en edad laboral.
Sólo un tercio de los marroquíes entre 18 y 35 años dice confiar en el Parlamento, el primer ministro o los partidos políticos, según una encuesta publicada en marzo por la red de investigación panafricana Afrobarometer.
Mehdi, un contable de 28 años de una compañía eléctrica de Rabat, la capital, afirma que se abstendrá. "Ya voté antes y no cambió nada", explica. "Lekjaa es un hombre muy competente, pero esto será en beneficio del Mundial".
Lekjaa, un tecnócrata de 56 años, ascendió en el Ministerio de Finanzas y dirigió el club de su ciudad natal, el Renaissance Berkane, antes de asumir la dirección de la federación nacional en 2014.
Ha defendido que la Copa Mundial impulsará el crecimiento económico y las oportunidades de empleo para los jóvenes marroquíes.
"Cientos de miles de jóvenes marroquíes... tendrán la oportunidad de formarse, mejorar su rendimiento, desarrollar y perfeccionar sus conocimientos y hacer crecer sus negocios", declaró a la revista Jeune Afrique este mes.
Pero las elecciones se producen tras las manifestaciones juveniles que recorrieron las ciudades marroquíes el año pasado, en las que los manifestantes coreaban "la sanidad primero, no queremos el Mundial". Las manifestaciones, organizadas a través de las redes sociales, tuvieron como detonante la muerte de ocho mujeres embarazadas en un hospital público de Agadir como consecuencia de una presunta negligencia médica.
El descontento económico se hizo patente más recientemente cuando, a finales de julio, unas 70.000 personas —en su mayoría marroquíes— nadaron hasta el enclave español de Ceuta. Más de 140 personas murieron en la travesía, y la mayoría fueron devueltas por España.
Atif Abdelali, candidato por el pequeño Partido Socialista Unificado (PSU) de izquierda en Casablanca, la capital económica de Marruecos, afirma que los jóvenes con los que se reunió durante la campaña estaban "enfadados con todo". Cita como principal queja el hecho de que los ingresos no sigan el ritmo de la subida de los precios.
"La gente ha perdido interés en la política porque no ve ningún impacto en sus vidas", explica Omar El Hyani, concejal de Rabat y representante de la Federación de la Izquierda Democrática, otro pequeño partido con un solo diputado en el Parlamento saliente.
Se prevé que la economía crezca un 4,4% en 2026, según dijo el FMI en marzo. El organismo ha elogiado al Gobierno por su disciplina fiscal, pero ha señalado que la "creación sostenible de empleo" es una prioridad urgente.
Gran parte de la inversión en Marruecos se ha concentrado en la zona costera del noroeste, que abarca Rabat, Casablanca y Tánger, mientras que las zonas del interior y de montaña han sido descuidadas y servicios públicos como la sanidad y la educación siguen siendo deficientes, según los economistas.
Algunos consideran que las inversiones para el Mundial podrían ampliar esa brecha. Además del Estadio Hassan II, Marruecos está reconstruyendo y modernizando otros cinco estadios, a lo que se suma la ampliación de aeropuertos, carreteras, conexiones ferroviarias, hoteles y hospitales.
Najib Akesbi, economista de Rabat, reconoce que esto podría beneficiar al sector turístico, pero señala que aún existe un "coste de oportunidad".
"Si tienes un millón de dirhams y los inviertes en un estadio, no los invertirás en un hospital", afirma. "En la costa se encuentra el Marruecos del siglo XXIII, mientras que a 20 o 30 kilómetros al este se encuentra el Marruecos del siglo XIX".
Los críticos citan como ejemplo la línea ferroviaria de alta velocidad inaugurada en 2018 que conecta Casablanca y Tánger con trenes suministrados por Alstom, fabricante del TGV francés.
De cara al Mundial, Marruecos está construyendo una extensión de 430 km que conectará Kenitra, cerca de Rabat, con Marrakech, así como el nuevo estadio con el aeropuerto de Casablanca. El proyecto tiene un coste de 5.700 millones de dólares.
Lekjaa ha dejado claro que es consciente de las críticas. En un acto de campaña este mes, afirmó que quería que todo Marruecos "avanzara a la velocidad del TGV".
Lekjaa es un "hombre de acción" que reducirá drásticamente la burocracia para el sector privado, afirma Moncef Belkhayat, empresario y exministro. "El modelo que funcionó en el fútbol puede funcionar en la economía. Tenía una visión clara que se transformó en estrategias reales y una buena ejecución".
Ante la ausencia de encuestas, muchos afirman que el resultado de las elecciones del miércoles es incierto. El sistema electoral está diseñado para que ningún partido pueda obtener la mayoría y los gobiernos siempre sean coaliciones.
Entre los competidores de Lekjaa se encuentra otro partido cercano al palacio, la Agrupación Nacional de Independientes, que lideró el Gobierno saliente encabezado por Aziz Akhannouch, el empresario más importante del reino. Está previsto que los resultados se conozcan el jueves.
Pero el resultado no le interesa a Rachid, un joven de 30 años que trabaja en una compañía de seguros de Casablanca y complementa sus ingresos con la venta de productos en Internet. La emigración, afirma, "ocupa gran parte de mis pensamientos".
"Puede que Lekjaa sea el más eficaz a la hora de captar votos gracias al fútbol, pero yo no votaré", asegura. "El Mundial podría ser bueno para el Estado por el turismo y las divisas, pero para la gente ya ha costado mucho dinero que debería destinarse a cosas como hospitales".
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