El fuerte repunte de la inflación y el decalaje con el que se producen los aumentos retributivos pactados en los convenios colectivos mermar el poder adquisitivo de los trabajadores.
El fuerte repunte de la inflación de los últimos años, con episodios especialmente señalados como los experimentados tras la pandemia, con una subida del IPC del 8,4% en 2023, y tasas que se han situado cercanas al 3% en los años posteriores, sumado a un plomizo avance de los salarios en los mismos años, han provocado una caída de los salarios reales en España cercana al 2% entre el primer trimestre de 2021 y de 2026. Esto sitúa a la economía española como una de las principales de la OCDE donde más se han resentido las rentas de los trabajadores tras descontar el avance de los precios.
Es una de las principales conclusiones que arroja el informe de Perspectivas de Empleo 2026 publicado ayer por la OCDE, en el que se da cuenta de cómo esta pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores ha sido transversal a todos los principales países de la organización. De entre las economías más potentes, España se podría situar en el top 3 solo superada por el ajuste experimentado por Italia (-6,1%) y Australia (-5,1%). Si bien otras regiones del globo de menor peso asumen también severos recortes de salarios reales, como Suecia (-4,8%) o la República Checa (-5,8%) y Nueva Zelanda (-6,4%). En línea con el balance de España se encontrarían países como Francia y Alemania, también en el entorno del 2% de caída, y algo menor sería la experimentada por Estados Unidos (-1,4%) y Reino Unido (-1%).
Factores estructurales
En todo caso, la situación en España no solo está ligada al aumento de los precios de la cesta de la compra. En primer lugar, los autores del informe subrayan que esta circunstancia se produce a pesar de los importantes aumentos del salario mínimo decididos por el Gobierno, que han protegido a los trabajadores con menores ingresos, pero que no han sido acompañados en la misma medida por la generalidad de las escalas retributivas.
Además, resulta clave que, en España, los convenios colectivos se negocian cada varios años y de forma escalonada. Esto provoca que cuando la inflación se ha disparado de forma repentina como en 2021 y 2022, la inmensa mayoría de los convenios operaban con subidas salariales pactadas previamente sustancialmente inferiores.
Es decir, los expertos de la OCDE recalcan que existe un desfase temporal significativo entre el momento en que se dispara el coste de la vida y el momento en que se firman las revisiones salariales en las mesas de negociación de cada empresa.
En este punto también afecta la ausencia de mecanismos de indexación automática que ha provocado que los salarios nominales no reaccionaran de manera inmediata al choque de precios de 2022, trasladando todo el impacto del encarecimiento de la energía y los alimentos al bolsillo de los trabajadores.
Por último aparece como clave otro de los factores que hace que las empresas retengan las subidas salariales: el estancamiento de la productividad. Como en buena parte de los países de la eurozona, España ha experimentado una desaceleración en las ganancias de productividad. Esto, señalan los expertos de la OCDE, limita estructuralmente la capacidad de las empresas para ofrecer incrementos salariales reales (por encima de la inflación) sin comprometer gravemente sus márgenes de beneficio o su viabilidad económica. Precisamente, este es uno de los aspectos que han criticado desde las organizaciones empresariales tras las sucesivas subidas del salario mínimo, reclamando al Gobierno que tenga en cuenta otros elementos más allá del IPC, como la productividad o el PIB.
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