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Caso Jonathan Andic, ¿falso culpable?

Caso Jonathan Andic, ¿falso culpable?
Artículo Completo 597 palabras
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Toñi Moreno

23/05/2026 a las 00:50h.

La noticia de la detención de Jonathan Andic, primogénito del dueño de Mango -Isaac Andic- investigado por la muerte de su padre, nos ha sobrecogido ... a todos esta semana. No sé a ustedes, pero a mí me ha impresionado verlo haciendo «el paseíllo» hasta los juzgados de Martorell con las esposas puestas. Me recordó al momento en el que un agente de la Agencia Tributaria introducía a Rodrigo Rato en el coche policial, después de ser arrestado tras un registro en su domicilio, o cuando Nicolás Sarkozy entraba de la mano de su flamante esposa Carla Bruni a prisión. Te choca verlos esposados y cabizbajos, y no los encajas en esa imagen que les despoja de cualquier halo de poder. Es como si fuesen desnudos.

La investigación piensa que fue premeditado, que visitó el lugar de los hechos hasta en tres ocasiones los días previos para conocer el terreno, que no se entiende que la primera llamada se la hiciera a la pareja de su padre y no al 112, que se ha contradicho en cuestiones importantes, que la relación con su padre era nefasta… El móvil no podía ser otro que el dinero. Maldito dinero.

Que estaba siendo investigado era un hecho, y el heredero de Mango está armando su defensa con el mejor equipo jurídico -como no podía ser de otra manera-. Sus hermanos han mostrado su apoyo. La pareja de su padre guarda silencio. Tiene tiempo y dinero para demostrar que es inocente, aunque tendría que ser al revés; son los otros los que tienen que demostrar que es culpable.

El caso de Jonathan Andic nos ha traído a la memoria otros casos de ricos herederos que no pudieron esperar. Los más famosos, son los hermanos Menéndez. En 1989, Erik y Lyle mataron a sus padres José y Kitty en Beverly Hills, según la acusación, porque buscaban la herencia. Fueron tan 'cantosos' que no esperaron ni un luto prudencial para derrochar en coches de lujos y fiestas el dinero teñido de sangre. Dieron el cante.

De demostrarse la culpabilidad de Jonathan, su caso se acercaría más al de Dana Ewell, donde la motivación fue por algo más profundo que el dinero. Dana, que parecía la hija pija perfecta, tenía una relación enfermiza y tóxica con su padre. Los testigos del juicio la describieron como una manipuladora emocional, obsesionada con el dinero, resentida con la figura de la autoridad de su progenitor. Mentía sobre los negocios, los logros personales, los estudios… se construyó una ficción sobre sí misma. Vivía para aparentar éxito y no para construirlo. Dicen los criminólogos que analizaron el caso que hay un fenómeno común en los hijos de grandes fortunas: crecer rodeado de riqueza puede generar sensación de propiedad sobre un dinero que todavía no posee.

Dicen que Isaac deseaba que su fortuna se destinara a los más desfavorecidos a través de una fundación «como legado al mundo», y que ya había hablado de esto con su familia. Su idea es que sus hijos fuesen patronos a cambio de una asignación. También podría ser éste el motivo de fricción entre padre e hijo. Ojalá sus deseos se cumplan de verdad.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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