Los funerales personalizados ganan terreno frente a los tradicionales. Y los más demandados son los que depositan las cenizas en el océano
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 25/09/2026 Actualizado a las 00:09h.Todos hemos tenido un día raro en que nos hemos preguntado dónde nos gustaría que descansaran nuestros restos. Las cenizas llevan tiempo ganando terreno a ... los osarios. En 2024, las incineraciones superaron por primera vez a los enterramientos. El tema está en qué hacemos después, ¿adónde las llevamos? Porque dejarlas en el recibidor de casa o en un rincón del desván no parece una opción muy digna. Hay quien opta por depositarlas en un paraje lejano que tenía un significado especial para su familiar o hace que se mezclen con las raíces de un árbol que forma parte de los caminos que recorría.
María Hermida es la portavoz de Pazy, una firma que organiza estos ritos de despedida. «Comenzaron a pedirse hace unos tres años y la demanda crece sin parar. Las empresas que las ofrecemos hemos ido ampliando el número de puertos y hay ya más de un centenar disponibles», detalla. Forma parte de otra tendencia, la de los funerales personalizados, que ganan terreno con respecto a los tradicionales en los últimos años.
- ¿Cómo son estas despedidas en alta mar?
- Se utilizan pequeñas embarcaciones en las que suelen ir unas diez o quince personas. Normalmente, solo acuden los más cercanos. Unas 48 horas antes, el capitán les confirma que el tiempo es propicio y les cita en el puerto. El trayecto hasta el lugar de la despedida es inferior a 30 minutos. Se navega escuchando música, así que los allegados tienen tiempo de conversar. Las cenizas se depositan en un lugar alejado de la costa y donde está autorizado. Siempre queda lejos de las zonas de bañistas.
Previamente, se piden los permisos necesarios, que fueron fijados en un real decreto hace menos de un año. También hay que firmar una declaración responsable antes. «La ceremonia dura unos veinte minutos y suelen tomar parte en ella uno o varios familiares. Hay quien lleva a un cura para hacer alguna oración. Aunque puede ser de cualquier religión, claro», continúa Hermida. «En muchas también se brinda en el mismo lugar por el fallecido. E incluso se disfruta del atardecer». Se buscan espacios de conexión. «Luego se regresa al puerto, con música, en un momento más distendido». Justo al llegar a la costa se entrega a los familiares un documento con las coordenadas exactas donde se ha depositado la urna por si un día quieren volver y cuentan con una embarcación para ello.
Hasta mil euros
Los recipientes que se utilizan en estas ceremonias son biodegradables. Están hechos de una mezcla de barro y sal, por lo que desaparecen pronto. Se deshacen. Y nunca los encontraremos flotando: se depositan en el mar con un lastre que los hace descender poco a poco. Al mismo tiempo, se lanzan pétalos de flores en toda la zona. No ramos, porque contaminan. Tampoco, advierte Hermida, se pueden lanzar recuerdos como relojes, anillos o fotos, por el mismo motivo. «Está muy perseguido».
Las ceremonias de este tipo cuestan «entre 500 y 1.000 euros». El precio depende del lugar, del número de asistentes, de la embarcación y de los extras que se contraten. Hay participantes que se animan a contratar este servicio para ellos mismos en un futuro, confiando en que sea muy lejano. «El coste depende de la edad del contratante, la zona y el tipo servicio. Para una persona de 70 años costaría entre 4.000 y 5.000 euros. Se puede pagar de una vez o en varias, pero es el precio final. No es como esos seguros de decesos que seguías abonando toda la vida y que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) denunció porque se pagaban cuatro funerales con el montante total que salía. Aquí dejas todo ya cerrado y facilitas que los familiares hagan el duelo de forma más tranquila», valora Hermida. Cuando se produce el fallecimiento, los familiares llaman y reciben la información de los pasos a dar.
Barcelona, el puerto favorito
Barcelona es uno de los puertos que más ceremonias de este tipo acoge. «Tiene mucha población y también porque hay familias que eligen hacerlo en zonas de veraneo cercanas para regresar», explica la portavoz de Pazy. En muchos casos se hace «meses después del funeral y de la incineración». Una especie de segunda despedida.. «El 65% de nuestros clientes pide ya personalizaciones fuera de lo tradicional», admite Hermida, que organiza también inhumaciones y velatorios al uso.
«Dejar las cenizas en el mar es la tendencia que más crece, con diferencia. También está la moda de dejarlas bajo un árbol con una inscripción familiar. Son lugares privilegiados. En diez años será lo más frecuente para despedir a nuestros seres queridos», vaticina la profesional. Lo hace en función del número de clientes que ya lo está contratando para el futuro: «Cada vez menos gente opta por un nicho, no solo porque suele ser un lugar más triste y tétrico, sino porque una tumba es una concesión municipal por la que hay que seguir pagando toda la vida».
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