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Clásicos como Cervantes están siempre de moda: claro que el 'Quijote' es el Libro con mayúscula de la tradición occidental y gustan un puñado de otros textos, pero igualmente interesa por su vida.
Y es que tiene ingredientes de primera: soldado en Italia ... y cautivo en Argel, aunque se sabe relativamente poco y quedan lagunas, amén de las fantasías que han crecido con el tiempo.
Así, y con algún espaldarazo circunstancial, se sigue tratando de contar la vida de Cervantes. Sea una parte o toda, como hacen respectivamente José Manuel Lucía Megías en 'Cervantes íntimo: amor y sexo en los Siglos de Oro' y Alfredo Alvar Ezquerra en 'Cervantes: la verdad del hombre a través de sus documentos'. No son biografías al uso: el primero trata de acercarse al corazón cervantino (también en el sentido más erótico) a rebufo de la película de Amenábar (que prologa el texto), mientras el segundo propone un recorrido vital por los documentos conservados de Cervantes.
Y, aunque son cada uno de su padre, comparten —entre otras cosas— una fuerte presencia del yo de cada autor, que en el caso de la revisión personal se redondea con una declarada voluntad militante que quizá le hace juez y parte. Luego los caminos se bifurcan, pues uno intenta ir más allá de los datos y mira hacia dentro, mientras el otro se mantiene en los hechos y explora todo casi desde fuera, más lo que va de la aproximación filológica a la histórica.
Con toda la fuerza de la pasión y mucha originalidad, Lucía Megías pretende —así lo declara— desmontar los mitos cervantinos para acercarse al Cervantes-hombre, oscurecido entre apropiaciones y tergiversaciones: para ello, se aproxima al mundo sexual del Siglo de Oro para tratar de recuperar su cara íntima (sus emociones) y reflexiona sobre la supuesta homosexualidad del escritor, que —según demuestra— es otra construcción. Pero, con todo, se deja en el aire la posibilidad y la conclusión es que no hay nada claro: «ni quito ni pongo rey», pues, como dice Sancho en el segundo ‘Quijote’ (50).
Por su parte, Alvar Ezquerra se mueve siempre con los documentos en la mano. Y el lector con él, ya que, de regalo, esta semblanza ofrece un catálogo de todos los papeles cervantinos transcritos y accesibles trámite un código QR que constituye la primera ordenación como Dios manda del Cervantes documental (que son 327 textos).
Así, este relato vital tiene mucho de guía acompañada por los hechos cervantinos desde un profundo conocimiento de las prácticas coetáneas, que le permite tanto descartar deducciones como plantear nuevas propuestas: sobre la partida a Italia, un plazo final por pagar del rescate, la realidad del caracoleo andaluz, otra razón para el «busque por acá…», etc. Y pistas abiertas, como la búsqueda del testamento.
Es toda una lección de buen criterio y sentido común (cada vez menos común), que combina nuevas lecturas con estímulos. Por eso, se puede decir de Alvar Ezquerra aquello que pide Cide Hamete para sí: que merece alabanzas «no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir» (‘Quijote’, II, 44). Hay mil formas de contar una vida y cada tiempo necesita su relato: estas son dos formas diferentes de acercarse a Cervantes. Pasen y lean (y elijan).
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