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Transiberiano: el tren más largo del mundo

Transiberiano: el tren más largo del mundo
Artículo Completo 737 palabras
No deja de resultar una paradoja que el primero que pensó en un ferrocarril transiberiano fuera el empresario americano Perry Collins en 1857. La única forma de viajar más allá de los Urales era mediante trineos tirados por caballos que tenían que cruzar lagos y ríos helados. Hubo que esperar a 1890 para que el zar Alejandro III aprobara el proyecto de una vía para unir Moscú con Vladivostok en la costa del Pacífico. El ferrocarril entró en servicio en 1904. Más de 90.000 obreros trabajaron en su construcción a lo largo de 13 años . El coste ascendió a 35 millones de libras esterlinas, financiados mediante la compra de bonos rusos por parte de la banca francesa. Las obras fueron acometidas bajo la dirección del Gobierno y del propio zar , que era consciente de la necesidad de la infraestructura para integrar a Siberia en el Imperio ruso .El Transiberiano, el tren más largo del mundo , recorre 9.288 kilómetros. Atraviesa siete husos horarios tras cruzar las estepas, superar los Urales, adentrarse en la taiga siberiana y dejar atrás el lago Baikal , una de las mayores reservas del mundo de agua dulce . Sus paisajes subyugan a sus viajeros, que pueden hacer el viaje con paradas en las ciudades por las que pasa a lo largo de una semana que dura el trayecto sin interrupciones. Todos quienes han subido a sus vagones subrayan la belleza de los paisajes siberianos, de la inmensidad de sus bosques y el caudal de sus ríos . Hoy el tren incorpora una primera clase que incluye un lujoso restaurante y un esmerado servicio . Pero no era así en la época soviética. Según escribe Paul Theroux , el emblemático tren Rossiya parecía en 1973 «un armatoste antediluviano» con «distinciones de clase tan sutiles que hay que ser un marxista bien entrenado para poder apreciarlas». «El vagón restaurante estaba vacío y muy frío. Había escarcha en las ventanillas. El aliento de los empleados se había visible en forme de nubecillas de vapor cuando hablaban», relata Theroux. En aquella época, casa vagón contaba con una supervisora llamada 'provodnik', vigilantas que, al igual que en los hoteles rusos, eran las encargadas de mantener el orden e informaban a las autoridades de cualquier anomalía. Los camareros servían el té de unos samovares mientras circulaba el vodka a última hora de la tarde, en la que los viajeros intercambiaban confidencias.El Transiberiano sigue atravesando los Urales y se detiene en Ekaterimburgo, a 1.800 kilómetros de Moscú, la ciudad en la que fueron asesinados los zares. Luego cruza los ríos Obi   y Yenisei antes de llegar a Irkutsk. En Ulán-Udé se coge el enlace con el Transmongoliano, que pasa por Ulán Bator y acaba en Pekín. En Chitá, se puede tomar el Transmanchuriano, que recorre varias regiones de China antes de llegar a Pekín.Hoy el tren incorpora una primera clase que incluye un lujoso restaurante y un esmerado servicio, aunque no siempre fue asíUno de los atractivos del recorrido son las estaciones de las pequeñas ciudades que jalonan la vía, pintadas de vivos colores y con grandes ventanas, con un estilo que evoca la 'belle époque'. La estación de Novosibirsk y su enorme vestíbulo recuerdan la estética estalinista con un gran patio que permite acceder a su interior.Este ferrocarril ha inspirado centenares de ensayos, novelas y filmes. En mi memoria, queda asociado a 'Pánico en el Transiberiano' , película de terror dirigida por Eugenio Martín, estrenada en 1972. En ella, un antropólogo regresa a Europa con los restos de un humanoide en una caja, que resucita al calor de una vieja profecía. Christopher Lee y Peter Cushing nos hacen estremecernos de miedo. El Transiberiano sigue siendo una leyenda y una fuente de inspiración a quienes se suben hoy a sus vagones por un precio de unos 2.500 dólares .

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No deja de resultar una paradoja que el primero que pensó en un ferrocarril transiberiano fuera el empresario americano Perry Collins en 1857. La única forma de viajar más allá de los Urales era mediante trineos tirados por caballos que tenían que cruzar ... lagos y ríos helados. Hubo que esperar a 1890 para que el zar Alejandro III aprobara el proyecto de una vía para unir Moscú con Vladivostok en la costa del Pacífico.

El ferrocarril entró en servicio en 1904. Más de 90.000 obreros trabajaron en su construcción a lo largo de 13 años. El coste ascendió a 35 millones de libras esterlinas, financiados mediante la compra de bonos rusos por parte de la banca francesa. Las obras fueron acometidas bajo la dirección del Gobierno y del propio zar, que era consciente de la necesidad de la infraestructura para integrar a Siberia en el Imperio ruso.

El Transiberiano, el tren más largo del mundo, recorre 9.288 kilómetros. Atraviesa siete husos horarios tras cruzar las estepas, superar los Urales, adentrarse en la taiga siberiana y dejar atrás el lago Baikal, una de las mayores reservas del mundo de agua dulce. Sus paisajes subyugan a sus viajeros, que pueden hacer el viaje con paradas en las ciudades por las que pasa a lo largo de una semana que dura el trayecto sin interrupciones.

Todos quienes han subido a sus vagones subrayan la belleza de los paisajes siberianos, de la inmensidad de sus bosques y el caudal de sus ríos. Hoy el tren incorpora una primera clase que incluye un lujoso restaurante y un esmerado servicio. Pero no era así en la época soviética. Según escribe Paul Theroux, el emblemático tren Rossiya parecía en 1973 «un armatoste antediluviano» con «distinciones de clase tan sutiles que hay que ser un marxista bien entrenado para poder apreciarlas».

«El vagón restaurante estaba vacío y muy frío. Había escarcha en las ventanillas. El aliento de los empleados se había visible en forme de nubecillas de vapor cuando hablaban», relata Theroux. En aquella época, casa vagón contaba con una supervisora llamada 'provodnik', vigilantas que, al igual que en los hoteles rusos, eran las encargadas de mantener el orden e informaban a las autoridades de cualquier anomalía. Los camareros servían el té de unos samovares mientras circulaba el vodka a última hora de la tarde, en la que los viajeros intercambiaban confidencias.

El Transiberiano sigue atravesando los Urales y se detiene en Ekaterimburgo, a 1.800 kilómetros de Moscú, la ciudad en la que fueron asesinados los zares. Luego cruza los ríos Obi y Yenisei antes de llegar a Irkutsk. En Ulán-Udé se coge el enlace con el Transmongoliano, que pasa por Ulán Bator y acaba en Pekín. En Chitá, se puede tomar el Transmanchuriano, que recorre varias regiones de China antes de llegar a Pekín.

Hoy el tren incorpora una primera clase que incluye un lujoso restaurante y un esmerado servicio, aunque no siempre fue así

Uno de los atractivos del recorrido son las estaciones de las pequeñas ciudades que jalonan la vía, pintadas de vivos colores y con grandes ventanas, con un estilo que evoca la 'belle époque'. La estación de Novosibirsk y su enorme vestíbulo recuerdan la estética estalinista con un gran patio que permite acceder a su interior.

Este ferrocarril ha inspirado centenares de ensayos, novelas y filmes. En mi memoria, queda asociado a 'Pánico en el Transiberiano', película de terror dirigida por Eugenio Martín, estrenada en 1972. En ella, un antropólogo regresa a Europa con los restos de un humanoide en una caja, que resucita al calor de una vieja profecía. Christopher Lee y Peter Cushing nos hacen estremecernos de miedo. El Transiberiano sigue siendo una leyenda y una fuente de inspiración a quienes se suben hoy a sus vagones por un precio de unos 2.500 dólares.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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