Número dos. En la actualidad, el Parkinson no tiene cura y tampoco existe un tratamiento capaz de revertir la progresión de la enfermedad. Sin embargo, existen varias terapias eficaces que ayudan a controlar los síntomas, mejorar la calidad de vida y mantener la autonomía de los pacientes durante muchos años.
Número tres. El tratamiento más utilizado para aliviar los síntomas motores del Parkinson consiste en suministrar levodopa (L-DOPA). Este medicamento actúa como un precursor de la dopamina: al llegar al cerebro, las neuronas lo convierten en dopamina, compensando parcialmente la pérdida de este neurotransmisor. Generalmente se administra en combinación con carbidopa o benserazida, sustancias que impiden que la levodopa se transforme en dopamina antes de llegar al cerebro, lo que aumenta su eficacia y reduce efectos secundarios como náuseas.
Neuroprotection, la combinación de veneno de abeja liofilizado con el tratamiento estándar basado en levodopa y carbidopa mejoró tanto el desempeño motor como algunas capacidades cognitivas en un modelo experimental con ratones, superando los resultados obtenidos con los medicamentos convencionales por sí solos.Veneno como tratamiento
¿Cómo se llegó a este resultado? Para empezar, los científicos provocaron en ratones una lesión selectiva de las neuronas dopaminérgicas por medio de la administración de 6-hidroxidopamina (6-OHDA), una neurotoxina que reproduce varios de los déficits motores y conductuales característicos de la enfermedad. Posteriormente, los animales se dividieron en cuatro grupos: uno sano, otro con la lesión sin tratamiento, un tercero tratado únicamente con levodopa-carbidopa y un cuarto que recibió la combinación de esos medicamentos junto con la apitoxina, que es el veneno de abeja, administrado una hora después.
Los tratamientos comenzaron 13 días después de inducir la lesión y continuaron hasta el día 30. Los resultados arrojaron que los animales tratados únicamente con L-DOPA recuperaron inicialmente parte de su capacidad motora, pero ese beneficio disminuyó con el paso de los días, tal como se esperaba. En contraste, los ratones que también recibieron veneno de abeja conservaron un uso prácticamente equilibrado de las patas delanteras hasta el final del experimento, alcanzando valores comparables con los animales sanos.
Algo similar ocurrió con otro indicador del deterioro motoro conocido como “arrastre de la pata”. Mientras que los animales lesionados continuaron mostrando esa alteración, tanto el tratamiento convencional como la combinación con veneno redujeron el problema. Sin embargo, la mejoría fue ligeramente mayor en el grupo que recibió ambos tratamientos (L-DOPA + apitoxina).
Las diferencias fueron todavía más evidentes en una prueba diseñada para evaluar la lateralización del movimiento. En ella, los ratones deben caminar por un corredor y recuperar alimento colocado a ambos lados. Los animales con Parkinson experimental tienden a ignorar el lado afectado por la lesión, reflejando la pérdida de función dopaminérgica. Los investigadores observaron que la combinación de levodopa y veneno de abeja permitió una recuperación mucho mayor que la obtenida con el tratamiento convencional, lo que sugiere una mejor conservación de la función motora.
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