Posteriormente, el equipo realizó nuevas pruebas y detectó que la misma sustancia también es capaz de eliminar otras bacterias, como Acinetobacter baumannii, un patógeno oportunista altamente resistente que suele asociarse con infecciones en sangre, vías urinarias, pulmones y heridas, especialmente en hospitales.
Las moléculas obtenidas del veneno de alacrán ya fueron patentadas en México y Sudáfrica con el objetivo de ampliar el alcance del proyecto. Actualmente, los investigadores trabajan en el desarrollo de nanopartículas que funcionen como estabilizadores y sistemas de protección, con miras a que los antibióticos puedan administrarse de forma segura en el organismo.
De acuerdo con Possani Postay, el siguiente paso consiste en realizar ensayos clínicos, aunque reconoce que estos implican una inversión considerable. Por ello, expresó su interés en que alguna farmacéutica nacional colabore para llevar los compuestos a producción a gran escala.
De la salsa a un antibiótico
En paralelo, otro grupo del Instituto de Biotecnología de la UNAM identificó en el chile habanero un péptido con capacidad para combatir bacterias oportunistas que pueden provocar infecciones graves, particularmente en pacientes con sistemas inmunológicos debilitados.
Este proyecto, liderado por Gerardo Corzo Burguete junto con Georgina Estrada Tapia, del Centro de Investigación Científica de Yucatán, se enfocó en la bacteria Pseudomonas aeruginosa, considerada por la Organización Mundial de la Salud como un patógeno de alta prioridad debido a su resistencia a los antibióticos convencionales.
Los científicos identificaron en el chile habanero (Capsicum chinense) un péptido denominado defensina J1-1. A partir de este hallazgo, desarrollaron un proceso biotecnológico para producir un fármaco llamado XisHar J1-1, que demostró eficacia contra Pseudomonas aeruginosa y con potencial para tratar infecciones provocadas por hongos.
El procedimiento incluyó la modificación genética de una bacteria para inducir la producción de la defensina J1-1. Posteriormente, el microorganismo modificado fue cultivado mediante fermentación sumergida, una técnica industrial que permite generar compuestos a gran escala. Finalmente, el péptido se extrajo y purificó para su uso como antibiótico.
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ArrowEl equipo subrayó la necesidad de profundizar en la investigación, debido a que estas moléculas pueden degradarse en distintos organismos. Aun así, confían en que la siguiente fase, que contempla pruebas contra cepas resistentes aisladas de pacientes, permitirá validar su potencial terapéutico.
Iván Arenas Sosa, integrante del grupo, destacó que, aunque aún queda un amplio camino por recorrer, los avances representan una alternativa prometedora frente a la creciente resistencia antimicrobiana, considerada una de las principales amenazas para la salud global.
“El problema de las bacterias resistentes a los antibióticos ha aumentado en los últimos años y continuará en el futuro. Por ello, resulta fundamental impulsar proyectos orientados al descubrimiento de nuevas moléculas y al desarrollo de tratamientos innovadores para enfrentar la resistencia antimicrobiana”, concluyó.