Por una coincidencia geométrica, 2002 XV93 reveló esa firma atmosférica. Tres telescopios confirmaron el mismo patrón de refracción. Según el estudio publicado esta semana en Nature Astronomy, la capa de gas es extremadamente tenue, con una presión superficial entre 100 y 200 nanobares. Para comparar, la atmósfera terrestre es entre cinco y diez millones de veces más densa.
Los investigadores solo pueden esbozar hipótesis sobre el origen de esta envoltura gaseosa. Si el objeto no cuenta con un mecanismo que reponga los volátiles, la atmósfera podría disiparse en unos mil años. Las posibilidades más plausibles apuntan al criovulcanismo, lo que implicaría actividad interna en un cuerpo diminuto, o a la liberación de gases tras el impacto reciente de un cometa u otro fragmento helado.
El caso de 2002 XV93 obliga a revisar lo que creíamos sobre la capacidad de los planetas enanos y los cuerpos helados del cinturón de Kuiper para retener atmósferas. Más allá de Neptuno, en los confines de Plutón, hay cuerpos envueltos en gases, que no coinciden con las bases de datos actuales.