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Científicos suecos se inventan una enfermedad pero la IA afirma que es real: el insólito caso de la bixonimania

Científicos suecos se inventan una enfermedad pero la IA afirma que es real: el insólito caso de la bixonimania
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Los estudios con los que se creó la patología tenían claras marcas de que eran falsos, como la financiación de la "Universidad de la Comunidad de los Anillos". Más información: Así se publica un estudio totalmente falso en una revista científica: "Si pagas, puedes contar el cuento de Caperucita"

Un investigador trabajando en un laboratorio. EFE André Coelho

Ciencia Científicos suecos se inventan una enfermedad pero la IA afirma que es real: el insólito caso de la bixonimania

Los estudios con los que se creó la patología tenían claras marcas de que eran falsos, como la financiación de la "Universidad de la Comunidad de los Anillos".

Más información:Así se publica un estudio totalmente falso en una revista científica: "Si pagas, puedes contar el cuento de Caperucita"

Publicada 9 abril 2026 02:45h

Las claves nuevo Generado con IA

Consultar a la inteligencia artificial para una cuestión médica se ha vuelto cada vez más frecuente. Los peligros tras este pequeño gesto van más allá de facilitar datos personales. Y es que la información que se recibe puede que sea falsa.

Es lo que le ha ocurrido a quienes, en el último año y medio, hayan consultado en los chats de IA por qué sus párpados han adquirido un tono más rosáceo de la cuenta. Entre las posibles respuestas habrá aparecido una de nombre impronunciable: bixonimania.

Lo normal es que no le suene de nada porque no existía hasta principios de 2024; aunque, en realidad, no existe. Se trata de una enfermedad inventada por científicos de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) a la que la IA le ha dado veracidad.

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Para evitar que causara daños irreversibles, el equipo dirigido por la investigadora Almira Osmanovic decidió inventarse una afección cutánea. Publicaron dos estudios falsos que subieron a un repositorio de prepublicaciones que no están revisadas por pares.

Autor y participantes ficticios

En ellos dejaron clara constancia de que la enfermedad no era real, con invenciones como que el trabajo formaba parte de una iniciativa financiada por "la Universidad de la Comunidad del Anillo y la Tríada Galáctica".

Otras, al final del artículo, eran más evidentes con afirmaciones como "todo este artículo es inventado" y "se reclutó a 50 personas ficticias de entre 20 y 50 años para el grupo de exposición".

Osmanovic llevó a cabo este insólito experimento para comprobar si los modelos avanzados de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) se creerían esta información falsa para después utilizarla como si fuera un consejo de salud del que fiarse.

El problema fue que la prueba salió demasiado bien, pues a las pocas semanas de que publicara los dos estudios los principales sistemas de IA empezaron a replicar la enfermedad inventada como si fuera real.

Las consecuencias no se quedaron ahí. Y es que los artículos falsos han acabado siendo citados en otros que sí que habían sido revisados por pares, lo que sugiere que algunos investigadores se basan en referencias que genera la IA sin constatar su veracidad.

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El autor de estos dos estudios tampoco existía y su imagen de perfil había sido creada precisamente con IA. El nombre de la enfermedad, por su parte, surgió porque sonaba "ridículo", tal y como ha explicado la propia Osmanovic en declaraciones a Nature.

Además, cualquier profesional del ámbito sanitario podría saber que se trataba de una enfermedad inventada, puesto que no existe ninguna afección que afecte al ojo que lleve el sufijo "-manía", que se utiliza para los términos psiquiátricos y psicológicos.

Las respuestas que daban los sistemas de IA iban desde "la bixomania es una afección poco frecuente" hasta "está causada por la exposición excesiva a la luz azul" y recomendaban acudir a un oftalmólogo. Algunos incluso calculaban su prevalencia ("1 de cada 90.000 personas").

A día de hoy, y tras haber descubierto que era inventada, ya no aparecen este tipo de respuestas, e incluso se advierte que "es totalmente imposible que tengas bixonimanía, porque esa enfermedad no existe".

El dilema de retirarlos

El dilema que le surge ahora a Osmanovic es si retirar los estudios falsos o no. Si lo hace, puede que a otros les resulte difícil encontrar cuál es la fuente y constatar que no es cierto. Pero si los deja, seguirán apareciendo en las búsquedas.

Independientemente de lo que decida, lo que sí ha conseguido es "desenmascarar una mentira que todos conocíamos", como afirma a EL ESPAÑOL Benjamín Herreros, director del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés.

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Entiende que haya personas que piensen que no es correcto lo que han hecho estos investigadores, pero cree que es necesario para cuestionar el rigor de la información de la que beben la IA: "Si alguien lee el artículo se da cuenta de que está hecho en un tono jocoso".

Para este especialista en Medicina Interna se trata de un problema que siempre ha existido. "De la vecina ya pasamos a Dr. Google". El problema ahora es que la capacidad de difusión de la IA es mayor, y desmontar una información que no es real es más complicado que construirla.

Uno de los ejemplos más claros es el del estudio fraudulento de Andrew Wakefield, quien vinculaba la vacuna del sarampión con el origen de algunos trastornos neurológicos como el autismo.

La prestigiosa revista TheLancet, donde se había publicado este trabajo, se retractó una década después de la publicación y reconocía su naturaleza fraudulenta. Aun así, aún hay quienes siguen creyendo en este vínculo que no se apoya en ningún tipo de evidencia científica.

Con los pacientes, comenta Herreros, resulta complicado a veces hacerles ver que la información que han encontrado en Internet no es del todo cierta.

Él mismo se ha encontrado con algunos que acuden a consulta para tener una segunda opinión (la primera no era precisamente de otro profesional médico). Por suerte, aún no ha habido nadie que le haya dicho "doctor, creo que tengo bixonimania".

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    Fuente original: Leer en El Español
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