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Ciudad del Cabo: surf, arte, pingüinos y alta gastronomía española

Ciudad del Cabo: surf, arte, pingüinos y alta gastronomía española
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Entre dos océanos y a los pies de una montaña icónica, Ciudad del Cabo ofrece una naturaleza indomable e historia en cada esquina. Es uno de los destinos más magnéticos del mundo y el elegido por Ángel León, chef de Aponiente, para su primer proyecto fuera de España. Leer
ViajesCiudad del Cabo: surf, arte, pingüinos y alta gastronomía española
  • JAVIER MATEO
Actualizado 5 MAY. 2026 - 07:20Vista aérea de Table Mountain y Cape Town

Entre dos océanos y a los pies de una montaña icónica, Ciudad del Cabo ofrece una naturaleza indomable e historia en cada esquina. Es uno de los destinos más magnéticos del mundo y el elegido por Ángel León, chef de Aponiente, para su primer proyecto fuera de España.

Hay ciudades que se recorren y otras que se contemplan. Ciudad del Cabo pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Aquí, el paisaje no acompaña, impone. Y el viajero, inevitablemente, se adapta a su ritmo, entre montañas abruptas, playas salvajes y una escena creativa que vive uno de sus mejores momentos, aunque bajo esa belleza persiste un legado de desigualdad heredado de la segregación racial, aún visible en sus calles y en las oportunidades de quienes la habitan. En el extremo sur de África, esta ciudad abierta a dos océanos ha hecho de la contradicción su mayor virtud.

Subir en teleférico a Table Mountain no es una actividad, es un rito. La cabina, que gira 360 grados durante su recorrido, asciende con templanza mientras la ciudad se va empequeñeciendo y el horizonte se abre en todas direcciones.

Vista desde el mar de Table Mountain en Ciudad del CaboVista aérea de Ciudad del Cabo

Arriba, la sensación es casi irreal. Una meseta suspendida a más de 1.000 metros, rodeada de acantilados y con el Atlántico como telón de fondo. Desde aquí se entiende todo, la geografía, la luz e incluso el carácter de una ciudad que vive literalmente encajada entre la montaña y el océano.

Qué hacer en Ciudad del Cabo

A nivel del mar, Ciudad del Cabo se vuelve hedonista. Clifton y Camps Bay, las zonas más seguras y con mayor población internacional, concentran la versión más estética del destino. Arena blanca, atardeceres de postal y esa mezcla de sofisticación relajada que define la ciudad. Uno de los sitios más concurridos por turistas y locales es The Bungalow, donde disfrutar de la puesta del sol con vino blanco sudafricano en mano y un delicioso fish & chips.

Vista aérea de las playas de Clifton y Camps Bay

Pero basta alejarse unos kilómetros para encontrar otra narrativa. Calas más salvajes, azotadas por el viento, y enclaves como Boulders Beach, en la península del Cabo, donde el baño se comparte conpingüinos africanos, especialmente visibles durante todo el año, aunque los meses de cría —entre febrero y agosto— son especialmente activos. Esta colonia, una de las pocas accesibles al público en el mundo, se estableció aquí en los años 80 gracias a las condiciones del entorno: aguas relativamente templadas, abundancia de alimento y la protección natural que ofrecen las enormes rocas de granito frente a depredadores y oleaje.

Pingüinos en Boulders Beach, Ciudad del Cabo

La entrada a la playa protegida, integrada en el Parque Nacional de Table Mountain, permite recorrer pasarelas de madera desde las que observar a los pingüinos sin interferir en su hábitat, y también acceder a una pequeña zona de baño cercana, más resguardada. Allí, el agua es sorprendentemente clara y tranquila, rodeada de vegetación costera y formaciones rocosas, donde no es raro ver aves marinas, pequeños peces e incluso dassies (también conocidos como hyrax o damanes de roca), habituales en esta zona del litoral.

El pulso artístico de la ciudad late en el Zeitz Museum of Contemporary Art Africa, el mayor museo dedicado al arte africano contemporáneo de Sudáfrica, obra del arquitecto Thomas Heatherwick junto a Stepan Martinovsky y Matt Cash.

Zeitz Museum of Contemporary Art Africa

Ubicado en un antiguo silo de grano en el Waterfront, el edificio ha sido transformado en una catedral de hormigón y luz, donde los cilindros industriales han sido excavados para crear espacios escultóricos. Más que un museo, es un símbolo de la nueva Ciudad del Cabo, creativa, ambiciosa y profundamente conectada con su identidad con la mirada siempre puesta fuera de sus fronteras.

Dónde dormir en Ciudad del Cabo

En una ciudad donde todo cambia, hay símbolos que permanecen. El Mount Nelson, A Belmond Hotel, es uno de ellos. Inaugurado en 1899 como refugio para los pasajeros de primera clase que llegaban por mar desde Europa, este hotel no solo ha sido testigo del paso del tiempo, sino protagonista de la historia. Sus terrenos, que se remontan al siglo XVIII como jardines privados, evolucionaron hasta convertirse en uno de los enclaves más emblemáticos de la ciudad.

Durante la Guerra de los Bóer llegó a funcionar como cuartel general británico, y tras la Primera Guerra Mundial adoptó su icónico tono rosado, el llamado Mount Nelson Pink, comosímbolo de paz y reconciliación. Un gesto que convirtió su fachada en una de las más reconocibles del mundo.

Entre sus huéspedes, la historia adquiere nombres propios. La reina Isabel II celebró aquí su 21º cumpleaños en 1947, en un momento clave antes de convertirse en monarca. También pasaron por sus jardines figuras como David Bowie, quien encontró en este entorno un refugio creativo, o John Lennon, quien llegó a meditar entre sus árboles.

Suite diseñada por Thebe Magugu en Mount Nelson, A Belmond Hotel

Hoy, el hotel mantiene ese equilibrio entre memoria y presente con más de tres hectáreas de jardines, piscinas, pistas de tenis y su legendario afternoon tea construyen una experiencia donde el lujo se vive con calma. La reciente incorporación de la suite diseñada por el diseñador de moda Thebe Maguguintroduce además una nueva narrativa, la del lujo africano contemporáneo como expresión cultural, no solo estética.

Una estética que también se percibe en otros alojamientos como Palm House Boutique Hotel & Spa, un elegante refugio situado en el histórico barrio de Wynberg, a los pies de Table Mountain. Instalado en una mansión de los años 20completamente renovada, combina el encanto patrimonial con un enfoque moderno en sus 15 habitaciones y suites distribuidas entre la casa principal y jardines privados, dos restaurantes con una marcada apuesta por la cocina de temporada y un spa que refuerza su carácter de oasis urbano.

Palm House Boutique Hotel Spa

También en Zest Boutique Hotel, parte de la colección The Living Journey, ubicado en el animado barrio de Green Point, a pocos minutos a pie del V&A Waterfront o del Cape Town Stadium. De escala íntima, con solo 14 habitaciones, el hotel destaca por un interiorismo muy reconocible con referencias retro de los años 70, dando lugar a espacios llenos de vida, de color y personalidad.

Dónde comer en Ciudad del Cabo

En este mismo escenario ha abierto Amura, el nuevo restaurante de Ángel León, el chef de Aponiente con tres estrellas Michelin, en su primer proyecto fuera de España. Más que una expansión, es un desplazamiento conceptual: "Cocinar el mar desde otro hemisferio", señala León. A los pies de Table Mountain, donde confluyen el Atlántico y el Índico, el chef reinterpreta su universo culinario en diálogo con el ecosistema sudafricano. El recorrido gastronómico arranca con Small Waves, una serie de bocados que evocan embutidos elaborados con pescado, y continúa con guiños como la Amura Gilda o unas ostras afinadas con kelp mignonette y gazpacho verde.

Platos de Amura, el nuevo restaurante de Ángel León en Ciudad del Cabo

En los platos centrales, el discurso gana profundidad. Destacan el tartar de yellowtail con escabeche de hierbas, el tartar de jurel con cítricos locales o el sorprendente tuna schnitzel, donde el atún se trata como un escalope centroeuropeo. No podía faltar el ya icónico risotto de plancton, con su intensidad marina y alto contenido en omega-3, que conecta directamente con el ADN de Aponiente, mientras que el cierre dulce mantiene el relato con un flan acompañado de chantilly de espirulina.

La experiencia se completa con una selección de vinos sudafricanos y referencias envejecidas bajo el océano, además de una escenografía diseñada como un transatlántico contemporáneo, donde madera, bronce y curvas envolventes refuerzan la narrativa marina.

Destacan también otros restaurantes en la ciudad centrados en la carne africana y en propuestas a la parrilla con identidad propia. East City Grill & Yakiniku, en el barrio de Woodstock, combina la tradición del yakiniku japonés con producto local sudafricano, ofreciendo una experiencia interactiva en la que el comensal cocina su propia carne en parrillas integradas en la mesa. Su carta recorre distintos cortes, desde wagyu hasta carnes de caza, acompañados de marinados, salsas y pequeños platos pensados para compartir, en un ambiente contemporáneo y desenfadado.

Albóndigas de carne del restaurante East City Grill Yakiniku

Por su parte, De Tafel, el restaurante de Palm House Boutique Hotel & Spa, propone una experiencia más pausada y sofisticada, con menús degustación que cambian según la temporada y el producto disponible. El chef Gregory Henderson plantea diferentes opciones, centradas en carne, aves o vegetales, en las que se combinan técnicas modernas y presentaciones cuidadas, con platos de carne de pato, codorniz o gacela cocinadas a baja temperatura o en tartar, guarniciones reinterpretadas y composiciones que ponen el foco tanto en el sabor como en la estética.

Plato del chef Gregory Henderson de De Tafel en Palm House Boutique Hotel Spa

Así, Ciudad del Cabo no es una ciudad fácil de definir. Es demasiado natural para ser urbana, demasiado sofisticada para ser salvaje. Quizá por eso seduce tanto, porque obliga a mirar, a detenerse, a entender que aquí el lujo no se mide en estrellas, sino en perspectiva. En la cima de una montaña. En una playa azotada por el viento. O en una mesa donde el mar, una vez más, vuelve a contarlo todo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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