Esta historia ocurre tantas veces como vidas enuncia su narradora, una chica que llega a España el 5 de diciembre de 1976. Ella tiene 26 años y mucho frío. En Madrid ya es pleno invierno, pero ella solo tiene ropa de verano. Ha tenido que ... huir de su país, Argentina, donde un golpe cívico militar acababa de derrocar el gobierno de Isabel Perón. Esta es la historia que Clara Obligado cuenta en 'Exilio' (Páginas de Espuma), la suya y la de miles de ciudadanos argentinos exilados, asesinados o desaparecidos por el régimen militar de Jorge Videla. Se han cumplido cincuenta años de aquel golpe, los mismos que han transcurrido desde Clara Obligado dejó su país y llegó a España. Ha tocado el momento para ella de desplegar un relato donde fantasmas, sobrevivientes y olvidados recuperen la voz y se conviertan en protagonistas. Ilustradas por Agustín Comotto, estas historias encarnan el desgarro y la intemperie absoluta.
—«Los atributos del que huye son el silencio y el dolor. También el miedo», escribe. ¿Cuáles son los del que no regresa?
Eso supondría otro libro. Lo escribí. Se tituló 'Una casa lejos de casa', sobre lo que significa quedarse. Este año se cumplen 50 años de la dictadura y a mí me pareció que había que contar el exilio tal cual fue.
Cuando llega a España, en 1975, ni siquiera existía una ley de refugiados, dice.
No había nada ni entendían nada. El caso de los argentinos era muy caótico. Perón era amigo de Franco, pero para nosotros era un personaje de izquierda. Todo era confuso. Llegamos sin ningún tipo de apoyo. La verdad es que ninguno.
El exilio no atenúa los prejuicios ni la xenofobia. Ser migrante tampoco.
Son situaciones distintas. No estamos compitiendo sobre quién lo pasó peor. Cada situación de emigración, traslado o exilio debe ser nombrada como corresponde. Nos ayuda a pensar.
Define la palabra «insilio» como intemperie. ¿Se puede vivir una vida entera así?
Le cuento la génesis del libro. Estaba en Buenos Aires este verano y mucha gente se me acercaba contándome historias de la dictadura. Mi sensación era que todavía quedaban cosas muy duras por contar. Llamé a Juan Casamayor y al dibujante, Agustín Comotto, y los convencí de hacer este libro. Era importante. Apareció un tema que yo no había trabajado, el insilio: la gente que se quedó, en condiciones mucho más duras. Encerrados, pero dentro.
¿El exilio genera problemas para los que se quedan? ¿Los pone en peligro?
La persona que se va deja un hueco que no tiene arreglo. Produces una herida muy profunda en mucha gente. Una amiga me dijo una frase muy fuerte: «Ustedes faltaron». Éramos los hermanos mayores y no estábamos. Nos fuimos, nos mataron. Este libro es un panóptico de toda mi obra. Hay muchos cuentos y frases que son de otros libros. Me puedo mirar desde este lugar, porque es un lugar colectivo. Un ejercicio que he hecho para escribir este libro es leer las vidas.
Llega a una España a punto de comenzar la Transición, ¿qué encontró?
En Argentina en ese momento había una visión de España como muy libre, porque había muerto Franco y venían las elecciones. Me encontré con un país que estaba en la Edad Media. Después lo he visto salir de ahí, pero cuando llegué fue un choque brutal. Hubo mucha violencia en la Transición. He decidido ser extranjera. Comprendo el laboratorio que eso supone. Yo quiero a Argentina y quiero a España. Soy objetiva con los dos países. Necesitaba cierta edad para poder contar algunas cosas. Como argentina, le debo estas palabras a mi país. Y también se las debo a España, para que no sea tan narcisista.
Este libro tiene la precisión del relato y la dimensión de la novela. ¿Qué es, exactamente?
Cuando hablo de extranjería, también hablo de extranjería literaria. No me adhiero a formas fijas. No hago libros convencionales, porque no quiero. En este libro hay muchas historias. Son fractales, tenemos muchas opciones para elegir, hay muchos fragmentos donde el lector puede entrar y pensar.
¿Cómo se lee el exilio 50 años después?
El exilado es una persona incomprendida y por otro lado envidiada. Hay una fantasía sobre haberte ido. A mí no me sacaron de la cárcel, pero me fueron a buscar al día siguiente. Estoy viva por 24 horas. Cada uno hace lo que puede.
50 años, tantos muertos y desaparecidos. ¿Valió la pena?
Uno puede juzgar a sus muertos y ser honesto con lo que vivió. No les harías un favor convirtiéndolos en héroes. Cuando yo me fui, desapareció el que había sido mi pareja. En este libro es el personaje de Chango. O sea, en este libro está vivo. El Chango que aparece tampoco es un santo. Nadie lo es. No era una lucha de ángeles y demonios.
El nivel de crueldad fue inhumano. Era necesario juzgarlos. Sin justicia no hay verdad. Sin palabra y sin reconocimiento del crimen no puede haber perdón.
El escritor que pretende hacer justicia cuando escribe, ¿es un ingenuo?
Quizás sea su forma de acercarse a un problema. Ahora, una vez que lo hace, es responsable de lo que ha hecho.
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Clara Obligado: «Como argentina, le debo estas palabras a mi país. También a España, para que no sea tan narcisista»
Clara Obligado: «Como argentina, le debo estas palabras a mi país. También a España, para que no sea tan narcisista»