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Conde de los Andes, de los calados de Ollauri a la mesa de los Roca

Conde de los Andes, de los calados de Ollauri a la mesa de los Roca
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Conde de los Andes exhibe en una comida en Esperit Roca una amplia perspectiva de sus vinos, desde las añadas históricas conservadas durante décadas en los legendarios calados de Ollauri hasta las nuevas cuvées con las que encara el futuro esta centenaria bodega riojana. Leer
GastroConde de los Andes, de los calados de Ollauri a la mesa de los Roca
  • FEDERICO OLDENBURG
Actualizado 14 JUL. 2026 - 07:55

Conde de los Andes exhibe en una comida en Esperit Roca una amplia perspectiva de sus vinos, desde las añadas históricas conservadas durante décadas en los legendarios calados de Ollauri hasta las nuevas cuvées con las que encara el futuro esta centenaria bodega riojana.

El encuentro, celebrado en el espacio gastronómico de los hermanos Roca, reunió una selección de veinte vinos en una cata dirigida por Javier Murúa, director de Muriel Wines, y Raúl Igual, Advanced Sommelier by the Court of Master Sommeliers y embajador de la marca, culminada con un menú especialmente diseñado para mostrar el diálogo entre la alta cocina y algunos de los vinos más singulares de Conde de los Andes.

Aunque en los últimos años han comenzado a salir del cajón del olvido, los vinos de Conde de los Andes siguen siendo, para buena parte de los aficionados, uno de los grandes tesoros ocultos de Rioja: botellas irrepetibles que constituyen un patrimonio enológico excepcional y que permiten recorrer, copa en mano, una buena parte de la historia vitivinícola de la región.

Un legado histórico con 450.000 botellas

Cuando, en 2014, la familia Murúa –propietaria de Muriel Wines, un grupo con ocho bodegas en España, cinco de ellas en la DOCa Rioja– adquirió los tres edificios históricos de Bodegas Ollauri para desarrollar el proyecto Conde de los Andes, entendió que aquel legado debía ir mucho más allá de la mera conservación patrimonial.

La compra de la bodega fundada por Federico Paternina en 1896, en el mismo municipio donde sus antepasados elaboraban y almacenaban vino desde el siglo XV, dio acceso a una de las mayores joyas de Rioja: una red de calados subterráneos considerada entre las más antiguas y extensas de la comarca, con cerca de kilómetro y medio de galerías excavadas desde finales de la Edad Media, situadas a unos cuarenta metros de profundidad y donde descansan alrededor de 450.000 botellas.

Ese inmenso archivo líquido ha permitido recuperar una colección histórica prácticamente única, formada por vinos que permanecen en sus botellas originales y que hoy vuelven a ver la luz para demostrar la extraordinaria capacidad de envejecimiento de los vinos riojanos. Entre ellos destacan tintos como los de las cosechas 1950 y 1981, blancos históricos como los de 1976 y 1983 o auténticas rarezas como el monumental Blanco Semidulce 1964.

Conde de los Andes Blanco Colección Histórica 1983

Futuro y tradición en un mismo relato

Sin embargo, Conde de los Andes no quiere vivir únicamente del prestigio de su pasado. El mensaje que la bodega llevó a Esperit Roca fue precisamente que historia y modernidad forman parte de un mismo relato.

"Durante décadas el vino estuvo muy ligado a la tradición y al consumo cotidiano. Hoy existe una mayor curiosidad por el origen, por los viñedos, por las personas que están detrás de cada botella y por la singularidad de cada territorio. El consumidor busca autenticidad y experiencias", explicó Javier Murúa durante la presentación. En su opinión, esa tendencia seguirá creciendo en el futuro, cuando se valorarán aún más "la identidad de los vinos, la sostenibilidad y la capacidad de transmitir una historia verdadera, como la de Conde de los Andes".

Murúa recordó además que custodiar estas botellas supone una enorme responsabilidad. "Conservar botellas durante décadas para que puedan ser disfrutadas hoy es un privilegio. Custodiamos un patrimonio irrepetible que pertenece tanto a la historia de la bodega como a la historia del vino de Rioja". De hecho, explicó que entre un 15% y un 20% de la producción anual de cada vino se reserva para que pueda seguir formando parte de ese legado destinado a las generaciones futuras.

Esa misma idea fue desarrollada por Raúl Igual, Advanced Sommelier by the Court of Master Sommeliers y embajador de Conde de los Andes, encargado de conducir la cata junto a Murúa. Para Igual, el atractivo de estos vinos reside en su autenticidad: "Creo que los vinos de Conde de los Andes conectan fácilmente con el público porque son reales y, por lo tanto, reconocibles". El sumiller subrayó además el valor cultural de las viejas añadas: "Al abrir una botella de 1950 o de 1976 estamos degustando muchas cosas: una forma de entender la vida, una interpretación de la historia y un respeto por la naturaleza".

Javier Murúa, Director de Conde de los Andes-Bodegas Ollauri, durante la cata de los vinos de la bodega en Esperit Roca

Cata y menú en Esperit Roca

Tras el recorrido por las añadas históricas, la cata dio paso al presente de la bodega, representado por referencias como los Capítulos –Malvasía 2018, Garnacha 2018 y Viura 2020– y por elaboraciones de marcado carácter contemporáneo como Duermevela Blanco 2017 (pvp 90 €) y Duermevela Tinto 2016 (pvp 90 €). Estos vinos muestran la evolución técnica de la casa y su apuesta por expresar el carácter de microterroirs, variedades tradicionales y nuevos métodos de elaboración sin renunciar a la identidad riojana.

La cita concluyó con un menú elaborado por el equipo de Esperit Roca, concebido específicamente para acompañar diez vinos que no se habían presentado en la sesión de cata. El recorrido gastronómico comenzó con propuestas vegetales como el Espárrago blanco a la sal o el Mar y montaña vegetal, armonizados con la Malvasía Capítulo I 2018 (pvp 52,10 €). Les sucederían platos como Toda la gamba, junto al Blanco 2015, o Cigala Artemisa, servida con Viura Capítulo III 2020 (pvp 52,10 €).

Uno de los momentos más memorables fue el maridaje entre el histórico Blanco 1983 y un delicado Lenguado a baja temperatura con hinojo y bergamota, una combinación que puso de manifiesto la sorprendente frescura y complejidad que todavía conserva un vino elaborado hace más de cuatro décadas.

Los tintos encontraron igualmente un brillante contrapunto en la cocina de los Roca. El Tinto 2015 y Garnacha Capítulo II 2018 (pvp 84,80 €) acompañaron un Cochinillo con manitas de cerdo y pepino de mar, mientras que el histórico Tinto 1981 se sirvió junto al cordero "Ramat de Foc", en una de las armonías más intensas –y sabrosas– del menú.

El cierre correspondió a los grandes blancos semidulces históricos de la bodega. Tras una Lluvia de Primavera acompañada por las añadas 1994 y 2003, el extraordinario Blanco Semidulce 1964 (pvp 120 €) encontró un compañero perfecto en el Chocolate blanco caramelizado con fresitas del bosque, poniendo el broche final a un periplo que exhibió la multiplicidad de matices y la capacidad de seducción de atesoran estos vinos.

El Banco Semidulce Conde de los Andes Colección Histórica 1964 se sirvió cerró el menú acomañando un Chocolate blanco caramelizado con fresitas del bosque

Conde de los Andes, en honor a Rioja

El encuentro en Esperit Roca sirvió así para mostrar las dos facetas que conviven en Conde de los Andes: la que preserva uno de los patrimonios históricos más importantes de Rioja y la que trabaja ya en las próximas décadas de la bodega. No en vano, tras las referencias actuales también se presentaron dos vinos aún inéditos –una Garnacha 2024 y una Malvasía 2024 criadas en huevo de granito– que anticipan el camino que seguirá el proyecto.

Como resumió Javier Murúa, el objetivo es que dentro de medio siglo una botella de Conde de los Andes siga transmitiendo mucho más que los matices de un vino. "Esperamos que dentro de cincuenta años alguien que abra una botella de Conde de los Andes encuentre una expresión auténtica de Rioja y la sensación de estar estableciendo un diálogo con el pasado". Una declaración que resume la filosofía de una bodega que ha convertido el tiempo en uno de sus principales fundamentos y que aspira a que cada nueva añada pase, algún día, a formar parte del extraordinario legado que hoy duerme bajo las calles de Ollauri.

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Fuente original: Leer en Expansión
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