- NORMAN VILLAMÍN Estratega jefe de Union Bancaire Privée (UBP)
Con Estados Unidos embarcado en otra operación para propiciar un cambio de régimen en Irán, poco después de la operación más limitada y exitosa de enero en Venezuela, vuelven a surgir preguntas.
La principal de ellas es si el foco de Estados Unidos en otras partes del mundo podría, o bien incentivar, o bien brindar una oportunidad para que China actúe de forma más proactiva contra Taiwán.
El argumento es que el poder militar y global de Estados Unidos se encuentra actualmente sobrecargado: el país está involucrado en Venezuela, suministrando armas a Ucrania a través de Europa, y ahora participa activamente en Irán. Estados Unidos ha redesplegado en Oriente Medio el grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln, que anteriormente estaba estacionado en Asia Oriental.
Sin embargo, en nuestra opinión, al menos dos factores siguen actuando como freno a una posible acción de China.
Estados Unidos ha dedicado los años transcurridos desde la primera presidencia de Trump a reconstruir capacidades entre sus aliados, en particular Japón, Australia y Filipinas. Aunque estas capacidades no serían suficientes para un conflicto prolongado con China, probablemente sí serían suficientes como elemento disuasorio a corto plazo frente a un movimiento chino contra Taiwán. Por ejemplo, Estados Unidos tiene desplegados en Oriente Medio 250 aviones de combate, incluidos sus más avanzados F-35. En comparación, Japón por sí solo opera más de 40 F-35 y tiene previsto recibir otros 110, incluidos aparatos con capacidad para operar desde portaaviones, cuya entrega está prevista por parte de Mitsubishi Heavy Industries. Esto convierte a Japón en el país con la mayor flota de F-35 fuera de Estados Unidos.
Además, Japón opera actualmente dos portaaviones ligeros, el JS Kaga y el JS Izumo, mientras que nueve bases militares en Filipinas, con tropas y equipamiento desplegados previamente, comienzan a asumir funciones que anteriormente desempeñaban los grupos de combate de portaaviones estadounidenses.
Campo de pruebas
Más allá de esto, Irán podría ofrecer a China la oportunidad de observar cómo se comporta su propio equipamiento militar moderno en combate. En 2025 ya se produjo un adelanto limitado de sus capacidades aéreas y de misiles durante el enfrentamiento fronterizo entre Pakistán e India. Conviene recordar que Pakistán, el único país, además de China, que opera el caza J-10 y sus misiles air-to-air de largo alcance PL-15, logró enfrentarse con éxito y derribar cazas Rafale de fabricación francesa de la fuerza aérea india.
Antes de los ataques del pasado fin de semana, China había estado entregando presuntamente equipamiento militar a Irán, que incluía drones kamikaze y sistemas de defensa aérea. Además, Irán negociaba la compra de los avanzados misiles antibuque de China, que han contribuido a modificar la estrategia estadounidense de portaaviones en Asia Oriental. No está claro si estos misiles llegaron finalmente a entregarse.
Aunque es cierto que el conflicto está todavía en sus primeras fases, el escenario "más favorable" para China sería que estas capacidades aún no hayan sido desplegadas por las fuerzas iraníes. Alternativamente, es posible que los sistemas de radar, especialmente las redes de defensa aérea hayan demostrado ser ineficaces frente a los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel.
Si se diera el primer caso, China probablemente querría observar cómo se comporta su equipamiento en un campo de batalla más amplio frente al material y las tácticas estadounidenses desplegadas en el Golfo. Esto podría ocurrir en fases posteriores del conflicto si dichas capacidades aún no se han utilizado. Si se tratara del segundo caso, un movimiento unilateral de China contra Taiwán utilizando equipamiento similar probablemente presentaría, por ahora, una relación riesgo-beneficio poco atractiva para Pekín.
Aunque China podría considerar que el ejército estadounidense está actualmente muy sobrecargado, no está claro que la relación riesgo-beneficio de una acción unilateral contra Taiwán sea lo suficientemente favorable como para impulsar a Pekín a tratar de cambiar de forma proactiva el statu quo en el estrecho de Taiwán. Una estrategia más atractiva para China podría ser seguir ganando tiempo y permitir que el ejército estadounidense agote sus reservas de, por ejemplo, misiles e interceptores, al tiempo que intenta cerrar cualquier brecha de capacidades, quizá viendo cómo su equipamiento demuestra su eficacia en Irán.
De hecho, al suministrar material militar a Irán y, al mismo tiempo, limitar o ralentizar la capacidad de Estados Unidos para reponer armamento, por ejemplo, restringiendo el suministro de materias primas estratégicas como las tierras raras, Irán podría convertirse para Estados Unidos en un callejón sin salida, de forma similar a lo que fueron Irak y Afganistán en el pasado o, más recientemente, lo que Ucrania se ha convertido para Rusia.
Gestión proactiva del riesgo
En este contexto, seguimos considerando que la gestión proactiva del riesgo sigue siendo fundamental para los inversores. Hay tres acontecimientos en el horizonte que conviene vigilar para calibrar cómo evolucionan estos riesgos. Primero, la cumbre Xi-Trump a finales de marzo. Segundo, el acuerdo de armas entre Estados Unidos y Taiwán permanece suspendido hasta la cumbre Xi-Trump, y, en tercer lugar, el aumento del gasto en defensa de Japón tras las elecciones.
Tras sus acciones en Venezuela e Irán, y su retórica en torno a Cuba e incluso Groenlandia, la administración Trump se ha movido con rapidez para ejecutar la hoja de ruta delineada en la Estrategia de Seguridad Nacional del presidente de noviembre de 2025, tras el acuerdo alcanzado entre Xi y Trump en Busan (Corea del Sur) a finales de 2025.
La cumbre Xi-Trump podría ofrecer la primera indicación de la respuesta estratégica de China al desarrollo de la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, así como a la evolución de la dinámica de seguridad en Asia Oriental tras la posible conclusión del acuerdo de armas con Taiwán y los planes de gasto en defensa del primer ministro japonés Takaichi tras las elecciones.
Si China concluye que Estados Unidos y Japón están modificando el statu quo en Asia Oriental en su perjuicio, Pekín podría revisar el planteamiento descrito anteriormente.
Norman Villamín, Estratega jefe de Union Bancaire Privée (UBP)
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