Editorial
Control inteligenteLa expansión de la IA exige regulaciones éticas y legales que se impongan a los gigantes tecnológicos para garantizar el progreso humano sin amenazas
Regala esta noticia Añádenos en Google 15/09/2026 a las 02:00h.La Inteligencia Artificial constituye uno de los mayores desafíos de la humanidad en el siglo XXI. Frente a su acelerada expansión, solo cabe un control ... inteligente para garantizar el progreso sin una amenaza añadida. No conviene caer en el catastrofismo para afrontar su desarrollo, concebido como un apoyo a las capacidades humanas. Pero tampoco en la falta de reacción ante la proliferación de señales de alarma, serias y fundadas, que describen un escenario vulnerable. La integración de la IA puede resultar una ayuda en nuestras rutinas. Pero también un riesgo para infraestructuras críticas, redes informáticas y la seguridad global si persiste una infiltración desbocada.
Por eso es urgente el control. Imponer a estos emporios el poder de las regulaciones, a través de marcos legales y éticos, aseguraría los derechos y libertades de una población que reclama protección. El empeño de Estados Unidos y China por expandir la IA a su conveniencia, en mitad del pulso por liderar el orden mundial, debería hacer reaccionar a los estados y a los organismos internacionales para aplicar límites con firmeza. Especialmente a Europa, obligada a asumir el papel de árbitro y regulador.
En el último siglo, cada avance tecnológico ha causado un conflicto en la civilización. En España, Román Gubern adelantó hace cuarenta años el aislamiento desatado por las pantallas en 'El simio informatizado', aunque ha sido el cine el que ha retratado más el drama del descontrol de la tecnología: desde 'Metrópolis' hasta '2001: Una odisea del espacio', pasando por 'El coloso en llamas', 'Blade Runner' o la propia 'A.I. Inteligencia Artificial'. Son ficciones que alertaban de las consecuencias de delegar el pensamiento en las máquinas. Precisamente, el informe PISA revela el alcance del fracaso si se debilita el esfuerzo intelectual y la implicación creativa de las nuevas generaciones. Y ese peligro puede ser global si no somos capaces de tener la última palabra para que la IA acabe bien.
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