Siempre me ha intrigado la gran importancia que ha tenido el arte cinético en la creación plástica de Venezuela. Un hecho cimentado, a mi juicio, por la modernización de ese país en los años 50-60 tras el boom del petróleo, la aparición de artistas ... como Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez o Gego, y el sentido tan participativo que tuvo, algo que conectaba con la idiosincrasia abierta del público venezolano.
Estas reflexiones me invaden al contemplar 'Pneuma', una de las dos propuestas expositivas que presenta el Museo Esteban Vicente de Segovia. Se trata de la muestra de Elias Crespin (Caracas, 1965), su primera individual en una institución española, en la que el propio título, que en griego significa 'aliento', 'espíritu' o 'soplo vital', nos da una pista definitiva: no se trata simplemente de aire, sino de aquello que anima la materia y que la hace respirar y transformarse ante la mirada del espectador.
El artista, que posee ya una notable trayectoria expositiva, incluyendo obra en el Museo del Louvre, participa activamente en esta tradición cinética; de hecho, la propia artista Gego es su abuela, pero su propuesta contempla unas señas de identidad artística muy personales con respecto a esa herencia del Cinetismo venezolano.
Mientras que otros creadores como Soto o Cruz-Diez confiaban en la participación óptica del público como elemento activador de la obra, en el caso de Crespin aparece un nuevo protagonista. Su formación como ingeniero informático le ha permitido integrar algoritmos y programación en sus creaciones, produciendo obras e instalaciones mediante la utilización de motores, hilos y materiales ligeros que, mediante movimientos sutiles, a veces casi imperceptibles, parecen flotar y 'danzar' en el espacio, desafiando la percepción del espectador y la esencia tradicional de la escultura y la expresión tridimensional, creando una atmósfera envolvente e hipnótica.
Así, Crespin, mediante el concurso de algoritmos, extrapola este lenguaje cinético, convirtiendo la informática en un material artístico, y situando su sintaxis creativa en una frontera intermedia y compartida entre la Ciencia, el Arte y la poesía visual.
Además, las piezas no se limitan a moverse, sino que literalmente 'piensan' el movimiento, que responde a secuencias matemáticas programadas que impiden la improvisación y también la repetición. Las formas que consigue parecen evolucionar según el dictado de leyes naturales, como si se tratara de una lenta y morosa evolución biológica, con lo que logra que unas estructuras artificiales generen una percepción totalmente orgánica. Esto produce una suerte de feliz paradoja: utilizar la máxima sofisticación tecnológica para generar una experiencia sensorial, meditativa e incluso espiritual.
Esa recepción visual y emocional se enriquece con la inclusión del factor tiempo, algo que podría pensarse como antagónico del sentido de permanencia de la escultura y el volumen pero que, en estos trabajos, de una forma casi musical, acaba por convertirlo en auténtica materia escultórica.
La exposición despliega un amplio conjunto de series ('Mallas', 'Tetralineados', 'Circuconcéntricos', 'TriNet', 'La danza de las catenarias'...), realizadas en las dos últimas décadas, en las que predominan materiales como metacrilato, alambres, diminutas esferas de plomo, acero inoxidable, latón, aluminio o nylon, siempre ligeros y volátiles, y que crean delicados y líricos juegos de luz y sombra con el espacio. Interesante resulta también la colaboración con Felipe Pantone, con obras como 'Cubo Pantone' y 'Chromadynamica Flexionante', aportando una dimensión de diversos registros cromáticos que no suelen ser habituales en la producción de Crespin.
'Excelso', título que remite a una tradición estética muy amplia y elevada, es el otro proyecto que presenta el museo. En este caso, es una muestra de Pablo Merchante (Huelva, 1982), que se origina a partir del interés de este pintor por la obra de Esteban Vicente. Merchante se mueve en un ámbito plástico que abarca pintura e instalaciones, centrado en la experimentación del color, las texturas y la relación entre el objeto y el espacio, buscando la introspección y el diálogo con el entorno. Su dicción formal oscila entre la abstracción y la figuración, siempre envuelta en una clara intención conceptual.
Dirección: Plazuela de las Bellas Artes, s/n
Dirección: Plazuela de las Bellas Artes, s/n
Presenta una serie de piezas recientes, pinturas y objetos tridimensionales dotados también de una cierta temperatura pictórica, en las que los registros cromáticos y la materia juegan un papel fundamental, y donde la Naturaleza, en relación al propio Esteban Vicente, se erige como un indiscutible punto de partida referencial a través de la presencia sutil pero revelada de elementos vegetales, que nunca se perciben de manera cerrada o definitiva, sino más bien como suspendidos en un estado de indeterminación. Un trabajo de arte sonoro, que sirve para enlazar lo plástico con lo musical, su otro lenguaje formativo, cierra esta propuesta.
«Cuidado, las personas con disposición tóxica tienen cero reprocidad, absoluto victimismo y tendencia a humillar a los demás»
Si tu móvil hace fotos como en 2010, cambialo por el Pixel 9a: cámara con doble sensor y 256 GB
«En la familia numerosa salen más forjados. Han aprendido a resignarse»
Vicente Vallés, contundente tras ver que Begoña Gómez será juzgada por un jurado popular
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Crespin y Merchante, movimiento y color en el Museo Esteban Vicente
Crespin y Merchante, movimiento y color en el Museo Esteban Vicente