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«¡Cuántas veces se me ha pasado por la cabeza pegarme dos tiros!»

«¡Cuántas veces se me ha pasado por la cabeza pegarme dos tiros!»
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Los trabajadores portugueses liberados por la Guardia Civil de la explotación laboral en La Rioja: «Queremos buscarnos la vida y no podemos»
«¡Cuántas veces se me ha pasado por la cabeza pegarme dos tiros!»

Los trabajadores portugueses liberados por la Guardia Civil de la explotación laboral en La Rioja: «Queremos buscarnos la vida y no podemos»

Regala esta noticia Añádenos en Google Los trabajadores portugueses posan junto a la iglesia de San Pedro de Ventas del Baño. (Sonia Tercero)

Diego Marín A.

Logroño

09/07/2026 a las 07:56h.

Los seis portugueses esperan en la puerta del albergue de Ventas del Baño como montañeros perdidos que ansían la llegada de los rescatistas. Allí han ... quedado, según describen, «abandonados», tras haber sido liberados por la Guardia Civil hace cuatro meses de un clan familiar que los explotaba laboralmente en otra pedanía de Cervera del Río Alhama, Rincón de Olivedo (La Rioja). El Ayuntamiento les facilita ahora alojamiento y comida pero, aunque agradecidos también a la Guardia Civil, que les ha ayudado y proporcionado ropa, quieren seguir adelante y no pueden. «No queremos nada regalado sino que hagan algo por nosotros. Que el Gobierno haga algo y nos den los que nos quitaron. Todos hemos sufrido y no queremos estar toda la vida aquí, queremos salir», declara Helder Antonio Marques, de 54 años.

Como tantos otros grupos de trabajo, se dedicaban a labores del campo como la poda, la vendimia y la recogida de fruta tanto en Navarra como en La Rioja, y aseguran haber trabajado para muchos particulares y, también, subcontratados, para tres reconocidas bodegas de Rioja. Tan relevantes que, al preguntarles de nuevo, los seis se reafirman al unísono. Entonces empezaron a trabajar para una familia de etnia gitana que, describen, les proporcionaba alojamiento y comida pero no les pagaban. «Decían que no tenían dinero», explica Marques. Y cuando reconocían tenerlo, «nos descontaban del sueldo el tabaco y la cerveza».

El porqué permanecían en ese régimen de esclavitud, con jornadas laborales de hasta 14 horas diarias, solo se explica con una razón. «Me pegaban, y eso que sufro de la espalda y estoy enfermo», relata Jorge Pereira Bastos, de 70 años. Calza alpargatas de Lacoste y viste un colorido bañador, prendas que se nota que no son suyas sino donadas. «Nos daban patadas y nos levantaban a las 6.00 horas. En la viña una vez me pegaron con una vid. Cuando se emborrachaban eran muy agresivos. Teníamos miedo. Nos amedrentaban», confiesa Jorge, y rompe a llorar como un niño. Es inevitable ver en su ajado cuerpo el de un anciano padre desvalido, víctima de un abuso y nace la rabia, la impotencia.

La Guardia Civil detalló, cuando informó sobre la operación, que uno de los hombres liberados se negaba a ser liberado si no le dejaban salir con su conejo. Era Eduardo, que sostiene al animal con ternura, como si fuera un bebé. Cuando los agentes entraron a liberarles, a las 5.00 horas, «estábamos en calzón», recuerda Jorge.

El albergue está adosado a la iglesia de San Pedro, con una atractiva sencillez que recuerda a la bella decadencia portuguesa. A escasos metros se encuentran los cómodos balnearios donde la gente descansa y disfruta de las aguas termales, ajena a esta realidad. «Es muy bonita por dentro», apunta Marques al despedirse. Eduardo sale junto a los demás con el conejo en brazos, ya forma parte del grupo. También hablan del Mundial, tal vez la única alegría que les quedaba, porque España ha eliminado a Portugal, pero no guardan rencor. Ahora van con España y Marruecos y desean que ganemos.

«Si queremos volver a Portugal, no tenemos cómo. No sabemos qué hacer. Estamos aquí abandonados», lamenta Eduardo. Todos insisten en poder cobrar un subsidio por desempleo, una ayuda que les permita rehacer sus vidas, que parecen haberse detenido en el tiempo. O tener un trabajo digno. «Hemos trabajado, no hay derecho. Nos piden el certificado de empresa», expone Helder Antonio Marques, y muestra su documentación, como otros de sus compañeros enseñan sus papeles, algunos muy ajados, fruto de enseñarlos permanentemente, rotos y unidos de nuevo con celo. «Queremos salir de aquí, ¿pero cómo? Algo falla. Sabemos que Guardia Civil y Servicios Sociales han hecho lo que tenían que hacer pero queremos buscarnos la vida y no podemos. No tenemos ni para el autobús», reconoce Marques.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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