- ROBERTO SCHOLTES
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Ha comenzado una purga de excesos tras las subidas estrambóticas de los últimos meses. Pero hay inversores que aprovecharán la caída del oro para comprar.
Hacía ya varios meses que las cotizaciones de los metales preciosos habían entrado en una dinámica claramente especulativa, desligándose cada vez más de lo justificable por factores fundamentales. Con crecientes distorsiones en el funcionamiento de esos mercados, bastaba un catalizador relevante para que se produjera una corrección abrupta, sobre la que es imposible discernir todavía si continuará o si la burbuja volverá a hincharse.
El World Gold Council publicó la semana pasada los datos de oferta y demanda del cuarto trimestre de 2025, confirmando que en el conjunto del año el volumen comprado por organismos públicos (es decir, bancos centrales de mercados emergentes) se redujo un 21%, y para joyería un 19%, demostrando su elasticidad a los precios. Al mismo tiempo, la demanda inversora se disparó un 43% en volumen y se duplicó en importe, alcanzando el 44% de la demanda total, muy por encima de la media histórica.
La mayor parte de estas inversiones se canaliza mediante certificados respaldados por metal físico (ETC) habitualmente depositado en Londres y, en menor medida, en Suiza, EEUU y China. La fuerte demanda y la amenaza de aranceles han hecho que se abran brechas entre los precios de los futuros y de los lingotes, y entre unos mercados y otros, con dificultades de los emisores de ETC para obtener metal físico. Éstas han sido especialmente agudas en la plata, que no se suele almacenar en lingotes estandarizados, y su préstamo se remunera actualmente casi al 10% anual.
Con la volatilidad y las distorsiones al alza, el detonante al que cabe culpar del pinchazo de las últimas sesiones fue la decisión, el viernes, del mercado de Chicago (CME) de aumentar sustancialmente las garantías exigidas en la operativa con derivados sobre metales preciosos, que sigue a la de hace dos semanas del de Londres (LME) de pasar de garantías fijas por contrato a un porcentaje sobre el valor nocional, mucho mayor en la plata que en el oro.
Purga de excesos
Habrá quien culpe a la designación de Kevin Warsh como candidato a presidir la Reserva Federal, pero los datos no respaldan esta tesis. Los recortes de tipos descontados este año no se han movido de los 50 puntos básicos que se esperaban antes. La curva de tipos oscila en un rango muy estrecho y la prima temporal (la prima de riesgo exigida a los bonos a largo plazo) ni se ha inmutado. La inflación proyectada por los bonos ligados al IPC (TIPS, Treasury Inflation Protected Securities) y los swaps tampoco han variado y la súbita depreciación del dólar de final de enero se ha revertido en parte en cuanto se han estabilizado los carry trade contra el yen.
El caso es que ha comenzado una fase de purga de estos excesos que hay que poner en el contexto de las subidas parabólicas de los últimos meses. A pesar del batacazo, los metales preciosos todavía acumulan revalorizaciones considerables en 2026, enormes desde que comenzó el ciclo alcista en 2022. Las ventas forzadas continuarán en las próximas sesiones, al superarse el límite de pérdidas en las compras apalancadas más recientes y de los hedge fund gestionados por algoritmos al revertirse la tendencia alcista. Pero cabe esperar que la corrección del oro encuentre un suelo temporal en las próximas semanas. Hay inversores que aprovecharán las caídas para incorporar un activo descorrelacionado con el resto de sus carteras, los bancos centrales están diversificando sus reservas y proseguirán los procesos de desglobalización y de desdolarización gradual. Sin embargo, estos argumentos son mucho menos potentes para la plata, platino y paladio, que carecen de ese respaldo institucional y dependen de una demanda industrial sensible a los precios.
Roberto Scholtes | Director de Estrategia de Singular Bank
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