Bombardeos en la guerra de Ucrania
Europa CUATRO AÑOS DE GUERRA Cuatro años en las trincheras de Ucrania: los drones han desplazado a la artillería, pero el frente sigue estancadoAunque no están dispuestos a rendirse, desde las posiciones de combate los soldados ucranianos reconocen que están cansados y quieren vivir en paz.
Más información: El otro ejército de Ucrania: los operarios civiles que reparan en condiciones extremas la red de energía que Putin bombardea.
María Senovilla Frente de combate de Donetsk Publicada 24 febrero 2026 03:35hLas claves nuevo Generado con IA
El barro del Dombás, denso y negro, continúa pegándose a las botas de los soldados que caminan por el frente, igual que hace cuatro años. Los escombros, a los que Rusia sigue reduciendo las ciudades ucranianas de primera línea, también son los mismos que en 2022. Y sin embargo, la guerra en Ucrania ha cambiado drásticamente en los últimos meses por el uso de los drones como arma de combate.
En la actualidad, la mayor parte de las trincheras excavadas bajo tierra están ocupadas por unidades de drones. En algunas llevan a cabo misiones de reconocimiento, y en otras operan drones de ataque FPV (visión en primera persona. Los vehículos no tripulados hoy pueden acometer casi cualquier trabajo en la línea del frente.
“Con este dron puedo llevar a las posiciones de infantería hasta 14 kilos en provisiones y munición con un solo vuelo”, explica Runa, mientras conecta varias tablets y teléfonos a los cables que cuelgan del techo de la trinchera en la que acabamos de entrar. Estamos a menos de cinco kilómetros de las tropas rusas, Runa es la comandante de la posición, y pilota un dron Vampiro de la Brigada 56.
Runa, piloto y comandante de una posición de dron Vampiro en el frente de combate de Donetsk. María Senovilla
“La mayor ventaja del Vampiro es que también podemos armarlo con proyectiles de gran tamaño, que causan gran daño entre las fuerzas enemigas”, prosigue. “Su única desventaja es que hace mucho ruido, y hay que realizar la mayoría de las misiones de noche para evitar que lo destruyan”.
La guerrra se hace de noche
Ha sido un cambio de paradigma que ha dado la vuelta a la guerra. Cada vez más misiones de ataque se realizan de noche, apoyándose en las cámaras de visión térmica o de infrarrojos que llevan estos vehículos. Ahora, la parte más peligrosa de una operación de combate no es la que se lleva a cabo desde de la trinchera: es llegar hasta esa trinchera y volver a salir después.
El frente de combate de Ucrania nunca había sido tan peligroso. En los primeros años de la invasión, el mayor riesgo provenía de la artillería. Pero se podía entrar a posición a plena luz del día. Ahora eso es impensable.
Una noche con el 'Vampiro' ucraniano, el dron que aterroriza a las tropas rusas con ataques letales en la oscuridadPoco a poco los drones han ido desplazando a la artillería, y para entender hasta qué punto se están empleando, es suficiente fijarse en el siguiente dato: en estos momentos el 85% de las bajas que se producen en el frente –tanto muertos como heridos– son causadas por drones.
Runa es un ejemplo de este cambio. Ella se alistó en el Ejército de Ucrania hace ocho años, y sirvió la mayor parte de ese tiempo en el arma de artillería. “Antes nuestra mayor fuerza eran nuestros cañones, pero dejaron de serlo y los cambiamos por Vampiros”, reconoce.
“Son grandes bombarderos, ya lo estás viendo hoy”, añade mientras señala una de las pantallas. Al poner la vista en ella, puedo ver a varios soldados rusos en el suelo; uno parece muerto, otro se arrastra malherido a causa del ataque que ella acaba de efectuar.
Valet, piloto de la Brigada 56, prepara para una misión de ataque del dron Vampiro que opera su unidad en el frente de Donetsk. María Senovilla
Una carrera tecnológica
El Vampiro se ha convertido en el buque insignia de los drones pesados ucranianos por su versatilidad y por su eficacia –y también por el terror que sembraban entre los soldados rusos cuando se empezaron a probar, en el verano de 2023–. Pero no es el único dron, ni el más empleado en esta guerra.
Los omnipresentes FPV que se pilotan con gafas de realidad de realidad virtual –como si fueran un videojuego– son los más numerosos en todos los frentes de combate. Y también los más peligrosos, porque ahora son capaces de evadir los sistemas de guerra electrónica al ser guiados por cables de fibra óptica.
La guerra de los drones discurre a una velocidad inusitada: su evolución es tan rápida, que los nuevos modelos se pueden quedar obsoletos en unas semanas si el diseño o el software no responden a las necesidades de los pilotos. Y se van adaptando también a los nuevos usos que las brigadas les dan.
Ucrania cubre con redes anti-dron el Dombás: “Hay que sacar de allí a los civiles o enseñarles a derribar drones con un fusil”Aunque en los primeros meses de la invasión sólo se utilizaban para tareas de reconocimiento –que incluían buscar objetivos para la artillería, controlar las posiciones enemigas o vigilar perímetros– en la actualidad son mucho más versátiles.
Hoy los drones ya no van sólo por el aire. Hay vehículos aéreos no tripulados capaces de efectuar ataques en el mar; y otros terrestres que ya hacen asaltos de trinchera sin que intervengan soldados de carne y hueso. Incluso son capaces de evacuar heridos del campo de batalla, evitando así que el médico de combate arriesgue su vida.
Zona gris
Sin embargo, el innegable desarrollo tecnológico que se ha producido en el campo de los drones no se ha visto traducido en un avance –significativo– de las tropas de infantería sobre el terreno.
En enero de 2023, en plena batalla por Bakhmut, las fuerzas rusas estaban a 45 kilómetros de la ciudad de Kramatorsk –el último gran bastión que queda bajo el control del Gobierno de Zelenski en el corazón del Dombás- Hoy, la línea cero continúa estando a 15 kilómetros de distancia.
Rusia ha avanzado 30 kilómetros –en tres años– en esta parte del frente de combate, donde ahora Runa pilota su dron Vampiro. Y no ha sido capaz de ocupar ninguna población situada en esa franja sin destruirla previamente.
Ucrania, en la encrucijada de Pokrovsk: si no frena a Rusia con una contraofensiva, Putin amenazará el corazón del paísLos ataques combinados con bombas aéreas guiadas y drones suicidas tipo Shahed o Molniya sólo han conseguido que Putin amplíe esa zona gris –totalmente devastada y donde ya no queda vida– que separa los territorios que tiene ocupados del resto de Ucrania.
Una guerra de desgaste cuyo precio en vidas podría superar el medio millón sumando a los soldados caídos de ambos bandos –la mayor parte del lado ruso–, sin que haya ninguna posibilidad a día de hoy de que el conflicto se pueda resolver en el campo de batalla.
“En realidad la guerra en nuestro país comenzó en 2014, aunque se haya hablado más de la invasión a gran escala de los últimos cuatro años”, reflexiona Runa cuando suelta el control remoto con el que acaba de realizar otra misión. “Te puedo decir que todos estamos cansados ya, aunque hemos aprendido a vivir en guerra y seguimos teniendo motivación. Pero también tenemos un gran deseo de que llegue la paz a nuestro país”.
Runa pilota un dron Vampiro desde su trinchera, excavada bajo tierra en el frente de combate de Donetsk, mientras Valet observa el curso de la misión de ataque. María Senovilla
Soñar desde una trinchera
“Queremos que la guerra termine, que se acaben las pérdidas y las muertes. Y no hablo sólo de los soldados en el frente, sino también de la gente en la retaguardia, porque el enemigo lanza muchos ataques con misiles, con drones Shahed y otro tipo de vehículos no tripulados. Allí mueren niños, mujeres, ancianos, personas comunes que simplemente viven su vida”.
“Sólo deseamos que el enemigo retroceda, que abandone nuestro territorio y que todo vuelva a ser como debe ser. Vivir en un país en paz, y que los militares finalmente puedan descansar, después de haber sostenido la defensa durante tanto tiempo”, insiste Runa, que con 27 años, ha vivido casi la mitad de su vida en guerra.
“Cuando acabe, yo continuaré sirviendo en las Fuerzas Armadas de Ucrania. Quiero quedarme aquí y de alguna manera contribuir a reformar el ejército para mejor, estar involucrada en ese proceso”, asegura.
“Pero también tengo un sueño personal: abrir mi propio gimnasio. Me gusta mucho el deporte, aunque ahora no tengo tiempo para dedicarle. Al principio todavía podía entrenar un poco, pero ahora ya no, porque hay demasiado trabajo… Algún día, cuando termine esta guerra, tendré mi propio gimnasio y te invitaré a venir”.