- JAVIER AYUSO
- Elecciones Andalucía 17M: el PP de Juanma Moreno revalidaría la mayoría absoluta
- María Jesús no supo decir no
Lo que suceda el 17 de mayo definirá lo que queda de una legislatura que lleva meses agonizando. Un nuevo fracaso socialista supondría un frenazo definitivo al impulso de la agenda internacional de Sánchez. Y si los populares no repiten mayoría absoluta, seguirán rehenes del partido de Abascal.
PP y PSOE pusieron en marcha este fin de semana toda la maquinaria para afrontar unas elecciones al Parlamento de Andalucía, que serán decisivas para el futuro de España. El presidente del Gobierno y el líder de la oposición inauguraron la precampaña con sus candidatos, sabedores de lo que se juegan. Nadie duda de la victoria de José Manuel Moreno, pero no será un triunfo verdadero si no repite la mayoría absoluta de 55 escaños. Por su parte, María Jesús Montero lucha contra otra debacle como las que ha sufrido su partido en Extremadura, Castilla y León y Aragón; si queda por debajo de los 30 sillones obtenidos hace cuatro por Juan Espadas, habrá firmado su derrota definitiva, aunque no ha abandonado su escaño en el Congreso de los Diputados al que todos apuestan por que volverá con la cabeza gacha.
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo participaron el domingo en mítines con estrategias muy diferentes. Mientras que el líder socialista quiso aprovechar el baño de multitudes izquierdistas de Barcelona para seguir su cruzada contra el trumpismo, su "no a la guerra" y su batalla contra la ultraderecha mundial, el presidente del PP realizó una llamada a la acción entre sus votantes para poder gobernar sin "el lío" que genera Vox. Aunque pidieron el voto a los andaluces, tenían el pensamiento en las próximas elecciones generales, sean cuando sean.
Lo que suceda en Andalucía el domingo 17 de mayo definirá lo que queda de una legislatura que lleva meses agonizando. Un nuevo fracaso socialista supondría un frenazo definitivo al impulso logrado con la agenda internacional de Sánchez. Y si los populares no repiten mayoría absoluta, seguirán siendo rehenes del partido de Santiago Abascal, que ha conseguido imponer unas condiciones radicales y que bordean la ilegalidad a la presidenta de Extremadura. Ambos se juegan su futuro político.
La comunidad andaluza es la más poblada de España, con uno de cada cinco españoles viviendo allí. Pese a su histórico retraso económico, es la tercera en términos de PIB. Pero, sobre todo, es símbolo del ascenso y la caída del socialismo en una región que les ha entregado las mayores alegrías. Es la tierra de Felipe González y de Alfonso Guerra, pero también de Manuel Chaves y José Antonio Griñán, condenados por corrupción en el escandaloso caso de los ERE y "amnistiados" por un Tribunal Constitucional que negó las sentencias de la Audiencia de Andalucía y del Tribunal Supremo. Este fin de semana, el PSOE ha querido rehabilitar a sus dos expresidentes.
Además, Andalucía ha sido el principal feudo socialista y el mayor granero de votos durante 40 años. Una tendencia que se rompió en 2018 y que las encuestas auguran que no se recuperará por el momento. Por eso, desde Ferraz y desde La Moncloa han decidido echar toda la carne en el asador para intentar evitar una nueva debacle. Aunque para ello no van a realizar una campaña autonómica, sino claramente nacional, con tintes globales. No van a dejar de utilizar los ataques a Moreno por privatizar, presuntamente, la sanidad pública, pero se van a emplear a fondo con la estrategia que llevan años utilizando del miedo a la ultraderecha y que les permitió volver a gobernar en España en 2023.
Sánchez aprovechó su primer mitin preelectoral en Gibraleón (Huelva) para volver a atacar a Israel por el "genocidio" en Gaza y anunciar que iba a proponer a la Unión Europea que rompa el acuerdo de asociación que mantiene con el Estado judío. Un nuevo brindis al sol que no tiene posibilidad alguna de prosperar, porque exige un consenso imposible de lograr en Bruselas. Pero sabe que le rendirá réditos electorales como toda su campaña contra la guerra en Irán y los bombardeos israelíes en Gaza o Líbano. Es un buen lema de campaña para una región que sido tradicionalmente de izquierdas.
Feijóo y Moreno se quieren centrar en el cambio que se ha producido en Andalucía desde que destronaron al socialismo. El presidente del PP enunció en un mitin en Córdoba lo que considera las cinco garantías que cumple el presidente andaluz que aspira a revalidar el puesto. Se refirió a la estabilidad, la reducción de impuestos, la gestión eficaz, la igualdad y la regeneración. Toda una declaración de principios que centrarán la campaña.
El problema que tiene el PP en Andalucía no es ganar el PSOE, sino frenar el ascenso de Vox. Las encuestas le ofrecen la posibilidad de revalidar la mayoría absoluta, pero la pérdida de escaños en dos o tres provincias le podrían jugar una mala pasada. Todo está muy ajustado. Confían en que la crisis interna del partido de Abascal y sus planteamientos radicales le permitan movilizar a una población tradicionalmente moderada. Incluso en los tiempos de gobierno socialista, los planteamientos siempre han huido de la radicalidad.
En el mitin del domingo en Córdoba, los lideres populares pidieron encarecidamente la movilización de sus electores en una contienda que calificaron de "épica". Tanto Moreno como Feijóo han sido capaces de obtener mayorías absolutas en sus comunidades de origen, enfrentándose a Vox con propuestas de centro derecha y ahora pretenden repetir una jugada que liberaría el camino del líder nacional hacia La Moncloa. La clave es deshacerse del yugo de la ultraderecha que les ha llevado a renunciar a algunos de sus principios en los últimos años.
En el Senado
Mientras tanto, la candidata socialista tuvo que comparecer ayer ante la Comisión de Investigación del Senado sobre diversos asuntos de corrupción. Montero insistió con vehemencia en que su presencia allí no obedecía a un intento de aclarar esos temas, sino a impedirla hacer campaña en su tierra. Y tenía razón, su presencia en Madrid forma parte de un uso partidista y de un oportunismo político para embarrar el terreno de juego y obtener rédito electoral por parte del PP. Pero no es muy diferente del momento elegido por el Gobierno para aprobar la Ley de Regularización de Inmigrantes y movilizar a medio millón de ilegales ante las oficinas de Correos de toda España. Son tácticas electorales en un país en el todo vale, desgraciadamente.
En las próximas cuatro semanas asistiremos a infinidad de mítines, entrevistas y ataques mutuos en una campaña que se presenta especialmente agresiva, por su importancia para el futuro de España. Saldrán a relucir todos los trapos sucios y los bulos que consigan lanzar los partidos, mientras sus líderes se pondrán medallas por lo conseguido en la región o en el ámbito internacional. Habrá hasta ridículos espantosos, como el perpetrado ayer mismo por el sectario socialista presidente del CIS, José Félix Tezanos, que se atrevió a pronosticar una ventaja de 13 puntos del PSOE sobre el PP si hoy se celebraran elecciones generales. Un nuevo escándalo que no para de desprestigiar la institución que preside.
A todo esto, los partidos de la izquierda radical, o alternativa como ellos se definen, parece que han firmado la paz y avanzan con solo dos candidaturas (frente a las tres iniciales), camino de las urnas. Es una buena noticia para esas decenas de miles de personas que siguen confiando en ellos, pero mala para los socialistas, que aspiraban a recoger los votos a su izquierda. Nos esperan semanas apasionantes.
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