Pequeñas infamias
¿Culpable o víctima? Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarmen Posadas
25/09/2026 a las 12:08h.¿Han seguido ustedes el juicio de Lindsay Clancy, la madre estadounidense que estranguló a sus tres hijos de corta edad? Lindsay pidió a su ... marido que fuera a un recado y aprovechó su ausencia para llevar a cabo su plan. Luego se arrojó por la ventana, pero no murió, sino que quedó parapléjica. Todo esto ocurrió en el 2023 y ahora su juicio, en el que la fiscalía pide para ella cadena perpetua, se ha convertido en uno de los más mediáticos y controvertidos de los últimos tiempos.
Ella en ningún momento ha negado el crimen y su marido, a pesar de tanto horror, la ha apoyado. Incluso pidió públicamente que se la perdonara, que ella no era un monstruo, que él le había fallado por no conseguirle más ayuda. Ante el juez ha dicho que, lejos de la condena a cadena perpetua que pide el fiscal, lo que su mujer necesita es atención médica. Curiosamente esta actitud comprensiva del marido solo ha contribuido a aumentar la controversia.
Con tanto ruido y tanta gente juzgando a golpe de impulsos, filias y fobias acaba uno perdiendo la ponderación
Desde el comienzo del juicio, la opinión pública, que sigue el caso como una novela negra por entregas, se ha dividido en dos bandos. ¿Es Lindsay una víctima o una asesina? Los que sostienen que es víctima opinan que pidió ayuda médica, no la recibió y fue abandonada a su suerte y a sus pulsiones. Los que la creen culpable argumentan que, en su caso, matar no fue un impulso repentino debido a un brote psicótico, como demuestra el hecho de que, la víspera del crimen, calculó a través de su móvil cuánto tardaría su marido en la diligencia que le había encomendado para así tener tiempo suficiente de matar a los niños. Por su parte, el argumento de la defensa es que sufría psicosis de parto, pero la Asociación Estadounidense de Psiquiatría no reconoce la psicosis postparto como una condición médica. Y luego está el asunto de género, que también juega un papel en la controversia. Aquellos que consideran que Lindsay es culpable dicen que, en la sociedad actual, la maternidad está mitificada y cuesta aceptar que una madre pueda matar a sus hijos. De ahí que sean muchos –y en especial muchas– quienes prefieren pensar que estaba enferma. Señalan también que si un padre hubiera hecho lo mismo que Lindsay se le tomaría por un asesino, sin más.
Otro factor que mediatiza la opinión de la gente es el sesgo social. La acusada es blanca, profesional y de clase media-alta. ¿Se la mediría por el mismo rasero si fuera desempleada, negra o latina? Estas y otras consideraciones corren por las redes con posturas irreconciliables. Después de semanas de juicio y más de cuarenta horas de deliberación, el jurado popular compuesto por nueve mujeres y tres hombres no logró alcanzar un veredicto unánime. Once de ellos querían declararla inocente por falta de responsabilidad penal, pero el decimosegundo, un hombre, se negó a apoyar el veredicto de «no culpable por demencia».
¿Qué hubieran hecho ustedes de estar en ese jurado? Lindsay Clancy está en silla de ruedas tras intentar suicidarse, pero, por otro lado, acabó con la vida de dos niños de 5 y 3 años y uno de 8 meses y preparó su crimen con meditada frialdad. También resulta sorprendente la reacción que ha habido en las redes contra el marido. Lo acusan de haberla dejado sola con los niños pese a conocer su estado anímico. ¿Culpable entonces la acusada? ¿O inocente, mientras que los culpables son los médicos, el marido y la sociedad en general?
Desde luego yo, en el caso de estar en ese jurado, no sabría qué votar. ¿Sería capaz de abstraerme de ideas preconcebidas, sensibilidades sociales, prejuicios en uno u otro sentido, y juzgar solo objetivamente? Quiero creer que sí, pero no estoy segura. Cada vez es más difícil soslayar las corrientes de opinión imperantes y tener un criterio propio. Me temo que con tanto ruido y tanta gente juzgando a golpe de impulsos, filias y fobias acaba uno perdiendo la ponderación, y lo que es peor, la noción de lo que está bien y lo que está mal.
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