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De Canadá a Omán: el mundo le pierde el miedo a un Trump que cumple seis meses estancado en su guerra contra Irán

De Canadá a Omán: el mundo le pierde el miedo a un Trump que cumple seis meses estancado en su guerra contra Irán
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Medio año exacto después de los ataques del 28 de febrero contra Teherán, Ormuz sigue bloqueado y Washington ha pasado de las bombas a las sanciones. Más información: EEUU rebaja las expectativas de su 'Día D económico' contra Irán y lo reduce a "advertencia" para China y otros socios de Teherán

Donald Trump emerge de la Casa Blanca para participar en un acto sobre Educación. REUTERS/Jonathan Ernst

EEUU De Canadá a Omán: el mundo le pierde el miedo a un Trump que cumple seis meses estancado en su guerra contra Irán

Medio año exacto después de los ataques del 28 de febrero contra Teherán, Ormuz sigue bloqueado y Washington ha pasado de las bombas a las sanciones.

Más información: EEUU rebaja las expectativas de su 'Día D económico' contra Irán y lo reduce a "advertencia" para China y otros socios de Teherán

Publicada 28 agosto 2026 06:30h Las claves

Las claves Generado con IA

Donald Trump amenazó el pasado 17 de agosto con bombardear Omán si el sultanato “se interponía” en el acuerdo que Estados Unidos negociaba con Irán sobre el estrecho de Ormuz. Lo dijo en una entrevista con el periodista de Fox News Trey Yingst, grosería incluida, a propósito de un país aliado que aloja bases estadounidenses y que lleva medio siglo ejerciendo de intermediario entre Washington y Teherán. El Ministerio de Exteriores omaní no respondió públicamente ni ese día ni los siguientes. Se limitó a ignorar la advertencia. Diez días después, Mascate continúa negociando con los iraníes el reparto del control del estrecho y de los ingresos que genere, que es justo lo que la Casa Blanca quería evitar.

La guerra que iba a durar dos semanas cumple seis meses este viernes. Estados Unidos e Israel la abrieron el 28 de febrero con una campaña aérea que incluyó el asesinato del líder supremo, Alí Jameneí, y con dos objetivos declarados: descabezar al régimen e impedir que Irán llegara a fabricar un arma nuclear.

Medio año después no hay cambio de régimen, no hay acuerdo nuclear, el último alto el fuego expiró el 18 de agosto sin renovación y Trump ha sustituido las bombas por las sanciones.

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El secretario del Tesoro, Scott Bessent, bautizó el lunes 24 el nuevo paquete como un Día D económico y lo presentó como la mayor ofensiva financiera jamás organizada contra un adversario. Ni siquiera la hipérbole sirvió para que Rusia o China levantaran una ceja.

Los datos de estos seis meses explican por qué la Casa Blanca ha cambiado de estrategia.

El tráfico por Ormuz cayó de una media de 95 tránsitos diarios en febrero a unos diez tras el cierre iraní del 1 de marzo; el acuerdo de junio lo recuperó hasta 36 y, desde la reanudación de las hostilidades, el 8 de julio, se ha quedado en una media de quince.

La Organización Marítima Internacional contabiliza 68 ataques contra buques comerciales, uno cada 2,6 días, y calcula que unos 6.000 marineros y 500 barcos siguen atrapados en el Golfo. Las exportaciones iraníes de crudo por el estrecho han pasado de dos millones de barriles diarios a 400.000, según la consultora Kpler.

Con todo, lo más preocupante para Washington es la lista de gobiernos que han comprobado que desobedecer sale barato.

Los aranceles ya habían popularizado el acrónimo TACO - Trump Always Chickens Out, “Trump siempre se acobarda” - entre analistas y operadores de mercado. Trasladado a la política exterior, el efecto es más profundo: el economista Douglas Rediker, de la Brookings Institution, sostiene que los aliados han entendido que ya no hay acuerdos a largo plazo, sino puntuales relaciones transaccionales. Richard Fontaine, director ejecutivo del Center for a New American Security, incide en un punto clave: la retórica intimidatoria ha empezado a darse por descontada y, en consecuencia, ha dejado de intimidar.

Catar pagó por adelantado

El emirato ha sufrido en sus propias carnes lo inútil de seguirle el juego a Trump. La familia real catarí regaló en 2025 a la Casa Blanca un Boeing 747-8 valorado en unos 400 millones de dólares que Trump presentó el 19 de junio de este año, ya reconvertido en Air Force One, en la base aérea de Andrews.

Lo que Doha pretendía comprar con ese gesto está claro… otra cosa es lo que se logró a cambio: los cataríes apenas recibieron aviso del ataque del 28 de febrero, pese a que alojan la mayor base estadounidense de la región; Irán respondió golpeando las instalaciones de gas natural que son la principal fuente de riqueza del emirato…y el cierre de Ormuz dejó sin salida a un gas licuado que solo puede exportarse por mar.

Aparte, ni siquiera el avión ha funcionado como se esperaba. Trump llegó el 7 de julio a la cumbre de la OTAN de Ankara en el aparato catarí, pero regresó al día siguiente en el viejo Air Force One: según el New York Times, el Servicio Secreto advirtió de que las prisas por reacondicionarlo lo habían dejado sin parte de los sistemas defensivos.

El periodista Shane Harris, en un análisis publicado esta semana por The Atlantic, resume la operación con una idea que ha circulado por Washington desde entonces: a Trump se le puede pagar, pero no comprar. Los estados vecinos de Catar pueden sacar su petróleo por tierra y ya planean nuevos oleoductos; el emirato, no.

Sea como fuere, Doha no ha roto con Washington, pero sí ha reconsiderado sus relaciones. El portavoz de exteriores catarí, Majed al Ansari, se negó esta semana a valorar el nuevo paquete de sanciones - la llamada Operation Economic Outcast - alegando que son medidas unilaterales y no de las Naciones Unidas, y reclamó una solución regional y el regreso a la libertad de navegación anterior a la guerra. Catar lleva semanas esperando a que Irán y Omán cierren su acuerdo sobre el estrecho para poder reanudar la mediación con Estados Unidos. De hecho, este jueves se esperaba en Teherán al primer ministro catarí, Mohamed bin Abdulrahmán Al Thani.

Por si eso fuera poco, el actor decisivo para que el tan cacareado ‘Día D económico” funcione tampoco piensa colaborar. China compra la mayor parte del crudo iraní a través de refinerías independientes que ya operan en yuanes y están fuera del sistema del dólar, justo la amenaza más potente de Bessent. Las compras chinas han caído respecto al año pasado, pero por efecto del bloqueo naval estadounidense, no por una decisión política de Xi Jinping.

Los que dijeron que no y la única que sigue tragando

En rigor, los aliados militares de Estados Unidos llevan desobedeciendo a Trump desde marzo. El día 16 de ese mes, Japón, Australia, Alemania y Reino Unido rechazaron sumarse a la coalición naval que Trump había pedido para garantizar la seguridad de Ormuz. La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, recordó que el estrecho quedaba fuera del ámbito de actuación de la OTAN, y el portavoz del gobierno alemán, Stefan Kornelius, sostuvo que la guerra no tenía nada que ver con la Alianza. En abril, cuando Washington impuso el bloqueo naval sobre los puertos iraníes, los socios de la OTAN volvieron a negarse a colaborar.

La negativa no llegó en forma de portazo, sino de contraoferta: Reino Unido y Francia pusieron en marcha la planificación de una misión de seguridad marítima para después de la guerra, un esfuerzo que llegó a reunir a una cuarentena de países - entre ellos España, Italia, Grecia, Países Bajos y Suecia - con la condición explícita de no participar en el conflicto mientras durase. Trump reaccionó el 17 de abril reescribiendo el episodio a su manera: aseguró que había sido él quien había pedido a la OTAN que se mantuviera alejada.

Canadá, además, ha decidido decir basta al matonismo económico de su vecino: las negociaciones para un tratado sin aranceles se rompieron el viernes 21 de agosto, tras lo cual Washington activó de inmediato gravámenes del 50% sobre productos canadienses valorados en 20.000 millones de dólares y Mark Carney respondió el día 25 con represalias equivalentes: setecientos productos estadounidenses gravados, el acero y el aluminio duplicados hasta el 50% y un paquete de 5.400 millones para las empresas y los trabajadores afectados. Hace un año, el primer ministro canadiense había retirado casi todos sus aranceles precisamente para facilitar el acuerdo que ahora ha saltado por los aires.

La Unión Europea es, en cambio, la única que sigue tragando en el terreno económico. El acuerdo comercial pactado en 2025 mantiene un arancel del 15% sobre el 70% de los bienes europeos que entran en Estados Unidos, y Bruselas ha ido encajando los sucesivos incumplimientos. En mayo, mientras los europeos se negaban a enviar buques a Ormuz, Trump anunció que subía al 25% el gravamen a los automóviles alegando que la UE no cumplía lo firmado. La Comisión negó el incumplimiento, dijo que se reservaba opciones para proteger sus intereses… pero no aplicó represalia alguna. El acero y el aluminio europeos siguen gravados al 50%.

Seúl contesta “no, gracias”

Corea del Sur ha llevado el desafío al terreno más delicado de todos. Trump aseguró el 16 de agosto en Truth Social que había preguntado al presidente surcoreano, Lee Jae-myung, si Seúl se sumaría a la “desnuclearización” de Irán y que la respuesta había sido “¡No, gracias!”. No hay confirmación surcoreana de esa conversación y la CNN publicó después una investigación que desmentía todos los elementos del relato, así que conviene tomarlo como es: la versión del presidente estadounidense.

Lo que sí conocemos son las consecuencias: Trump ordenó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, reducir “sustancialmente” las maniobras conjuntas Ulchi Freedom Shield, que arrancaban al día siguiente. Lo hizo sin consultar a Seúl, según funcionarios surcoreanos citados por la agencia Yonhap, y lo justificó con estos dos argumentos: que los ejercicios son caros y que envían una señal hostil a una Corea del Norte que, en sus palabras, no ha sido amenazante y ha sido respetuosa durante su etapa en la Casa Blanca. Trump ha confirmado además que busca una cumbre con Kim Jong-un antes de que termine 2026, posiblemente durante su viaje a Asia de noviembre.

Visto lo visto, la respuesta de Lee ha sido la que cabía esperar de un gobierno que descubre de repente que la garantía de seguridad tiene condiciones no escritas. El presidente surcoreano defendió la solidez de la alianza, pero reclamó reforzar las capacidades de defensa propias y acelerar el traspaso del control operativo de las fuerzas, hoy en manos estadounidenses, antes de que termine su mandato. En Corea del Sur hay desplegados unos 28.500 soldados estadounidenses. Pyongyang, que no ha confirmado ningún contacto reciente con Washington, ha advertido entretanto de que elevará su nivel de disuasión.

El coste de tantas políticas erráticas ya se está notando dentro de Estados Unidos. La media de encuestas de Silver Bulletin situaba el 22 de agosto la aprobación de Trump en el 38%, el peor registro de su mandato, mientras el pronóstico de Decision Desk HQ da a los demócratas como favoritos para recuperar la Cámara de Representantes en noviembre. El Brent cerró el lunes 24 en 93,23 dólares por barril tras dos semanas consecutivas de subidas; antes del 28 de febrero cotizaba en torno a los 73. Una encuesta de Quinnipiac de finales de julio situó en el 60% el rechazo de los votantes a la guerra, el máximo desde que empezó.

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