Lunes, 04 de mayo de 2026 Lun 04/05/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

De las grandes ciudades a un pueblo de Málaga para devolver la vida a un molino del siglo XIX

De las grandes ciudades a un pueblo de Málaga para devolver la vida a un molino del siglo XIX
Artículo Completo 740 palabras
Tras años en Madrid, Barcelona y Berlín, Macarena de Vega regresó a su raíces en Tebas para rescatar un inmueble histórico y convertirlo en un proyecto cultural
De las grandes ciudades a un pueblo de Málaga para devolver la vida a un molino del siglo XIX

Tras años en Madrid, Barcelona y Berlín, Macarena de Vega regresó a su raíces en Tebas para rescatar un inmueble histórico y convertirlo en un proyecto cultural

Regala esta noticia Macarena González de Vega, en el interior del Molino de las Pilas. (SUR)

Julio J. Portabales

Teba

04/05/2026 a las 00:08h.

Hay lugares que no se abandonan del todo. Permanecen en la memoria, en las historias familiares o en los recuerdos que se repiten generación tras ... generación hasta que, en algún momento, alguien decide regresar. Eso fue lo que le ocurrió a Macarena González de Vega con el Molino de las Pilas, una construcción de 1882 situada en Teba que hoy ha recuperado su vida como espacio cultural y alojamiento en plena naturaleza.

El regreso no fue inmediato ni sencillo. Primero llegó la intuición de que aquel espacio no podía perderse, después un proceso largo que se extendió durante años, con fases distintas y no exentas de dificultades. La recuperación del molino comenzó a finales de los años noventa, en una primera etapa impulsada por su madre, y evolucionó con el tiempo hasta el proyecto actual, en el que Macarena ha volcado su experiencia en el ámbito cultural.

Algunos espacios del molino.. (SUR)

Hoy, el Molino de las Pilas combina un pequeño hotel —con cuatro habitaciones dobles y un apartamento— con una programación cultural estable que incluye teatro, música en directo, poesía o encuentros literarios. Lejos de ser un simple alojamiento rural, el espacio se ha convertido en un punto de encuentro que conecta tradición, arte y territorio. Toda la programación e información se recoge en su propia página web.

«Yo vengo del mundo de la cultura y tenía claro que el molino tenía que ser algo más», explica. Esa idea ha dado lugar a un modelo que va más allá del turismo convencional y que apuesta también por el impulso del emprendimiento femenino en el entorno rural. Talleres, actividades y encuentros forman parte de una agenda que busca generar comunidad y abrir nuevas oportunidades en un contexto donde no siempre es fácil innovar.

El entorno

El entorno juega un papel fundamental. Situado a pocos kilómetros del Caminito del Rey y con vistas al paisaje del Guadalteba, el molino ofrece un equilibrio entre cercanía y desconexión. Es un espacio donde se puede pasar la noche, asistir a un concierto o participar en una actividad tan singular como una observación astronómica. También acoge eventos privados, con una oferta adaptada a quienes buscan un lugar diferente.

Pero el proyecto es también, en cierto modo, una historia de cambio personal. Tras años viviendo en grandes ciudades, Macarena encontró en Teba una forma distinta de entender el tiempo y la vida. «En la ciudad todo es más rápido, más competitivo. Aquí he recuperado algo esencial: sentirme persona», resume. A esa decisión se suma además una dimensión familiar, con el cuidado de su madre, de 86 años, como parte de su día a día.

«En la ciudad todo es más rápido, más competitivo. Aquí he recuperado algo esencial: sentirme persona»

Macarena de Vega

Lejos de ser un caso aislado, su historia conecta con un fenómeno cada vez más visible: el retorno al medio rural. En Teba, asegura, son varias las personas que han decidido volver a sus raíces. Un proceso que no solo responde a motivos personales, sino también a una búsqueda de calidad de vida y de sentido.

En ese camino, destaca especialmente el papel de las mujeres. «Hay una sabiduría enorme en el entorno rural», señala, poniendo en valor la red de apoyo, la solidaridad y la experiencia acumulada durante generaciones.

El Molino de las Pilas es hoy el resultado de todo ese recorrido. Un edificio que dejó de funcionar como molino a finales del siglo XIX, que atravesó décadas de abandono y que ahora vuelve a tener vida con un enfoque distinto. No como una pieza del pasado, sino como un espacio que mira al futuro desde la memoria.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir