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De piloto de avión de combate a CEO de la aerolínea Level

De piloto de avión de combate a CEO de la aerolínea Level
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Rafael Jiménez Hoyo está a los mandos de esta compañía nueva, independiente de Iberia desde diciembre de 2024. Literal, porque además de ser su máximo responsable en tierra también es comandante de una línea de largo radio al mes. Leer
DIRECTIVOSDe piloto de avión de combate a CEO de la aerolínea Level 2 FEB. 2026 - 20:42El comandante Rafael Jiménez Hoyos es el CEO de Level desde finales de 2023, una aerolínea de bajo coste y largo radio con 'hub' en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat.

Rafael Jiménez Hoyo está a los mandos de esta compañía nueva, independiente de Iberia desde diciembre de 2024. Literal, porque además de ser su máximo responsable en tierra también es comandante de una línea de largo radio al mes.

A Rafael Jiménez Hoyos (Albacete, 1970) la vocación le viene de niño: "Mi padre era mecánico de aviones en la Base Aérea de Los Llanos, en Albacete, y me llevaba con él.Era suboficial y tenía tal pánico a volar que cuando tenía que hacerlo regresaba hasta con fiebre del miedo que pasaba. Recuerdo que, con cuatro o cinco años, dije que yo me quería dedicar a esto. En mi vida he querido ser otra cosa que aviador", rememora el actual CEO de Level, aerolínea de bajo coste y largo radio delgrupo IAG (dueño de Iberia y British Airways), y también piloto, primero militar. "Me formé en la Academia General del Aire y del Espacio, en San Javier. Yel último año tuve la suerte de poder realizar la especialidad de aviones de combate en EEUU", avanza.

El viaje de vuelta le llevó a la Base de Morón, "pero a un escuadrón español", aclara. Desde allí participó en la guerra de Kosovo antes de regresar a San Javier como instructor y miembro de la Patrulla Águila, equipo oficial de exhibición acrobática del Ejército del Aire y del Espacio de España. Y, tras una trayectoria de 17 años, aprobar el examen para ser piloto civil y la convocatoria de Air Nostrum, Jiménez dejó el ejército. "Siempre me ha gustado mucho volar y ser piloto militar, pero, sobre todo cuando estás asignado a aviones de combate, la vida profesional es como la de un futbolista: el trabajo es tan exigente a nivel físico y de reflejos que con 34-35 años pasas a puestos de gestión", argumenta.

Entonces eligió la aviación comercial, desde comandante también de Clickair, que luego se fusionó con Vueling, a Iberia Express y a Iberia, donde estuvo "11 años y medio en la dirección de producción de toda la aerolínea", resume Jiménez, que lleva un año y medio a los mandos de Level. También literal, porque compagina su función de máximo responsable de esta compañía con hub en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat y líneas a Nueva York, Boston, Miami, Los Ángeles, San Francisco, Lima, Buenos Aires y Santiago de Chile ; con la de comandante. "Siempre pongo una condición: quiero volar", revela.

Al menos un fin de semana al mes, que de lunes a viernes las decisiones de la compañía le atan a la oficina, es el comandante de uno de los Airbus 330 de la compañía, con licencia para operar de manera autónoma e independiente de Iberia desde diciembre de 2024. De Nueva York a Miami. "Me genera mucha satisfacción el hecho de entender que sigo teniendo esta capacidad. Además, me permite comprobar las cosas que hacemos bien, mal y regular. Desde cómo está diseñada la operación a cómo funcionamos en los diferentes aeropuertos", detalla el directivo.

¿Y la tripulación se entera de que despega con el jefe? "Supongo que sí, pero intento pasar lo más desapercibido posible, porque, considero que, cuando me subo a la cabina, ya no soy el CEO de nada, soy el comandante de esa aeronave y he de llevar el avión de A a B de manera segura y eficiente. Punto pelota", responde Jiménez, una rara avis en el sector al ser el máximo responsable en tierra y a veces también a 33.000 pies.

Exigente pero razonable

Sin uniforme ni galones, como ejecutivo, se considera "bastante exigente, aunque, cuando se me conoce en la distancia corta, creo que soy muy razonable. Siempre lo dice mi mujer: como entré con 17 años en el ejército tengo la cabeza muy estructurada. Pero es verdad que, con los años o porque mis hijos me han reeducado al pasar la adolescencia, he conseguido ser mucho más flexible, a entender que no todo es blanco o negro y que entre los grises puede estar la solución. Además, acepto mucho más la incertidumbre y el error", confiesa. "Lo que no soy capaz de asimilar es la deslealtad; no la llevo bien", admite Jiménez.

Esa exigencia para con sus 500 trabajadores (con una edad media de 32 años)se la aplica a sí mismo, quizás herencia castrense: "Todos los días me levanto a las 6:00, salgo a correr y, cuando regreso a casa, para que no me duela la espalda, hago siete ejercicios de estiramiento", revela.

También le ayuda a desconectar y a conectar con la realidad -"porque el problema que tenemos los que llegamos a un puesto directivo es que corres el riesgo de obviar el mundo real y sus problemas"- pasar más horas en el aire. Solo. "Para seguir matando el gusanillo, tengo un pequeño avión acrobático compartido. Si quiero utilizarlo, tengo que abrir el hangar, echarle aceite, remolcarlo... hacer de mecánico, como mi padre, y todo el proceso me abstrae que no te puedes imaginar. Me convierto en un plumilla superbásico. Luego voy al bareto del Aeródromo de Casarrubios a hablar hasta con los que siegan el campo... Esto es el mundo real, no solo estar en un despacho donde casi nadie te lleva la contraria o ir a eventos estupendos en Barcelona", argumenta Jiménez. "Sí, la vida de jefe también requiere bajar al barro", afirma.

La hoja de ruta en este caso la señala IAG. "Al ser una compañía de nueva creación, tenemos que llevar en el ADN la eficiencia, la tecnología y la innovación, que se traduce en un ahorro de costes y en una propuesta a la clientela completamente diferente", explica este directivo de altos vuelos.

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Fuente original: Leer en Expansión
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