A la última
Decretos MaricármenesPodrían haberlo llamado decreto Perseida o, mejor aún, decreto Lágrima de San Lorenzo, lo que al menos introduciría un toque poético en el farragoso mundo de la legislación administrativa
Regala esta noticia Añádenos en Google Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda, en el Congreso de los Diputados. (Marta Fernández / EP)Pío García
Logroño
02/10/2026 Actualizado a las 00:01h.No sé qué dirán los especialistas en retórica, pero lo malo de llamarle Maricarmen a un decreto es que de pronto el asunto pierde gravedad. ... Incluso ha quedado ya desactualizado: el decreto Maricarmen puede servir a muchas personas, pero no a la propia Maricarmen, que por fin ha encontrado su «solución habitacional». La oratoria posmoderna mezcla estos sintagmas rebuscadísimos con el colegueo y, como nadie se detiene a leer lo que luego sale en el BOE, los decretos Maricármenes –porque son dos– acaban ingresando en nuestro fabuloso corpus legislativo al ladito de leyes con nombres tan severos como la Ley de Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas. Es como si en la biblioteca del Instituto Cervantes pusieran junto al Quijote el 'Teo va a la playa'. A mí me emocionó, no obstante, escuchar a Pedro Sánchez decir «Maricarmen, tengo un decreto para ti», con un tono tan melifluo que cerré los ojos y por un momento me pareció estar oyendo a Isabel Gemio.
Estas cuestiones onomásticas en el Vaticano las resuelven mejor. En latín todo suena formidable, apoteósico, como labrado en mármol. Compare usted la encíclica Magnifica Humanitas con el decreto Maricarmen. Tenemos mucho que aprender de León XIV.
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