- De Shakira a Oasis: los viajes musicales también facturan
- Estos son los 50 mejores hoteles del mundo
Las visitas a ciudades menos masificadas, las experiencias privadas y la ultrapersonalización definirán el segmento.
Una exposición que solo ocurre una vez en la década, una gran feria de arte, un aniversario que no se repetirá hasta dentro de cien años o estrenar un icono arquitectónico. A los viajes culturales habrá que hacerles un monumento el próximo año, pues serán uno de los segmentos más demandados y lucrativos del sector.
Marcados por un perfil de turista de alto poder adquisitivo y por la ultrapersonalización, estas son las tendencias que la agencia de viajes Mundo Amigo ha detectado en las escapadas ligadas al arte, la música o la arquitectura de 2027:
- El destino es lo de menos. Una de las transformaciones más claras será el creciente peso del acontecimiento cultural como origen del viaje. "La pregunta deja de ser solo '¿qué puedo visitar en Berlín?' para convertirse en '¿cuándo reabre el museo de Pérgamo?'. Lo mismo sucede con una bienal, una gran exposición, un festival de música o una cita que se celebra cada diez años" afirma Mikel González, director de Mundo Amigo.
- Un año lleno de efemérides. Los grandes museos tienen cada vez mayor capacidad para generar desplazamientos, pero esto se eleva a la máxima potencia cuando reabren tras una transformación. La reapertura del Museo de Pérgamo el 4 de junio será una de las más esperadas de Europa, ya que volverán a ser accesibles el Altar de Pérgamo y los conjuntos helenísticos, mientras el Museo de Arte Islámico presentará una colección completamente renovada en el ala norte. Los aniversarios también coparán el calendario viajero con efemérides como la del 450 aniversario del nacimiento de Peter Paul Rubens. "La tendencia no consiste únicamente en descubrir lugares nuevos. También en regresar a ciudades conocidas porque aparece una razón cultural completamente nueva para hacerlo".
- Más allá de las capitales típicas. París, Roma o Londres seguirán siendo fundamentales, pero el viajero cultural buscará territorios menos previsibles. Para González, se descantará por destinos como Azerbaiyán, "con la transformación urbana de Bakú que permite recorrer en una misma ciudad diferentes lenguajes de la arquitectura internacional contemporánea como el Heydar Aliyev Center de Zaha Hadid Architects, su gran icono contemporáneo. El interés no reside únicamente en los edificios: la arquitectura se convierte en una herramienta para comprender cómo un país quiere proyectarse hacia el exterior".
- Desde otro prisma. Innovar no está reñido con volver a destinos conocidos para verlos desde otro prisma. La cultura se entremezcla más que nunca con otros motores del sector como la gastronomía, la naturaleza o la enología. Un ejemplo es Argentina, como explica el directivo: "En Salta, el Museo James Turrell de Bodega Colomé introduce la obra del artista estadounidense en pleno paisaje andino. Y, en Mendoza, Espacio Killka, en Bodegas Salentein, reúne arte, arquitectura, viticultura y naturaleza".
- Escapadas híbridas. Los viajes se han vuelto híbridos y las distintas disciplinas artísticas dialogan: "El resultado son itinerarios menos fáciles de etiquetar: ya no son exclusivamente viajes de arte o arquitectónicos. Son recorridos construidos alrededor de una historia cultural más amplia".
- El nuevo lujo es poder acceder. El lujo cultural está cambiando de significado. El alojamiento seguirá siendo importante, pero la verdadera exclusividad es acceder a un espacio artístico cerrado habitualmente, una visita privada, un especialista que permita interpretar una colección o un encuentro con un conservador. Es decir, "contemplar una obra sin convertir el viaje en una sucesión acelerada de visitas", sentencia.
- Más viajes de autor. Durante años, buena parte del turismo cultural se ha construido alrededor de listas: los diez museos que había que conocer o las capitales que había que visitar al menos una vez. "Itinerarios organizados alrededor de un artista o un tema concreto" se priorizarán.
- Romper la estacionalidad. El calendario cultural no suele coincidir con los periodos vacacionales, lo que es una rentable herramienta de desestacionalización. Por ejemplo, Tefaf (Maastricht) se celebra en marzo y la Bienal de Arquitectura de Venecia, en mayo. "También explica por qué determinadas ciudades vuelven a generar interés aunque el visitante ya las conozca. La fecha de una exposición, una reapertura o un festival crea una razón temporal para regresar", concluye González.