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Del cerdito a la pantalla: cómo enseñar a ahorrar a los niños con dinero invisible

Del cerdito a la pantalla: cómo enseñar a ahorrar a los niños con dinero invisible
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La desaparición gradual del efectivo obliga a las familias a reinventarse para enseñar a sus hijos que un clic también te vacía la cuenta
Del cerdito a la pantalla: cómo enseñar a ahorrar a los niños con dinero invisible

La desaparición gradual del efectivo obliga a las familias a reinventarse para enseñar a sus hijos que un clic también te vacía la cuenta

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Ivia Ugalde

13/09/2026 Actualizado a las 00:09h.

Durante generaciones, la hucha hizo de profesora sin que nadie se lo pidiera. Inseparable figura de la infancia, era el primer contacto de los niños ... con ese concepto que los mayores llamamos la economía de ahorro. Al entrañable cerdito había que alimentarlo pacientemente, moneda a moneda, resistir la tentación de abrirlo y, cuando por fin llegaba el día de vaciarlo, el preciado botín estaba ahí. Sobre la mesa. Se podía tocar, contar, ordenar en montoncitos y comprobar si lo atesorado alcanzaba para comprar aquello que se quería.

Para resolver esta problemática cuestión, Ana Asensio, psicóloga de Vidas en Positivo, invita a entender en primer lugar que «la comprensión del dinero se construye progresivamente». Hasta los 6 o 7 años, «el niño entiende mejor lo que puede ver y tocar». Entre los 8 y los 10 empiezan a desarrollar la «capacidad de posponer una recompensa porque 'si me gasto esto ahora, no lo tengo para después'». Y ya en la adolescencia, a los 12 o 13 años, «pueden comprender las consecuencias de una compra, pero aún les cuesta frenar el impulso de hacerla».

Con un cerebro aún inmaduro, la facilidad de realizar pagos digitales ejerce un efecto anestesiante que reduce el 'dolor' asociado a un pago. No es solo una metáfora, sino un fenómeno neurobiológico documentado. «Cuando basta con acercar una tarjeta, un reloj o un teléfono, se reduce la sensación de desprendimiento», advierte Asensio. Con el efectivo, en cambio, se hace muy evidente la renuncia porque «entrego algo que era mío y veo cómo desaparece de mi cartera». ¿Se trata entonces de volver al cerdito de barro? No precisamente. «No hay que demonizar el dinero digital, pero sí evitar que los niños pasen a él sin construir una representación concreta y una experiencia de trueque», sostiene la experta. María Eugenia Cadenas, coordinadora de Educación Financiera de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) coincide en que el aprendizaje debe ser progresivo: «Conviene empezar con pocas cantidades en efectivo para visualizar cuánto se tiene y cuánto se gasta. Una vez adquiridas estas nociones, introducir tarjetas o aplicaciones con límites y supervisión».

El Banco de España, en su informe 'La Educación financiera en edades tempranas', explica que las familias juegan un rol esencial en estos nuevos tiempos porque «los niños aprenden el comportamiento financiero observando e imitando a sus padres y a otras personas cercanas». El organismo financiero, al igual que la CNMV, recomienda en las primeras etapas combinar una paga física y otra digital, e incide en la necesidad de hacer pedagogía de la transacción invisible y hablar del dinero con naturalidad.

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    La hoja de gastos tradicional sigue funcionando

Aterrizando el concepto a la vida cotidiana, bastaría con explicar qué acaba de pasar cuando usamos la tarjeta en el supermercado. No es necesario convertir la experiencia en una clase de economía, sino de conectar los puntos que la tecnología ha separado: comprar, pagar y tener menos dinero después. En definitiva, lo que antes sin gran esfuerzo nos enseñaba la hucha. Por eso, para entenderlo mejor, siguen funcionando recursos aparentemente poco sofisticados como una hoja pegada a una nevera, una barra que se va coloreando o unas pegatinas para devolver al terreno físico lo intangible. No en vano, como subraya Asensio, «el dinero digital necesita una educación más explícita porque tiene menos límites visibles».

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    Recupera las subcuentas de toda la vida

Existe asimismo una antigua fórmula que tampoco ha envejecido mal y que promueven el Banco de España y la CNMV. Consiste en enseñar a los niños a separar el dinero en subcuentas. Una parte sería para gastos inmediatos y la otra para objetivos a largo plazo. «Por ejemplo, el menor podría destinar 5 euros de una paga de 20 a una hucha virtual para ahorrar para una bicicleta», explica Cadenas.

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    Pedagogía del error

Dejar que los niños se equivoquen forma parte del aprendizaje. «Es importante permitir errores y evitar rescatar constantemente a los niños cuando se quedan sin dinero. Aprender a gestionar las consecuencias es clave para desarrollar responsabilidad», apunta el Banco de España. Asensio avala la misma recomendación porque «experimentar las consecuencias de una mala decisión también educa».

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    Las pausas de 24 y 48 horas

El cerebro debe aprender a esperar. Por eso, para determinados gastos, Asensio propone establecer una pausa de 24 o 48 horas. «Muchas veces descubrirán que aquello que parecía imprescindible ayer, hoy ya no lo quieren tanto», detalla. De igual manera, invita a los padres a hacer revisiones periódicas de los movimientos del dinero con sus hijos. No desde el control o el reproche, sino para reflexionar juntos.

El aprendizaje financiero va mucho más allá de la mera gestión económica. Como advierte Asensio, es también autorregulación, capacidad de espera, tolerancia a la frustración y en ese camino «aprender a introducir una pausa entre el deseo y la acción es una de las grandes tareas educativas de la infancia y la adolescencia».

Herramientas de pago digital según la edad

No existe una regla única para introducir el pago digital entre los menores. Todo depende de la madurez y la educación financiera recibida. El Banco de España, no obstante, recomienda que entre los 6 y los 10 años los niños observen y simulen para distinguir entre dinero físico y «números en la pantalla». A partir de los 11 y hasta los 15, pueden aprender a realizar pagos móviles y seguir el saldo en tiempo real con Bizum supervisado y tarjetas prepago. Entre los 16 y los 18 ya podrían manejar una operativa bancaria completa, gestionar presupuestos y ahorro a largo plazo. En cualquier caso, el organismo insta a los adultos a «fijar importes máximos por compra, crear alertas de saldo y autorización parental para ciertas operaciones». También insiste en que es clave inculcar la paciencia y la «gratificación diferida» para que un simple clic no derive en compras compulsivas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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