Una mujer vitorea en un mitin reciente del partido Tisza, al que pertenece el líder de la oposición a Orbán. Reuters
Protagonistas Del Orbán 'antigénero' al plan reformista de Magyar: Hungría abre la puerta a un posible giro en los derechos de las mujeresEl líder de Tisza se desmarca de la hostilidad del anterior dirigente con un programa que ha logrado el beneplácito del 70% de los jóvenes.
Más información: Péter Magyar inaugura la era de "una Hungría libre y europea" tras 16 años de "régimen criminal" de Viktor Orbán
Elena Pérez Publicada 14 abril 2026 02:50hEl pasado domingo, 12 de abril, el pueblo magiar dio su veredicto en las urnas. Con una participación en un nivel récord cercano al 80%, las elecciones pusieron fin a 16 años de Gobierno ultranacionalista encabezado por Viktor Orbán para dar paso al centroderechista PéterMagyar, líder de Tisza, adscrito al Partido Popular Europeo (PPE).
La victoria fue contundente. Con una supermayoría parlamentaria de 138 escaños frente a los 46 del partido gobernante, tiene ahora la capacidad de reformar la Constitución y desmontar parte del entramado legal construido durante más de una década por su rival. Para muchos líderes europeos, el resultado marca el inicio de una nueva etapa política en el país.
Pero Magyar no es un recién llegado. Durante años formó parte del entorno de poder de Orbán antes de romper con el Gobierno en 2024, en plena crisis política. Su perfil combina experiencia interna con una imagen más moderna, más alineada con Bruselas en un contexto de fondos bloqueados y descontento social por la degradación del Estado de derecho.
Péter Magyar, el 'emperador' conservador que ha tumbado a Orbán y a la corrupción para devolver a Hungría a la UEEse equilibrio le ha permitido atraer tanto a votantes conservadores como a sectores descontentos con el desgaste del sistema. Sin embargo, apenas dos días después de su victoria, empiezan a surgir las incógnitas. La relectura de su programa electoral deja una pregunta en el aire: ¿qué lugar ocupan las mujeres en la nueva nación que promete construir?
El punto de partida es, per se, retador. Hungría se sitúa entre los países con peores resultados en igualdad de género de la UE. Según el Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE), alcanza 51,6 puntos frente a una media europea de 63,4, colocándose en el penúltimo lugar del ranking.
Protesta contra Viktor Orbán antes de las elecciones parlamentarias, el 10 de abril de 2026 en Budapest. Lisi Niesner Reuters
Pero más allá de la posición, los datos reflejan desigualdades persistentes. La brecha salarial alcanza el 17,8% y las mujeres siguen infrarrepresentadas en los espacios de poder: sólo el 14% del Parlamento está compuesto por diputadas y no hay ninguna en el Ejecutivo.
Y hay dos datos que impactan especialmente en el análisis del IEGE: el 49% de las húngaras han sufrido violencia física o sexual desde los 15 años —18 puntos porcentuales por encima de la media comunitaria— y alrededor del 42% de las víctimas contabilizadas en los últimos 12 meses desde la elaboración del informe no se lo habían contado a nadie.
La Hungría de Orbán
Durante los 16 años del partido Fidesz en el poder, la igualdad quedó subordinada a una agenda centrada en la familia y la natalidad. El Ejecutivo impulsó políticas para incentivar los nacimientos y reforzar el modelo familiar tradicional, al tiempo que rechazaba el enfoque feminista promovido en otros países europeos.
Orbán llegó a calificar esta visión como una "locura de género" y situó su rechazo como uno de los ejes de su discurso. En ese contexto, Hungría firmó el Convenio de Estambul, el principal tratado internacional para combatir la violencia contra las mujeres, en el año 2014, pero nunca ha llegado a ratificarlo.
A este posicionamiento se ha sumado un goteo de reacciones controvertidas a lo largo de los últimos años, desde la puesta en cuestionamiento de la validez de los estudios de género como enseñanza universitaria a las restricciones en las marchas del Orgullo, consolidando una deriva que numerosos analistas han definido como iliberal.
Orbán prosigue con su agenda contra el colectivo LGTBI: Hungría prohíbe el Orgullo para "defender a los menores"La cuestión del aborto
El ámbito de los derechos reproductivos fue uno de los más sensibles durante el mandato de Orbán. Según informaba Amnistía Internacional en un informe publicado en noviembre, el país ha ido introduciendo en los últimos años barreras adicionales al acceso al aborto, la anticoncepción y la planificación familiar.
Es una tendencia que la organización enmarca dentro de un fenómeno más amplio: el auge de los movimientos "antigénero" en Europa. El documento When Rights Aren't For All describe cómo estos grupos han convertido la sexualidad en un campo de batalla ideológica bajo la defensa de los "valores tradicionales".
En Hungría, aunque la interrupción voluntaria del embarazo es legal hasta la semana 12, el Gobierno aprobó en 2022 un decreto que obligaba a las mujeres a escuchar los latidos del feto antes de llevarlo a cabo.
Dos años antes firmó la declaración del Consenso de Ginebra, junto a países como EEUU, en defensa sin concesiones de la familia tradicional.
Dos mujeres sentadas delante de una pancarta electoral con el rostro de Orbán. Reuters
Este desplazamiento también es institucional. "No existe ninguna legislación que aborde la igualdad, ni órganos representativos dedicados a ella, ni una presupuestación con perspectiva de género en la administración pública nacional", explica María Solanas, directora de Programas y experta en Género en el Real Instituto Elcano.
La falta de estructura se refleja también en la ausencia de financiación pública. Según detalla la experta, desde 2010 no ha habido un apoyo gubernamental sostenido a organizaciones de la sociedad civil que trabajan en los derechos de las mujeres, así como tampoco existe obligación legal de recopilar datos desagregados por sexo.
Este marco ayuda a explicar los resultados actuales. Hungría no solo se sitúa en los últimos puestos del índice del EIGE; de hecho, ha ampliado su distancia respecto a la media europea en los últimos años. El retroceso es especialmente acusado en la dimensión de poder, donde el país ocupa la última posición entre los 27 Estados miembros.
Magyar, ¿reformista... prudente?
Frente a este contexto, el programa de Tisza introduce un cambio de enfoque. La equidad de oportunidades se incorpora como parte de una agenda social más amplia, con medidas dirigidas a corregir desigualdades en el ámbito laboral, económico y sanitario.
El propio documento lo formula de manera explícita: "Hungría necesita una sociedad más justa y más humana. Un país en el que nadie salga perjudicado por ser mujer. Hoy ellas trabajan más, ganan menos y tienen menos influencia en las decisiones que los hombres. Tisza pretende cambiar esto”.
El programa concreta algunas líneas de actuación. Entre ellas, "hacer cumplir de manera coherente el principio de igualdad salarial, apoyar formas flexibles de empleo y fomentar la creación de lugares de trabajo para ayudar a equilibrar el trabajo y la vida familiar”, en un país donde solo el 6,2% de los trabajadores tiene acceso a empleo a tiempo parcial.
Por qué las europeas no vivirán en igualdad hasta al menos 2075: cobran menos, cuidan más y siguen lejos del poderTambién propone crear la figura del ombudsman (Defensor del Pueblo) para la Igualdad de Trato, "dar prioridad a las familias monoparentales” en el acceso a vivienda y "garantizar una atención obstétrica humanizada y tratamientos de fertilidad eficaces", así como atajar la pobreza menstrual asegurando el acceso a productos básicos.
El programa conecta con algunos de los principales desequilibrios estructurales señalados por el EIGE: reconoce la escasa presencia femenina en la toma de decisiones y plantea "garantizar su representación en la vida social y política", en un país en el que no es posible pensar en una sola mujer ministra porque no la hay.
Peter Magyar pronuncia un discurso durante un mitin de campaña electoral en Miskolc, Hungría, el 10 de abril de 2026. Marton Monus
También apunta al peso de los cuidados no remunerados, que recaen de forma desproporcionada sobre ellas, limitando su participación laboral. Según los datos disponibles, el 47% de las madres dedica más de cinco horas diarias a esta labor, frente al 22% de los varones, y casi la mitad realiza tareas domésticas a diario.
Pese a estas propuestas, cercanas a un reformismo moderado, el programa presenta algunas lagunas. La periodista experta en asuntos comunitarios europeos Ashifa Kassam señalaba recientemente en The Guardian que el proyecto político de Magyar es "escaso en detalles", lo que incluye también cuestiones sensibles como el género o los derechos LGTBI.
"Esto se debe en gran medida a una estrategia deliberada: llevó a cabo una campaña rigurosa, manteniendo un mensaje coherente para evitar dar pie a las críticas del 80% de los medios de comunicación húngaros, controlados por los leales a Fidesz", publicaba la corresponsal.
A juicio de Solanas, "la música es distinta, pero aún no conocemos la letra. Un primer dato relevante será el diseño de su gobierno, las prioridades y los hombres y mujeres que las lideren. En la campaña evitó cualquier asunto que vinculara su proyecto con una 'agenda globalista de género y LGTB', bandera que encabezó Orban como eje central de su guerra cultural".
Sin embargo, matiza, defendió la necesidad de hablar de los temas "que afectan a las mujeres y, en particular, sobre la violencia contra ellas cuando innumerables conciudadanas están muriendo a causa de ella y fingimos que no ocurre. Un posicionamiento proeuropeo debería incluir asumir activamente un compromiso con los estándares del bloque en esta materia".
La especialista del Real Instituto Elcano también pone el foco en la gran discusión pendiente del Convenio de Estambul, en vigor en la UE desde 2023: "Sabemos que Péter Magyar ha mostrado disposición a debatir sobre él, pero no ha ido más allá ni ha afirmado su posición al respecto".
En este sentido, el tratado define y tipifica como delito diversas formas de violencia contra la mujer, la física, sexual y psicológica; el acoso sexual; la mutilación genital femenina; y el matrimonio, el aborto y la esterilización forzosos.
"Sin duda, la ratificación sería señal de su agenda proeuropea y de su voluntad de poner en marcha las medidas que impulsa el Convenio", asegura.
Un grupo de mujeres portan antorchas durante un mitin del líder de Tisza. Marton Monus Reuters
"Sería parte de la letra proeuropea que afirma defender", concluye la experta, coincidiendo su victoria con un año en el que otros países, como Letonia, atestiguan el surgimiento de grupos políticos conservadores favorables a la salida de este tratado internacional jurídicamente vinculante.
"El corazón de Europa late con más fuerza en Hungría": Von der Leyen, eufórica tras la victoria de Péter MagyarDurante su campaña, Magyar ha sido, en gran medida, un candidato de perfil carismático —hasta el punto de que algunos lo han apodado Slim Fit Jesus por sus camisetas ajustadas— y ha logrado conectar especialmente con los votantes más jóvenes: el 73% de los de entre 18 y 29 años y el 68% de los de entre 30 y 39 le dieron su apoyo, según la encuestadora Medián.
Sin embargo, el voto dibuja una paradoja. Aunque habría sido el candidato preferido tanto por hombres como por mujeres, los sondeos muestran una ventaja clara entre el electorado masculino, con apoyos que superan el 50%, mientras que entre ellas ese respaldo se sitúa en torno al 45%.
Ahora, con una mayoría suficiente para reescribir buena parte del sistema político húngaro, Magyar afronta ahora el reto de convertir sus promesas en políticas concretas. Mientras Bruselas espera reformas institucionales y señales claras de alineamiento, el alcance de su agenda en materia de igualdad sigue siendo una incógnita.
El cambio político ya se ha producido. El social —y, en particular, el de los derechos de las mujeres— está aún por definirse.