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Carlos Wagner debuta en el Teatro Real con una nueva producción de 'Manon Lescaut', de Giacomo Puccini, que abrirá la temporada operística madrileña. El director venezolano apuesta por una escenografía simbólica, concede libertad interpretativa a los cantantes y reivindica la vigencia de la ópera ante el público contemporáneo.
Más de 640.000 personas se apellidan Wagner en todo el mundo. De ellas, el 46% tienen nacionalidad alemana. Era de esperar. El resto se reparten en 154 países, siendo Estados Unidos y Austria los que registran el mayor número de wagners. Es un apellido poco común, pero muy conocido gracias a Richard Wagner, compositor alemán de algunas de las óperas más reconocibles de la historia. Entre ellas, la tetralogía El anillo del nibelungo -compuesta por El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses-. Este ilustre representante de los Wagner no viajó nunca a Venezuela -al menos no consta que lo hiciera-, pero allí hay 199 personas que comparten un apellido que en alemán significa carrocero o constructor de carros. Entre ellos, Carlos Wagner, que, sin compartir ni un gramo de material genético con el autor de Tristán e Isolda o Parsifal, encontró en la ópera su vocación. "El reto es combinar el trabajo actoral con las exigencias del canto, y eso es un juegos de malabares muy delicado", reconoce el director de escena venezolano, que formó parte ayer de la presentación en el Teatro Real de una nueva producción de Manon Lescaut, de Giacomo Puccini.
La ópera, que da inicio a la nueva temporada del escenario madrileño y que podrá verse del 23 de septiembre y el 11 de octubre, es la tercera de las diez que compuso el autor italiano y revelaba ya algunos de los rasgos que definirían su producción futura. Entre ellos, la sensibilidad para explorar la psicología femenina, la delicada expresividad melódica, el refinamiento y la riqueza de la orquestación y una increíble capacidad para crear atmósferas dramatúrgicas, con personajes casi reales y tangibles que empatizan con el público. A partir de aquí, Wagner ha concebido esta nueva producción como una "rueda de la fortuna", en la que los acontecimientos se suceden vertiginosamente, un carrusel movido por la pasión, el deseo y el amor, sentimientos que atrapan a los protagonistas en un implacable movimiento de eterno retorno.
El director de escena Carlos Wagner debuta en el Teatro Real con una nueva producción de 'Manon Lescaut', de Giacomo Puccini. Tras formarse como actor en la Guildhall School of Music and Drama (Londres), se inclinó por la ópera tras asistir en Berlín a una clase magistral de la legendaria directora de escena alemana Ruth Berghaus. Ha trabajado en la Royal Opera House de Londres, el Gran Teatre del Liceu, la Korean National Opera de Seúl o en festivales como el de Leipzig.Una puesta en escena entre el símbolo y el verismo
Dominada por un tiovivo en el primer acto, una cárcel en el segundo y un descampado fantasmal en el tercero, la escena de esta producción con la que debuta Wagner en el Teatro Real no compite con la rica y compleja música de Puccini. "Optamos por una escenografía -a cargo de Frank Schusman- que contiene muy pocos elementos para no sobrecargar. Cada acto tiene un ambiente y un contexto completamente diferentes. Intentamos complementar estos ambientes con un mínimo de detalles, manteniendo siempre el carrusel de la vida como símbolo e imagen central. Puccini pide un realismo casi cinematográfico y no fue nada fácil intentar crear una escenografía simbólica y algo abstracta para una ópera tan arraigada en el verismo", reconoce Wagner, que agradece "el apoyo, la pasión y la humanidad" del equipo de Teatro Real.
En colaboración con la Ópera de Colonia, donde se estrenó el año pasado, la producción está dirigida musicalmente por el director honorario del Teatro Real, Nicola Luisotti, e interpretada por figuras como Sondra Radvanovsky, Saioa Hernández, Michael Fabiano, Jorge de León, Lucas Meachem, Szymon Mechlinski, Alejandro del Cerro o Albert Casals. ¿Cómo le gusta dirigir? "Prefiero no dar instrucciones sobre cómo interpretar un papel. Después de explicar mi concepto inicial y mi interpretación de la obra, durante los ensayos suelo limitarme a definir metas. El camino para llegar a ellas se lo dejo al cantante. Ellos saben mucho mejor que yo cómo llegar al objetivo teniendo en cuenta los retos que plantea la obra desde el punto de vista del canto", explica Wagner.
Una ópera escrita para otro tiempo que sigue hablando al presente
Otra de sus características como director de escena es la de tratar de acercar al público de hoy óperas que fueron escritas para otro momento de la historia. "Las grandes obras, desde los antiguos griegos hasta el teatro contemporáneo, nunca pierden su sentido. No entiendo por qué muchos temen que la ópera no sea actual. Una parte muy importante de lo que ofrece, por ejemplo, Netflix, abordan temas históricos o fantásticos como ocurre en la lírica, y tienen un éxito increíble. Manon Lescaut es un retrato psicológicamente muy moderno de lo que son el amor, la posibilidad y el deseo de ser libre y nos da lecciones de las que podemos aprender todos".
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