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Dentro de la 'rave' de Albacete, donde "todo es autogestión" y "sirve el trueque": "Si tú no tienes comida y yo tengo bebida; si yo tengo marihuana y tú... hay trato"

Dentro de la 'rave' de Albacete, donde "todo es autogestión" y "sirve el trueque": "Si tú no tienes comida y yo tengo bebida; si yo tengo marihuana y tú... hay trato"
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Hasta 3.500 personas permanecen acampadas en el entorno del embalse del Cenajo, en el festival ilegal anual Leer

Desde el último control de la Guardia Civil hasta el descampado en el que se ubican los escenarios hay, al menos, 20 kilómetros. Al ser un trayecto a recorrer por carreteras comarcales y, en un buen tramo, caminos de tierra, la ruta en coche se alarga más de una hora. Andando, son varias. La rave ilegal que, desde la pasada Nochevieja, se celebra en el entorno del embalse del Cenajo (Albacete) es una fiesta absolutamente aislada, incomunicada, oculta, sumergida. Porque eso es, precisamente, lo que buscan quienes llevan días acampados allí. Un lugar sin normas. «Esto es otro mundo», dice uno de los participantes mientras camina hacia el primer escenario. «Disfrutad», añade antes de despedirse.

Un dispositivo formado por 300 agentes de la Guardia Civil mantiene un cerco perimetral sobre la zona donde se ubica la rave, para impedir que se sumen más participantes y vehículos. Pero todavía hay un cierto goteo de llegadas: de personas que no supieron de esta fiesta ilegal hasta que ya estuvo bien asentada y que han querido unirse después.

Los primeros participantes consiguieron establecerse la pasada Nochevieja, tras dos intentos previos que los agentes frenaron. Desde entonces, buena parte de los que llegan nuevos hacen el tramo final a pie -o vía autostop-, por lo que todavía pueden verse, a lo largo de esos 20 kilómetros que separan el control policial de la fiesta, algunos grupos de mochileros. Otras personas, incluso, han logrado entrar con el coche.

El casi atropello a un guardia civil durante la celebración de la Rave en Hellín@AUGC_Comunica (Vídeo)

«Llegamos a la zona ayer [por anteayer, el día 1] y no hemos conseguido entrar hasta esta mañana [ayer por la mañana, día 2]», cuenta una joven que prefiere no dar su nombre, y que va camino de su vehículo cuando son las siete de la tarde. Es su primera vez en una rave de estas características, pero se animó a ir porque otro amigo suyo sí había estado en algunas similares. «Yo iba a las que se organizaban por Granada, que no eran por Año Nuevo, sino más en primavera», relata este, que se dice sorprendido por la magnitud que ha adquirido esta Big Fucking Party -así se llama- y lo «bien que funciona» a nivel organizativo.

La oscuridad es protagonista en esta rave, pues aunque los coches mantienen alguna luz encendida y los escenarios tienen paneles luminosos, estos dan un alumbrado tenue que contribuye a la opacidad del ambiente. Esto hace, también, que pocos sean los que pueden trazar un mapa mental preciso del terreno. «Llevo dos días aquí y no tengo ni idea», responde una joven a la pregunta de cuántos escenarios hay instalados en el recinto. Otros, que vienen de dar una vuelta por toda la zona, han contado «siete u ocho». Tres de ellos destacan por su tamaño y por la instalación de altavoces que los componen. En uno, incluso, los asistentes bailan pegados a estos artefactos, al son no tanto de la música, sino de la vibración.

Una persona hace malabares con fuego en la 'rave'.

El paisaje recuerda, por muchos momentos, a la fotografía de Sirat, la película española candidata a los Oscar. Alrededor de cada uno de los escenarios se forma una plaza improvisada con puestos de comida y bebida, regentados por los propios asistentes. Los hay que ofrecen cócteles, un par de ellos con pizzas hechas a la brasa y también alguno que cocina guisos. «Lentejas», anuncia un cartel.

«Aquí funcionamos con dinero, pero, si no lo hay o se te acaba, también sirve el trueque», cuenta un joven de unos 30 años que camina por una de las arterias -improvisadas- que vertebran el campamento. «Si tú no tienes comida y yo no tengo bebida, llegamos a un trato», ahonda, y explica que esa máxima se aplica con cualquier cosa que puedan intercambiar: «Si yo tengo marihuana y tú...».

Un francés y un alemán conversan frente a la furgoneta de uno de ellos, que le ofrece al otro sentarse a tomar algo en la mesa de camping que tienen instalada a modo de porche. Para ambos es la primera vez en la Big Fucking Party y se muestran sorprendidos de la cantidad de gente que, al caer la noche, empieza a salir de sus alojamientos portátiles -caravanas, furgonetas, coches, tiendas de campaña...- para dirigirse a la zona principal, donde está la música. «Música gratis», es lo que pone en valor otro joven asistente, que se dirige a su vehículo tras pasar un rato en el primero de los escenarios, que ofrece música tecno y electrónica 24 horas al día.

A los centenares de franceses -mayoritarios junto a los españoles-, italianos e ingleses que pernoctan en este paraje natural albaceteño se suman, a ratos, los curiosos de los pueblos aledaños, que se acercan «a dar un paseo y ver qué hay». «Ya que nos pilla al lado», dice una mujer, que llega al recinto acompañada de sus hijos. «Se va a notar que somos del pueblo», comentan entre ellos en un grupo de jóvenes que también hace la ruta desde municipios como Férez, de 604 habitantes, el más cercano. «Es interesante, merece la pena verlo», valora un vecino que ya regresa de vuelta a casa. Todos coinciden en que la fiesta ilegal no está suponiendo problemas en los pueblos circundantes, pues ni siquiera el sonido se escucha una vez fuera de la zona cero.

Agentes de la Guardia Civil examinan un vehículo en el control.

«Hay mucho estigma», lamenta uno de los jóvenes participantes, que critica que se les señale por hacer una fiesta «que no molesta» -aunque no cuenta con los permisos y autorizaciones necesarios y en ella se consumen drogas-. «Hay un orden y todo está organizado y funciona», ensalza. Cada vehículo cuenta con su propia bolsa de basura -atada al espejo retrovisor- para recoger y hay varias personas que se encargan de ordenar el tráfico y ayudar a maniobrar a las furgonetas de mayor tamaño que quieren moverse por los caminos, estrechos, que conducen a la rave. Son entre 2.000 y 2.500 vehículos los que han llegado a esta fiesta ilegal, lo cual dificulta mucho el tránsito. Pero se apañan, sin prisas ni pitadas. «Aquí todo es autogestión».

Sin embargo, esa dificultad para acceder a la zona mantiene alerta a la Guardia Civil, que ayer advirtió de que se prevé una «meteorología adversa» en las próximas horas, con lluvia y nieve, que podría complicar las labores en caso de desalojo. Las fuerzas y cuerpos de seguridad no tienen previsto entrar a expulsar a los participantes de la rave, según explican desde la Subdelegación del Gobierno, pero la estimación de Guardia Civil es que hasta 3.500 personas han acampado en la zona, lo cual complicaría la salida si hay que hacerlo de forma precipitada.

De momento, las autoridades prevén que puedan permanecer allí hasta el 6 o 7 de enero -el año pasado, que fue la rave de Año Nuevo más larga, se extendió hasta el día de Reyes-. Los asistentes, en su mayoría, dicen desconocer cuándo marcharán. Muchos suman ya su tercera noche desconectados del mundo convencional -apenas se ven móviles en la zona de escenarios-, y no parecen echarlo de menos. «Disfrutar» es lo que recomiendan hacer, y hacen.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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