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Diébédo F. Kéré: «Yo hablo de volver a llevar a las personas a la Arquitectura»

Diébédo F. Kéré: «Yo hablo de volver a llevar a las personas a la Arquitectura»
Artículo Completo 1,447 palabras
En coherencia con la tradición de la que procede, el burkinés Diébédo Francis Kéré (1965) explica su arquitectura mediante relatos. Con ellos, recogidos ahora en 'Building Stories' (Taschen), reivindica que construir debe ser una tarea ligada a las personas y los lugares, surgida de la escucha y el trabajo colectivo. Cuando los focos mediáticos se desviaron de los iconos y trasladaron su atención a arquitecturas que hasta entonces habían tratado de manera anecdótica, Kéré ya había construido en Gando, su aldea natal, una escuela. Ese radical giro hizo de él una figura referente, llevándolo incluso a ganar el Pritzker en 2022. —Ha titulado este libro 'Building Stories' y en él presenta cada uno de sus proyectos como una narración en cuyo argumento se entretejen su propia biografía, la de las comunidades en las que trabaja y la arquitectura.—Procedo de una cultura en la que la tradición se transmite narrando historias. Por eso, antes que mediante una monografía de arquitectura al uso, el mejor modo en que podía explicar mis proyectos y mi trabajo era contando la historia de cada uno, hablando también de las personas que los han hecho posibles. —Usted se considera esencialmente un 'hacedor', no un 'intelectual'.—Fui al colegio porque mi padre quería que aprendiera a leer y a escribir. Luego vine a Alemania para formarme como carpintero y regresar luego a mi país. Sin embargo, me quedé aquí para estudiar Arquitectura. Construí mi primer edificio siendo aún estudiante, y no porque fuese especialmente talentoso, sino motivado por las condiciones de mi aldea, la necesidad de abrir oportunidades para mi comunidad. Por eso digo que mi aproximación a la arquitectura no es de carácter intelectual, sino humano. Podría haber aguardado a saberlo todo sobre la Arquitectura, conocer la obra de los grandes maestros antes de empezar a construir… Sin embargo, lo que yo quería era construir una escuela en la que los niños de Gando pudieran educarse, y eso es algo que no puede comprenderse partiendo de una descripción formal o técnica. Una explicación aséptica, académica, jamás reflejaría la naturaleza de ese proyecto.—Siempre he considerado que hay un riesgo en ese fuerte enfoque emocional desde el que usted presenta sus proyectos y su hacer como arquitecto, y es que el público primermundista absorba sus historias únicamente desde el sentimentalismo.—Y estoy de acuerdo. El mensaje de fondo de mis relatos es que cuando trabajas con personas, escuchándolas con atención, puedes crear un proyecto que les permita reconocerse a sí mismas en él. Eso es algo clave. También quiero afirmar que trabajando de manera unida puede construirse algo fuerte, de ahí que insista en recalcar esa dimensión emocional: quiero enfatizar que la Arquitectura debe ser humana, distanciarla de esa percepción de que es una profesión árida y cerebral, mostrar que no consiste sólo en normas y reglas. Nuestro mundo está cada vez más escindido, por eso creo importante abordar este lado de la disciplina. Yo hablo de volver a llevar a las personas a la Arquitectura, reivindicando el importante cambio que significa. —La hegemonía de los arquitectos-estrella, encarnación del triunfalismo neoliberal, se estrelló contra la realidad que impuso la crisis económica de 2008. El 'establishment' arquitectónico generó inmediatamente un nuevo discurso. La exposición 'Small Scale, Big Change' (2010) y reconocimientos en la Bienal de Venecia a proyectos construidos en entornos social y económicamente desfavorecidos trasladaron el foco a arquitecturas como la suya, que existían ya al margen de los excesos de los edificios icono en países poderosos. Creo que este fue un giro meramente instrumental, una vía de salvación para un sistema que, de fondo, no ha cambiado. ¿El mundo intelectual y mediático de la arquitectura ha abordado con rigor aproximaciones como la que usted plantea?—Sí. Se hizo necesario un nuevo discurso y, como usted dice, de repente, se cambió el enfoque y comenzaron a interesar arquitecturas como la mía. Hoy se habla de medio ambiente, del ahorro energético, de la durabilidad de un edificio… Pero no se ha tratado con la suficiente atención la sostenibilidad social: el efecto sanador que la Arquitectura ofrece a los seres humanos. No se trata sólo de construir, sino de crear edificios que permitan a las personas sentirse en su hogar y relacionarse con el medio ambiente. Hay que tener presente que un edificio no incide únicamente sobre sus usuarios, sino sobre todo el entorno en el que se encuentra. Por eso, para asegurarse de que una construcción va a ejercer un impacto positivo, es necesario apelar a la participación de la comunidad que habita ese lugar, sea en Burkina Faso o en cualquier país occidental. La sostenibilidad social repara comunidades e individuos, y es necesario que hablemos más sobre ello, porque además esto no se aprende en la universidad. Allí se enseña geometría, cómo representar un proyecto, con qué herramientas diseñarlo… Pero esa otra vertiente se ignora.En las imágenes, escuela de educación primaria en Gando (Burkina Faso), construcción de 2001; Mausoleo Thomas Sankara, Ouagadougou (Burkina Faso), de 2025 ©Lars BorgesEn mi país, quien conoce bien un lugar no construirá jamás una casa donde sepa que está a riesgo de derrumbarse o inundarse. Por ejemplo, un enclave que antaño fue un paso de agua puede parecer hoy despejado y seco; no obstante, el lugar guardará en su memoria eso que fue y, antes o después, el agua regresará, con riesgo de destruir lo allí construido. ¿Cómo vas a entender un lugar donde no vives si no escuchas a la gente y conversas con ella? El modo de trabajar con el que yo he llegado a la arquitectura ha hecho que el centro de mi interés sean las personas, y convencerme de que los arquitectos debemos trabajar con ellas. También cuando construyo en otros países quiero afrontar ese desafío de mostrar quién soy y cuáles son mis flaquezas. Escuchar me ha permitido llegar a mejores soluciones de las que hubiera logrado solo. —Muchos arquitectos occidentales replican hoy estas palabras que usted acaba de pronunciar. Acuden a trabajar a entornos desfavorecidos, aseguran su compromiso y respeto por la comunidad, y se valen de ese trabajo para ganar prominencia en Occidente. Me resulta muy difícil no verlos como variantes del autoritarismo de los 'stararchitects'.—Es cierto. A menudo el arquitecto se presenta a sí mismo como ese tipo que pretende hacer con la comunidad, pero en realidad está ahí creyendo que lo sabe todo. Muchos siguen equivocadamente convencidos de que el arquitecto es un artista con inspiración divina; pero no podemos construir solos, necesitamos un equipo, un esfuerzo colaborativo. Y trabajar con una comunidad no es fácil: exige tiempo y esfuerzo. —Es usted hijo del jefe de su aldea y su sucesor en ese cargo, que ha traspasado a su hermano. ¿Ve su labor de arquitecto como un modo indirecto de asumir esa responsabilidad de contribuir al bienestar y prosperidad de su comunidad?—Soy consciente de que yo tuve una gran oportunidad. He ganado visibilidad y ahora quiero asegurarme de que promuevo la educación en Burkina Faso, pero no desde el sentido de 'devolver' algo. La verdadera Arquitectura es la que permite encontrar vías de apoyar a la comunidad. Tengo una pequeña fundación desde la que financio mis proyectos allí, y los trabajos que van llegando a mi estudio en Alemania me permiten subvencionar proyectos educativos para niños de mi comunidad. arte_abc_0724También he abierto un centro de artesanía e investigación destinado a la formación, pero sin una estructura intelectual o académica. Espero que surjan arquitectos que también se comprometan con su comunidad, y que, cuando yo ya no pueda servir a la mía, haya al menos una persona que sí pueda sostenerla.

En coherencia con la tradición de la que procede, el burkinés Diébédo Francis Kéré (1965) explica su arquitectura mediante relatos. Con ellos, recogidos ahora en 'Building Stories' (Taschen), reivindica que construir debe ser una tarea ligada a las personas y los lugares, surgida ... de la escucha y el trabajo colectivo.

Cuando los focos mediáticos se desviaron de los iconos y trasladaron su atención a arquitecturas que hasta entonces habían tratado de manera anecdótica, Kéré ya había construido en Gando, su aldea natal, una escuela. Ese radical giro hizo de él una figura referente, llevándolo incluso a ganar el Pritzker en 2022.

—Ha titulado este libro 'Building Stories' y en él presenta cada uno de sus proyectos como una narración en cuyo argumento se entretejen su propia biografía, la de las comunidades en las que trabaja y la arquitectura.

—Procedo de una cultura en la que la tradición se transmite narrando historias. Por eso, antes que mediante una monografía de arquitectura al uso, el mejor modo en que podía explicar mis proyectos y mi trabajo era contando la historia de cada uno, hablando también de las personas que los han hecho posibles.

—Usted se considera esencialmente un 'hacedor', no un 'intelectual'.

—Fui al colegio porque mi padre quería que aprendiera a leer y a escribir. Luego vine a Alemania para formarme como carpintero y regresar luego a mi país. Sin embargo, me quedé aquí para estudiar Arquitectura. Construí mi primer edificio siendo aún estudiante, y no porque fuese especialmente talentoso, sino motivado por las condiciones de mi aldea, la necesidad de abrir oportunidades para mi comunidad.

Por eso digo que mi aproximación a la arquitectura no es de carácter intelectual, sino humano. Podría haber aguardado a saberlo todo sobre la Arquitectura, conocer la obra de los grandes maestros antes de empezar a construir… Sin embargo, lo que yo quería era construir una escuela en la que los niños de Gando pudieran educarse, y eso es algo que no puede comprenderse partiendo de una descripción formal o técnica. Una explicación aséptica, académica, jamás reflejaría la naturaleza de ese proyecto.

—Siempre he considerado que hay un riesgo en ese fuerte enfoque emocional desde el que usted presenta sus proyectos y su hacer como arquitecto, y es que el público primermundista absorba sus historias únicamente desde el sentimentalismo.

—Y estoy de acuerdo. El mensaje de fondo de mis relatos es que cuando trabajas con personas, escuchándolas con atención, puedes crear un proyecto que les permita reconocerse a sí mismas en él. Eso es algo clave. También quiero afirmar que trabajando de manera unida puede construirse algo fuerte, de ahí que insista en recalcar esa dimensión emocional: quiero enfatizar que la Arquitectura debe ser humana, distanciarla de esa percepción de que es una profesión árida y cerebral, mostrar que no consiste sólo en normas y reglas. Nuestro mundo está cada vez más escindido, por eso creo importante abordar este lado de la disciplina. Yo hablo de volver a llevar a las personas a la Arquitectura, reivindicando el importante cambio que significa.

—La hegemonía de los arquitectos-estrella, encarnación del triunfalismo neoliberal, se estrelló contra la realidad que impuso la crisis económica de 2008. El 'establishment' arquitectónico generó inmediatamente un nuevo discurso. La exposición 'Small Scale, Big Change' (2010) y reconocimientos en la Bienal de Venecia a proyectos construidos en entornos social y económicamente desfavorecidos trasladaron el foco a arquitecturas como la suya, que existían ya al margen de los excesos de los edificios icono en países poderosos. Creo que este fue un giro meramente instrumental, una vía de salvación para un sistema que, de fondo, no ha cambiado. ¿El mundo intelectual y mediático de la arquitectura ha abordado con rigor aproximaciones como la que usted plantea?

—Sí. Se hizo necesario un nuevo discurso y, como usted dice, de repente, se cambió el enfoque y comenzaron a interesar arquitecturas como la mía. Hoy se habla de medio ambiente, del ahorro energético, de la durabilidad de un edificio… Pero no se ha tratado con la suficiente atención la sostenibilidad social: el efecto sanador que la Arquitectura ofrece a los seres humanos. No se trata sólo de construir, sino de crear edificios que permitan a las personas sentirse en su hogar y relacionarse con el medio ambiente.

Hay que tener presente que un edificio no incide únicamente sobre sus usuarios, sino sobre todo el entorno en el que se encuentra. Por eso, para asegurarse de que una construcción va a ejercer un impacto positivo, es necesario apelar a la participación de la comunidad que habita ese lugar, sea en Burkina Faso o en cualquier país occidental. La sostenibilidad social repara comunidades e individuos, y es necesario que hablemos más sobre ello, porque además esto no se aprende en la universidad. Allí se enseña geometría, cómo representar un proyecto, con qué herramientas diseñarlo… Pero esa otra vertiente se ignora.

En mi país, quien conoce bien un lugar no construirá jamás una casa donde sepa que está a riesgo de derrumbarse o inundarse. Por ejemplo, un enclave que antaño fue un paso de agua puede parecer hoy despejado y seco; no obstante, el lugar guardará en su memoria eso que fue y, antes o después, el agua regresará, con riesgo de destruir lo allí construido. ¿Cómo vas a entender un lugar donde no vives si no escuchas a la gente y conversas con ella? El modo de trabajar con el que yo he llegado a la arquitectura ha hecho que el centro de mi interés sean las personas, y convencerme de que los arquitectos debemos trabajar con ellas. También cuando construyo en otros países quiero afrontar ese desafío de mostrar quién soy y cuáles son mis flaquezas. Escuchar me ha permitido llegar a mejores soluciones de las que hubiera logrado solo.

—Muchos arquitectos occidentales replican hoy estas palabras que usted acaba de pronunciar. Acuden a trabajar a entornos desfavorecidos, aseguran su compromiso y respeto por la comunidad, y se valen de ese trabajo para ganar prominencia en Occidente. Me resulta muy difícil no verlos como variantes del autoritarismo de los 'stararchitects'.

—Es cierto. A menudo el arquitecto se presenta a sí mismo como ese tipo que pretende hacer con la comunidad, pero en realidad está ahí creyendo que lo sabe todo. Muchos siguen equivocadamente convencidos de que el arquitecto es un artista con inspiración divina; pero no podemos construir solos, necesitamos un equipo, un esfuerzo colaborativo. Y trabajar con una comunidad no es fácil: exige tiempo y esfuerzo.

—Es usted hijo del jefe de su aldea y su sucesor en ese cargo, que ha traspasado a su hermano. ¿Ve su labor de arquitecto como un modo indirecto de asumir esa responsabilidad de contribuir al bienestar y prosperidad de su comunidad?

—Soy consciente de que yo tuve una gran oportunidad. He ganado visibilidad y ahora quiero asegurarme de que promuevo la educación en Burkina Faso, pero no desde el sentido de 'devolver' algo. La verdadera Arquitectura es la que permite encontrar vías de apoyar a la comunidad. Tengo una pequeña fundación desde la que financio mis proyectos allí, y los trabajos que van llegando a mi estudio en Alemania me permiten subvencionar proyectos educativos para niños de mi comunidad.

También he abierto un centro de artesanía e investigación destinado a la formación, pero sin una estructura intelectual o académica. Espero que surjan arquitectos que también se comprometan con su comunidad, y que, cuando yo ya no pueda servir a la mía, haya al menos una persona que sí pueda sostenerla.

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Diébédo F. Kéré: «Yo hablo de volver a llevar a las personas a la Arquitectura»

Diébédo F. Kéré: «Yo hablo de volver a llevar a las personas a la Arquitectura»

Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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