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Diego Vázquez Otero: el guardián de las leyendas de Málaga

Diego Vázquez Otero: el guardián de las leyendas de Málaga
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Hace medio siglo que falleció este escritor y político nacido en Alpandeire, que rescató relatos y paisajes de la memoria oral de la provincia

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Imagen de archivo de Diego Vázquez Otero, sobre su pueblo natal, Alpandeire. Diego Vázquez Otero: el guardián de las leyendas de Málaga

Hace medio siglo que falleció este escritor y político nacido en Alpandeire, que rescató relatos y paisajes de la memoria oral de la provincia

Javier Almellones

Málaga

Sábado, 11 de abril 2026, 23:30

Desde muy joven, ya como maestro, recorrió pueblos, conoció a sus gentes y escuchó relatos que no estaban en los libros. Esa mirada, más cercana al cronista que al académico distante, definió toda su trayectoria.

Su obra arranca precisamente con 'Alpandeire histórico y sus hijos predilectos', publicada en 1928, y a partir de ahí despliega una bibliografía amplia en la que destacan títulos como 'Tradiciones malagueñas', 'Vida de Vicente Martínez Espinel', 'Teba: crónica histórica descriptiva', 'Alcazaba malagueña', 'Biografía de Salvador Rueda', 'Castillos y paisajes malagueños', 'Fernando III el Santo', 'Leyendas y tradiciones malagueñas' o 'Pueblos malagueños (dos volúmenes)'. En todos ellos late una misma intención: fijar por escrito aquello que durante siglos había sobrevivido en la memoria oral.

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Uno de los muchos títulos del autor.

Ese interés se percibe también en su forma de escribir. No se limitaba a describir, sino que recreaba ambientes y dotaba de vida a los lugares. En sus textos sobre castillos o enclaves históricos no es raro encontrar reflexiones casi literarias sobre el paso del tiempo o las emociones que despiertan las ruinas. En uno de sus artículos sobre Benadalid, por ejemplo, sugiere que las piedras parecen guardar el eco de antiguas luchas, conectando historia y emoción.

Una parte fundamental -y a menudo olvidada- de su legado está en la prensa provincial. Vázquez Otero fue colaborador de cabeceras como SUR, La Tarde o la histórica La Unión Mercantil, donde publicó numerosos artículos sobre pueblos, rutas e historia local. En ellos se aprecia con claridad su vocación divulgadora. En un texto dedicado a Cuevas de San Marcos, por ejemplo, insiste en la necesidad de conservar los archivos municipales como «inapreciable tesoro» para entender el pasado de los pueblos . En otro, sobre Gaucín, mezcla paisaje, historia y leyenda con una prosa que roza lo literario, evocando castillos, episodios medievales y tradiciones populares .

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Fragmento de unos de sus artículos en prensa.

No es casual que muchos de esos artículos se agruparan bajo epígrafes como «Rutas malagueñas para el turista» o «Caminos para el turista». En ellos anticipa una forma de entender el territorio muy cercana al actual turismo de interior: no se trata solo de visitar, sino de comprender el lugar que se pisa.

Su compromiso con la cultura fue más allá de la escritura. Tras una sólida carrera como maestro, desarrolló también responsabilidades públicas, llegando a ser diputado provincial de Cultura. Su labor fue reconocida con distinciones como la Cruz de Alfonso X el Sabio.

Aun así, su legado más profundo no está en los cargos ni en los reconocimientos, sino en ese trabajo silencioso de recopilación. Gracias a él, muchas historias, leyendas y tradiciones de la provincia quedaron fijadas por escrito en un momento en el que corrían el riesgo de desaparecer. Sus libros y artículos no resultan fáciles de encontrar. Los primeros sólo se pueden leer en bibliotecas públicas o comprar como coleccionista en librerías de ocasión.

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Vázquez Otero junto a varias autoridades en el castillo de Bentomiz, en Arenas.

Hoy, su nombre sigue presente en Málaga de una forma cotidiana en una calle situada entre las avenidas de Andalucía y del Obispo Ángel Herrera Oria. Una referencia urbana que miles de personas leen a diario sin saber que detrás hay alguien que dedicó su vida a contar la provincia.

Cuando falleció el 1 de mayo de 1976, dejaba tras de sí no solo una extensa bibliografía, sino una forma de mirar Málaga que sigue teniendo plena vigencia. La de quien entiende que cada pueblo, cada castillo y cada sendero no son solo un lugar en el mapa, sino un depósito de historias, donde tienen encaje las leyendas en ese peculiar realismo mágico de Málaga. Y que, si nadie las cuenta, acaban desapareciendo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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