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«Diez años después, el asesino de mi bebé no me ha pedido perdón»

«Diez años después, el asesino de mi bebé no me ha pedido perdón»
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Hoy se cumple una década del asesinato en Vitoria de Alicia, de sólo 17 meses, a la que el novio de su joven madre arrojó por la ventana. Él recibió la prisión permanente revisable, la tercera dictada en España. Mientras que la progenitora, Gabriela, aún pena la falta de su pequeña

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L.A. Crónica negra «Diez años después, el asesino de mi bebé no me ha pedido perdón»

Hoy se cumple una década del asesinato en Vitoria de Alicia, de sólo 17 meses, a la que el novio de su joven madre arrojó por la ventana. Él recibió la prisión permanente revisable, la tercera dictada en España. Mientras que la progenitora, Gabriela, aún pena la falta de su pequeña

David González

Domingo, 25 de enero 2026, 00:58

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La madrugada del lunes 25 de enero de 2016, a Gabriela le partieron el alma en Vitoria. Allí residía el que creía su príncipe azul, un profesor de música sevillano llamado Daniel Montaño y al que había conocido recientemente por una web de contactos. Tras pasar juntos el anterior fin de semana en una casa rural, le invitó a su hogar, un piso de alquiler en la calle Libertad. Ella accedió pero le pidió ir con su pequeña Alicia, de sólo 17 meses. En la capital de Álava, el cuento de hadas se torció.

Gabriela, burgalesa de sólo 19 años, vio cosas raras en el comportamiento de Daniel, ya treintañero. Como estaban en su casa y nada sabía de la ciudad, se fue a dormir junto a su bebé con la intención de regresar a Burgos por la mañana. Al poco, él le mandó un mensaje al móvil para que le practicara sexo oral. Como no le respondió, irrumpió en la habitación y empezó a golpearla con saña. El profesor de música acabó lanzando a la niña por la ventana y además trató de hacer lo mismo con su joven madre, quien se defendió con uñas y dientes.

La pena más absoluta

Las llamadas de los vecinos le salvaron. Patrulleros de la Ertzaintza la rescataron y pudieron prender a su agresor. Alicia, sin embargo, murió 48 horas más tarde en el hospital. Aquel crimen del que hoy se cumple una década estremeció a la sociedad alavesa y sepultó bajo la pena más absoluta a Gabriela, quien todavía no ha cumplido los treinta.

La Justicia aplicó el mayor castigo legal al asesino; la prisión permanente revisable. Fue la primera decretada en el País Vasco y la tercera en España. El profesor de saxofón y de la banda municipal de música de la capital alavesa pasará un mínimo de 25 años entre rejas. Hoy ocupa una celda en la prisión de Sevilla 2, en Morón de la Frontera, cerca de su familia. Podrá acceder en algún momento de 2034 al tercer grado (trabajar en el exterior y dormir en prisión) y a la libertad condicional, el 19 de enero de 2041. Ese día podría hacer vida normal.

«Se hace difícil pensar que alguien con ideas apocalípticas haga un alto en el delirio para pedir sexo oral»

Jesús Poncela

Magistrado que puso la sentencia

Esta semana, la familia de este asesinó abonó 100.000 euros de los 235.000 de responsabilidad civil para Gabriela –brasileña de origen– y para el padre de la pequeña, un chico llamado Carlos.

Es su segunda trasferencia tras otra de idéntica cantidad completada en febrero del año pasado. Al parecer, el pago económico responde a un intento de obtener antes de lo previsto beneficios penitenciarios, circunstancia a la que las acusaciones se niegan en redondo.

Gabriela vive ahora en la provincia de Soria. Estos días son complicados. «Me cuesta mucho dormir todavía», se arranca sincera al otro lado del teléfono. «Intento mirar hacia adelante, pero estas fechas se me hacen un poco cuesta arriba».

Gabriela lleva tatuado en su brazo el nombre de su hija. Rafa Gutiérrez

Tras salir del hospital recibió muchas críticas en redes sociales por ir a la capital alavesa con su bebé. La convirtieron en doble víctima. Y optó por dejar Burgos y refugiarse en Hontoria del Pinar, el pueblito pegado a Soria donde creció y en el que conoció al padre de su bebé. Hace poco se mudó a otro enclave donde nadie sabe de su tortuoso pasado.

«El hecho era tan grave que no me tembló la mano a la hora de pedirla»»

Fidel Cadena

Fiscal que pidió la prisión permanente revisable

En un día como hoy trata de salir a flote sin noticia alguna de su verdugo. «No me ha pedido perdón, en ningún momento. Pero a día de hoy te digo que me es irrelevante. Cuanto menos sepa de él, mejor», comparte con un hilillo de voz. Se supone que el arrepentimiento es una de las condiciones para que un reo mejore su situación penitenciaria.

La prisión permanente revisable es la mayor pena del Código Penal y se aprobó un año antes del asesinato de la pequeña Alicia. Implica 25 años a la sombra. Desde entonces se ha aplicado en medio centenar de ocasiones. Quizá el caso más conocido haya sido el de Ana Julia Quezada, quien mató a sangre fría al niño Gabriel Ruiz, hijo de su entonces novio. Ese carácter inusual tampoco colma a Gabriela. «Se me hace poco, pero es lo que hay y tendré que vivir con ello», considera.

«Jamás olvidaré cuando, durante el juicio, mi cliente vio por primera vez y abrazó al ertzaina que cuidó de la niña»

Zuriñe Parra

Abogada del padre de Alicia

Ese castigo se decidió en un juicio con jurado en la Audiencia Provincial de Álava en el otoño de 2018. Un proceso que se quedó grabado en la memoria de todos los que participaron. Por la crudeza de lo escuchado y por la relevancia de las penas. Daniel declaró que había visto «al diablo (por Gabriela) y a su hijo (por la pequeña Alicia), que ambas «querían acabar con el mundo y yo tenía que evitarlo matándolas».

Daniel Montaño (izq), habla con su abogado al comienzo de la segunda sesión del juicio. EFE/David Aguilar

El interrogatorio al único acusado se alargó por espacio de tres horas. Con sus contestaciones quiso dejar la imagen de un desequilibrado al que esa madrugada se le cruzaron los cables. Cuando acabaron las preguntas de las acusaciones y de la defensa, el juez Jesús Poncela sólo le hizo una pregunta. «Tengo una duda», le requirió el presidente de la sala. «¿Qué ha pasado con el fin del mundo?». Ahí, el procesado dudó y apenas acertó a balbucear excusas sin demasiado fuste. Fue el momento clave del juicio.

«Explicamos lo más sencillo posible los informes periciales al jurado para que no se le aplicara ninguna eximente»

José Miguel Fernández, Fote

Abogado de la acusación popular

«Intervinieron diez médicos especialistas en Psiquiatría y sólo los dos de la defensa dijeron que padecía esquizofrenia paranoide y que sufrió brote», describe el magistrado Poncela. Pero este juez con más de un cuarto de siglo de experiencia aporta un detalle relevante. «Media hora antes de la agresión, (Daniel) le mandó un whatsapp para que le practicara sexo oral. Se hace difícil pensar que una persona que supuestamente tiene ideas apocalípticas, con la lucha entre el bien y el mal, haga un alto en su delirio para pedir sexo oral», sostiene.

En el periodo de los seis meses anteriores a su asesinato y su tentativa de homicidio, Daniel acudió hasta tres veces al médico. Lo hizo por cuestiones banales, como su caída del pelo o un proceso gripal. Nada dijo a los facultativos sobre las supuestas visiones que sufría desde niño y que pormenorizó en la vista oral.

Fidel Cadena fue el fiscal que pidió la prisión permanente revisable, aprobada por unanimidad por el jurado y ratificada por el magistrado Poncela. «Recuerdo la declaración de la madre, su entereza sobre unos hechos que le afectaban tanto. Es muy duro contar cómo han matado a tu hija delante de ti. Lo hizo muy bien. Fue fundamental», evoca. ¿Y por qué exigió la pena máxima? «El hecho era tan grave que era merecida. No me tembló la mano a la hora de pedirla».

Sus vidas, en la actualidad

«Tuvimos que explicar lo más sencillo posible todos los informes periciales al jurado para que no se le aplicara ninguna eximente», amplía José Miguel Fernández, Fote, letrado de la acusación popular ejercida por Clara Campoamor. Los nueve ciudadanos anónimos que decidieron el veredicto de culpabilidad lo hicieron por unanimidad, lo que no siempre ocurre.

Altar improvisado donde cayó la pequeña Alicia, en la calle Libertad. Igor Aizpuru

La madrugada del 25 de enero, los ertzainas desplazados tardaron en encontrar a la pequeña Alicia. Yacía entre dos coches, en plena calzada. Doliente. Un agente trató de cuidarla con una manta hasta que la primera ambulancia apareció, 18 minutos más tarde. Con una hija de una edad similar, ese uniformado jamás superó aquella vivencia. «Dejó protección ciudadana y se marchó a Tráfico», revela Zuriñe Parra, abogada de Carlos, el padre de la bebé.

Agentes de emergencias revisan la ventana por la que fue arrojada Alicia. R.C.

«En el juicio, se encontraron por primera vez. Mi cliente le dio un largo abrazo y los dos empezaron a llorar. Jamás se me borrará ese momento», asegura esta letrada. Han pasado diez años de aquella terrible madrugada. El asesino purga su atrocidad en la cárcel. Gabriela no ha vuelto a ser madre. Mientras que Carlos jamás ha tenido pareja desde entonces.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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