- TOM BURNS MARAÑÓN
El autor sostiene que la descalificación del adversario pertenece a las dos Españas que utilizaron la cabeza para embestir.
Después de siete jornadas en las cuales tantísimos se han sentido "hechizados" por León XIV, al igual que ante el Papa confesó Antonio Banderas que lo fue por Dios, se vuelve a la crispada conversación centrada de la corrupción y el tú mucho más. El Sumo Pontífice invitó a los miembros del Congreso y del Senado a ser mejores y ellos le aplaudieron al unísono durante siete minutos. Después, los cargos electos volvieron a tirarse los trastos a la cabeza. Es lo que hay.
El pin-pan-pun está asegurado porque esta misma tarde el juez Juan Carlos Peinado ha citado a Begoña Gómez a una "audiencia preliminar". Y según avance la semana el cruce de fuego se intensificará porque el juez José Luis Calama tiene previsto tomar declaración a José Luis Rodríguez Zapatero el miércoles y jueves.
Como se sabe, ambos jueces investigan presuntos delitos de corrupción, concretamente el de tráfico de influencias. El juez Peinado lleva ya más de dos años con la causa que ha abierto contra la esposa del presidente del Gobierno y el magistrado Calama ha ampliado la suya contra el ex presidente del Gobierno socialista para incluir, entre otros presuntos delitos, el de lavado de dinero.
Lo que hay, por lo tanto, es una muy seria bronca, que va a ir a más, entre el Gobierno y sus aliados y la oposición. Los primeros denuncian una cacería política y los segundos acusan al sanchismo de ser una mafia que procrea en el fango.
Parapetados detrás de sus muros, los dos bloques intercambian disparos.
En cuanto a la denuncia, los españoles que cada vez hablan más y mejor inglés, saben ya muy bien lo que quiere decir lawfare, un neologismo que juega con la palabra warfare, conflicto bélico, porque sustituye war (guerra) por law (derecho). Y la descalificación por su parte del adversario tiene un largo pedigrí pues pertenece a las dos Españas que utilizaron la cabeza para embestir.
León XIV se refiere con frecuencia al concepto de discernimiento para pedir el esfuerzo moral e intelectual que permite separar lo esencial de lo accesorio, lo bueno de lo malo y lo verdadero de lo falso. No es una capacidad que distinga particularmente el proceder de las élites políticas de aquí y de allá y quizás sea en España donde, en este preciso tiempo, más se eche en falta esta habilidad.
El tóxico ambiente que se respira en las altas esferas de la vida pública no es algo sobrevenido. Tampoco lo son las correspondientes cloacas. Lo novedoso de la pestilencia llamada sanchismo es su virulencia y contagiosidad. Padecen el virus los que encabezan el organigrama sanchista, y han infectado el aparato entero del partido gobernante.
Si se toma la molestia de discernir, como recomienda el Papa, puede que la presencia de la mujer Pedro Sánchez ante un juez esta tarde y la del ex presidente del Gobierno y estrecho colaborador del actual ante otro juez ayuden a entender las maldades y las falsedades que se han hecho presentes en la vida política contemporánea.
A Begoña Gómez le asiste, por supuesto, la presunción de inocencia y ella naturalmente niega cuantas imputaciones que en su caso se puedan hacer.
Sin embargo lo que está, y lo que persistirá, en la percepción de la ciudadanía es que su "cátedra" universitaria y la financiación que recibió para dirigirla muestran una arrogancia que no es de recibo.
Es la conducta propia del "todo vale" que ha sido en todo momento la del sanchismo a lo largo de todos estos años. Es la soberbia, la altanería y la ausencia de cualquier escrúpulo, de quienes no tienen el menor reparo en ocupar, o colonizar, cargos y parcelas de poder que no les corresponden.
La lección esencial es que los políticos que cínicamente patrimonializan lo que no es suyo son tontos porque no caen en la cuenta de que el pueblo no perdona ese pecado.
La tontería del sanchismo viene de Zapatero. Es la memez que legó quien dijo en su investidura como presidente del Gobierno en 2004 que su ideario consistía en "una ansía infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes". Fueron palabras propias del promotor de una Organización No Gubernamental pero no del máximo dirigente de la cuarta economía de la eurozona y de un miembro de la OTAN que contaba con una acreditada trayectoria en misiones internacionales.
Y el cinismo es la herencia de quien al dejar el país próximo a la bancarrota, anunció solemnemente que "el mejor destino es de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo". Se le acusa de ilegalmente lucrarse y ocultar joyas.
Se espera que los procesos judiciales sirvan para ver las cosas como son. Y para que "lo que hay" deje de serlo.
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