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Duran Duran: «Si nos tenía que caer una bomba, preferíamos que nos cogiera bailando»

Duran Duran: «Si nos tenía que caer una bomba, preferíamos que nos cogiera bailando»
Artículo Completo 2,167 palabras
En realidad, todo fue muy rápido. En 1978, dos adolescentes veían 'Barbarella' en Hollywood. No hablamos de la meca del cine ni la capital del glamour en California, sino de un suburbio del sur de Birmingham, en Inglaterra. Tenían unos 17 años y estaban fascinados con aquella película protagonizada por Jane Fonda y ambientada en el año 40.000 que narraba un viaje a otro planeta para vivir toda clase de aventuras, peligros y placeres. Los dos chicos, que no se perdían un solo concierto de los Sex Pistols y The Clash en su ciudad, acababan de formar una banda.Es cierto que no sabían tocar ningún instrumento, pero ese detalle no importaba: con su apariencia andrógina, la sombra de ojos y el brillo en los labios, Nick Bates y John Taylor (Birmingham, 1960) ya vestían como las estrellas que querían ser. Su mayor preocupación era encontrar un nombre 'cool'. Se les ocurrió cuando vieron a Fonda en su papel de extraterrestre recién llegada a la Tierra. Tras desnudarse en el despacho del presidente del planeta –¡en fin!–, este le explicaba que un malvado científico, Durand-Durand, había robado la Máquina de Placer Excesivo, un artilugio diseñado para que las mujeres no necesitaran recurrir a los hombres. «¡Ese será nuestro nombre! Duran Duran », soltó Taylor. Ahora, medio siglo después, recuerda: «A los dos años logramos un acuerdo histórico con una multinacional, EMI, que nos puso mucho dinero encima de la mesa y un productor [Colin Thurston, que había trabajado con David Bowie] para que grabásemos nuestro debut y lo distribuyésemos por todo el mundo. Fue increíble». El bajista responde a la videollamada de ABC Cultural desde su casa en Bath, cerca de Bristol. A su izquierda, un piano clásico; al fondo, fotos familiares en blanco y negro, y a su derecha, un montón de vinilos. Distingo 'Lizard' (Island/Atlantic, 1969) de King Crimson.El primer trabajo de Duran Duran, con éxitos como 'Girls on Film' y 'Planet Earth', ya fue número uno en las listas británicas. Comenzaba una carrera con la que vendieron más de 100 millones de discos y que el próximo 6 de noviembre les traerá al Movistar Arena de Madrid, única fecha en España. En 1983, cinco años después de su 'encuentro' con Fonda, Simon Le Bon (cantante), Roger Taylor (batería), Nick Bates (teclados) y John Taylor se encontraban en la cumbre. Necesitaban guardaespaldas, salían en todos los medios y ganaban mucho dinero con las giras, la publicidad y la venta de productos con sus caras dirigidos a adolescentes: ropa, estuches, fiambreras, cosméticos… Boy George , de Culture Club, se quejó de que aparecían en tantas portadas de 'Smash Hits', que la revista debía llamarse «Duran Hits». Se codeaban con celebridades como la Princesa Diana. Cuenta Taylor en la biografía 'Please, Please Tell Me Now' (Libros Cúpula, 2023), de Stephen Davis, que una tarde de 1983 estaba tomando una copa en el club Palladium de Nueva York y Andy Warhol pasó a su lado, se inclinó sobre él y le susurró al oído: «Tú deberías ser el cantante». «No, gracias, Andy», le respondió él.—En 1978 no sabían tocar un instrumento y tres años después necesitaban escolta. ¿Cómo vivieron aquel cambio radical?—En realidad, fue emocionante. No hubo ningún agobio en ese sentido. A principios de 1981, cruzamos el Atlántico por primera vez para ir de promoción a Estados Unidos. Desde entonces, no paramos de viajar. Íbamos a programas de televisión y había mucho interés por lo que hacíamos. Nuestro primer disco sonaba en los clubes y la gente nos conocía en todas las ciudades a las que íbamos. Tampoco tuvimos tiempo de pensar en ello, porque volvimos de Nueva York y nos pusimos a trabajar en el siguiente disco: 'Rio' (Capitol / EMI, 1982). Solo pensábamos: «¡Guau! ¡Nuestras canciones tienen éxito!». Éramos muy ambiciosos.—Hace poco entrevisté a Bryan Ferry y reconoció que, cuando tocó en 1972 con Roxy Music en 'Top of the Pops', «estaba muy asustado» por actuar para millones de telespectadores maquillado y vestido con ropas brillantes y femeninas. ¿Le influyó esa actuación?—¡Mucho! Tenía 12 años, pero me sorprendió. Eran como los X-Men o Los Vengadores. Tenían una imagen adelantada a su tiempo. Eran la banda más glamurosa, 'cool', extraña y rebelde que había conocido. Me encantaba aquel sonido de rock y pop que parecía venir del espacio. Recorrí miles de kilómetros en bicicleta para encontrar aquel disco.—¿No les trajo problemas esa estética en una sociedad tan conservadora como la de Margaret Thatcher?—No muchos. La música de los 70 había evolucionado mucho y, aunque era extraña para la mayoría de la gente, algunos de los grandes artistas de aquella década, como Elton John, Freddie Mercury y David Bowie, ya vestían así. Luego llegó el punk y todos los jóvenes se rompieron las camisetas y se pintaron el pelo. Ya existía la idea de que los músicos del Reino Unido eran diferentes, extraños y extravagantes a ojos del resto. —Lo pregunto porque en esa época el mundo del rock era todavía muy masculino, falocéntrico se podría decir, y crítico con lo que se salía de esa corriente.—Es cierto, pero cambió. A principios de los ochenta había mucha más tolerancia y en la escena de Duran Duran se veían gays y travestis, había una influencia femenina muy fuerte. Además, el movimiento de los 'nuevos románticos' estaba muy conectado con la moda. Incluso una figura tan respetada del punk como Adam Ant se maquillaba. La música de esa época hizo al mundo más tolerante, quizá porque quienes la hacían vivían como si el mundo fuera una obra de teatro. Fue muy divertido. —¿Cómo era el club Rum Runner de Birmingham? He leído que se mezclaban a bailar skinheads, hooligans, gays y nuevos románticos sin que hubiera peleas. Hoy me resultaría imposible.—La verdad es que no había violencia. La primera vez que entramos a mediados de los 70 fue una noche dedicada a David Bowie. Ponían mucha música de baile, pero no electrónica, sino funk y jazz. El club acabó estableciendo un código de vestimenta y la gente se arreglaba mucho para ir allí. Era el único sitio de los alrededores donde podías escuchar a Kraftwerk, Siouxsie and the Banshees, Blondie y temas como 'I Feel Love', de Donna Summer. No había nada parecido en Birmingham.—¿Se convirtió en su centro de operaciones?—Sí. Sus dueños, los hermanos Paul y Michael Berrow, se convirtieron en nuestros primeros mánagers. Ambos habían estado en el Studio 54 y se habían vuelto locos. Al regresar de Nueva York, le pidieron a su padre, el verdadero dueño, que les cediera el Rum. En ese momento no daba mucho dinero y lo transformaron por completo. Pusieron un sistema de sonido increíble y buscaron a un DJ que pinchara música más progresiva. Fue Simon [Le Bon, futuro cantante de Duran Duran]. Les llevamos una maqueta y les gustó tanto que nos dejaron el local para ensayar, actuar y hasta trabajar de porteros y camareros hasta que salió nuestro primer disco.—Duran Duran fue muy criticado por filmar videoclips en los que aparecían bebiendo champán en yates rodeados de mujeres, mientras en Birmingham se producían todo tipo de revueltas sociales. ¿Les molestaba?—Esas críticas ya existían. Algunos artistas ya hacían gala de ese estilo de vida en los 60, como los Rolling Stones. Viajaban en Bentleys y Aston Martins por todo el mundo, grababan discos en lugares exóticos y presumían de glamour. Siempre creía que estaba bien que la clase trabajadora tuviera éxito. Hasta que Duran Duran triunfó, mis padres nunca habían abierto una botella de champán, así que cuando me la ofrecieron por primera vez, no pensé que hiciera algo malo. Gran Bretaña siempre fue muy aristocrática y la clase obrera nunca bebió champán, lo cual me parece injusto. El champán parece un símbolo del éxito y si has trabajado duro, ¿por qué no beberlo? —¿Lo veían como la conquista de algo que por su condición les habría estado vetado?—Algo así. Si podía ir con una modelo, ¿por qué no? Cuando era pequeño, siempre quise el coche más rápido y 'cool' y una chica bonita a mi lado. No sé de dónde me vino ese deseo, pero nunca pensé que fuera un problema. En cualquier caso, no creo que el vídeo de 'Rio' se pudiera tomar en serio. Para mí era divertido y un poco tonto. Estaba hecho con sentido del humor. Había muchos músicos que ya cantaban sobre temas políticos y querían cambiar el mundo con sus canciones, pero nosotros no éramos así.—Simon Le Bon declaró entonces que Duran Duran «hacía música para bailar mientras caían las bombas», en una época en la que había cortes de luz en las casas, huelgas mineras y atentados del IRA.—Sí, era una época muy angustiosa en Gran Bretaña. Había mucha gente sin trabajo, protestando y manifestándose contra el Gobierno de Thatcher. Además, estábamos en plena Guerra Fría y seguía existiendo la idea de la amenaza de Rusia, pero cuando echamos un vistazo a nuestra historia, comprobamos que algunas de las mejores obras de arte surgen en momentos difíciles, sin que eso signifique que todas fueran políticas. Además, cuando yo vivía en Birmingham, no recuerdo vivir con miedo a una guerra nuclear. Y si nos tenía que caer una bomba, preferíamos que nos cogiera bailando en el Rum Runner. ¿Dónde íbamos a estar mejor? La de Simon fue una declaración bastante extravagante y puede que influyera en cómo nos veían los demás, pero nosotros simplemente pensábamos: «Vámonos a Nueva York».—En esa época parecía que el punk se había adueñado de la clase obrera, pero, después de haber vendido cien millones de discos, seguro que muchos obreros escuchaban a Duran Duran. ¿Cómo encajaba un pop como el vuestro en esa clase social?—Porque toda esa indumentaria llamativa, colores y peinados habían salido de la calle. Fueron los mismos chicos del barrio quienes los inventaron y pusieron de moda. Cogían los vestidos de su padre o su madre, los transformaban jugando y se los ponían para salir. Aunque no lo parezca, era un estilo muy influido por la austeridad, por la filosofía del «Do It Yourself» («Hazlo tú mismo»). No era nada corporativo ni impuesto por una gran marca. Tampoco teníamos estilistas ni nadie que dictara unas normas de etiqueta. Era pura imaginación y reciclaje. Creo que eso marcaba la diferencia. —¿Alguna vez tuvieron miedo de que el mundo dejara de escucharlos con la irrupción del grunge o el reggaeton?—Sí, claro. Todo el mundo se queda atrás, incluso Picasso al final de su vida. Si consigues estar en sintonía con una moda durante diez años, ya puedes estar satisfecho. Les ocurrió a Los Beatles y a Bowie. Una década es el tiempo que puedes estar en el podio, porque luego se produce una brecha generacional y tienes que mantener la dignidad al mismo tiempo que intentas no perder la pasión por la música. Mientras te siga gustando, aunque ya no sea el centro de tu vida, estará bien, porque tienes hijos, formas una familia, empiezas a asumir menos riesgos, te vuelves más conservador, comienzas a vestirte de negro y todo cambia [risas]. Solo tienes que aceptarlo.

En realidad, todo fue muy rápido. En 1978, dos adolescentes veían 'Barbarella' en Hollywood. No hablamos de la meca del cine ni la capital del glamour en California, sino de un suburbio del sur de Birmingham, en Inglaterra. Tenían unos 17 años y estaban fascinados ... con aquella película protagonizada por Jane Fonda y ambientada en el año 40.000 que narraba un viaje a otro planeta para vivir toda clase de aventuras, peligros y placeres. Los dos chicos, que no se perdían un solo concierto de los Sex Pistols y The Clash en su ciudad, acababan de formar una banda.

Es cierto que no sabían tocar ningún instrumento, pero ese detalle no importaba: con su apariencia andrógina, la sombra de ojos y el brillo en los labios, Nick Bates y John Taylor (Birmingham, 1960) ya vestían como las estrellas que querían ser. Su mayor preocupación era encontrar un nombre 'cool'. Se les ocurrió cuando vieron a Fonda en su papel de extraterrestre recién llegada a la Tierra. Tras desnudarse en el despacho del presidente del planeta –¡en fin!–, este le explicaba que un malvado científico, Durand-Durand, había robado la Máquina de Placer Excesivo, un artilugio diseñado para que las mujeres no necesitaran recurrir a los hombres.

«¡Ese será nuestro nombre! Duran Duran», soltó Taylor. Ahora, medio siglo después, recuerda: «A los dos años logramos un acuerdo histórico con una multinacional, EMI, que nos puso mucho dinero encima de la mesa y un productor [Colin Thurston, que había trabajado con David Bowie] para que grabásemos nuestro debut y lo distribuyésemos por todo el mundo. Fue increíble». El bajista responde a la videollamada de ABC Cultural desde su casa en Bath, cerca de Bristol. A su izquierda, un piano clásico; al fondo, fotos familiares en blanco y negro, y a su derecha, un montón de vinilos. Distingo 'Lizard' (Island/Atlantic, 1969) de King Crimson.

Billy Corgan, de 'The Smashing Pumpkins': «El éxito y lo que vino después fue muy traumático para mí»

El primer trabajo de Duran Duran, con éxitos como 'Girls on Film' y 'Planet Earth', ya fue número uno en las listas británicas. Comenzaba una carrera con la que vendieron más de 100 millones de discos y que el próximo 6 de noviembre les traerá al Movistar Arena de Madrid, única fecha en España. En 1983, cinco años después de su 'encuentro' con Fonda, Simon Le Bon (cantante), Roger Taylor (batería), Nick Bates (teclados) y John Taylor se encontraban en la cumbre. Necesitaban guardaespaldas, salían en todos los medios y ganaban mucho dinero con las giras, la publicidad y la venta de productos con sus caras dirigidos a adolescentes: ropa, estuches, fiambreras, cosméticos…

Boy George, de Culture Club, se quejó de que aparecían en tantas portadas de 'Smash Hits', que la revista debía llamarse «Duran Hits». Se codeaban con celebridades como la Princesa Diana. Cuenta Taylor en la biografía 'Please, Please Tell Me Now' (Libros Cúpula, 2023), de Stephen Davis, que una tarde de 1983 estaba tomando una copa en el club Palladium de Nueva York y Andy Warhol pasó a su lado, se inclinó sobre él y le susurró al oído: «Tú deberías ser el cantante». «No, gracias, Andy», le respondió él.

—En 1978 no sabían tocar un instrumento y tres años después necesitaban escolta. ¿Cómo vivieron aquel cambio radical?

—En realidad, fue emocionante. No hubo ningún agobio en ese sentido. A principios de 1981, cruzamos el Atlántico por primera vez para ir de promoción a Estados Unidos. Desde entonces, no paramos de viajar. Íbamos a programas de televisión y había mucho interés por lo que hacíamos. Nuestro primer disco sonaba en los clubes y la gente nos conocía en todas las ciudades a las que íbamos. Tampoco tuvimos tiempo de pensar en ello, porque volvimos de Nueva York y nos pusimos a trabajar en el siguiente disco: 'Rio' (Capitol / EMI, 1982). Solo pensábamos: «¡Guau! ¡Nuestras canciones tienen éxito!». Éramos muy ambiciosos.

—Hace poco entrevisté a Bryan Ferry y reconoció que, cuando tocó en 1972 con Roxy Music en 'Top of the Pops', «estaba muy asustado» por actuar para millones de telespectadores maquillado y vestido con ropas brillantes y femeninas. ¿Le influyó esa actuación?

—¡Mucho! Tenía 12 años, pero me sorprendió. Eran como los X-Men o Los Vengadores. Tenían una imagen adelantada a su tiempo. Eran la banda más glamurosa, 'cool', extraña y rebelde que había conocido. Me encantaba aquel sonido de rock y pop que parecía venir del espacio. Recorrí miles de kilómetros en bicicleta para encontrar aquel disco.

—¿No les trajo problemas esa estética en una sociedad tan conservadora como la de Margaret Thatcher?

—No muchos. La música de los 70 había evolucionado mucho y, aunque era extraña para la mayoría de la gente, algunos de los grandes artistas de aquella década, como Elton John, Freddie Mercury y David Bowie, ya vestían así. Luego llegó el punk y todos los jóvenes se rompieron las camisetas y se pintaron el pelo. Ya existía la idea de que los músicos del Reino Unido eran diferentes, extraños y extravagantes a ojos del resto.

—Lo pregunto porque en esa época el mundo del rock era todavía muy masculino, falocéntrico se podría decir, y crítico con lo que se salía de esa corriente.

—Es cierto, pero cambió. A principios de los ochenta había mucha más tolerancia y en la escena de Duran Duran se veían gays y travestis, había una influencia femenina muy fuerte. Además, el movimiento de los 'nuevos románticos' estaba muy conectado con la moda. Incluso una figura tan respetada del punk como Adam Ant se maquillaba. La música de esa época hizo al mundo más tolerante, quizá porque quienes la hacían vivían como si el mundo fuera una obra de teatro. Fue muy divertido.

—¿Cómo era el club Rum Runner de Birmingham? He leído que se mezclaban a bailar skinheads, hooligans, gays y nuevos románticos sin que hubiera peleas. Hoy me resultaría imposible.

—La verdad es que no había violencia. La primera vez que entramos a mediados de los 70 fue una noche dedicada a David Bowie. Ponían mucha música de baile, pero no electrónica, sino funk y jazz. El club acabó estableciendo un código de vestimenta y la gente se arreglaba mucho para ir allí. Era el único sitio de los alrededores donde podías escuchar a Kraftwerk, Siouxsie and the Banshees, Blondie y temas como 'I Feel Love', de Donna Summer. No había nada parecido en Birmingham.

—¿Se convirtió en su centro de operaciones?

—Sí. Sus dueños, los hermanos Paul y Michael Berrow, se convirtieron en nuestros primeros mánagers. Ambos habían estado en el Studio 54 y se habían vuelto locos. Al regresar de Nueva York, le pidieron a su padre, el verdadero dueño, que les cediera el Rum. En ese momento no daba mucho dinero y lo transformaron por completo. Pusieron un sistema de sonido increíble y buscaron a un DJ que pinchara música más progresiva. Fue Simon [Le Bon, futuro cantante de Duran Duran]. Les llevamos una maqueta y les gustó tanto que nos dejaron el local para ensayar, actuar y hasta trabajar de porteros y camareros hasta que salió nuestro primer disco.

—Duran Duran fue muy criticado por filmar videoclips en los que aparecían bebiendo champán en yates rodeados de mujeres, mientras en Birmingham se producían todo tipo de revueltas sociales. ¿Les molestaba?

—Esas críticas ya existían. Algunos artistas ya hacían gala de ese estilo de vida en los 60, como los Rolling Stones. Viajaban en Bentleys y Aston Martins por todo el mundo, grababan discos en lugares exóticos y presumían de glamour. Siempre creía que estaba bien que la clase trabajadora tuviera éxito. Hasta que Duran Duran triunfó, mis padres nunca habían abierto una botella de champán, así que cuando me la ofrecieron por primera vez, no pensé que hiciera algo malo. Gran Bretaña siempre fue muy aristocrática y la clase obrera nunca bebió champán, lo cual me parece injusto. El champán parece un símbolo del éxito y si has trabajado duro, ¿por qué no beberlo?

—¿Lo veían como la conquista de algo que por su condición les habría estado vetado?

—Algo así. Si podía ir con una modelo, ¿por qué no? Cuando era pequeño, siempre quise el coche más rápido y 'cool' y una chica bonita a mi lado. No sé de dónde me vino ese deseo, pero nunca pensé que fuera un problema. En cualquier caso, no creo que el vídeo de 'Rio' se pudiera tomar en serio. Para mí era divertido y un poco tonto. Estaba hecho con sentido del humor. Había muchos músicos que ya cantaban sobre temas políticos y querían cambiar el mundo con sus canciones, pero nosotros no éramos así.

—Simon Le Bon declaró entonces que Duran Duran «hacía música para bailar mientras caían las bombas», en una época en la que había cortes de luz en las casas, huelgas mineras y atentados del IRA.

—Sí, era una época muy angustiosa en Gran Bretaña. Había mucha gente sin trabajo, protestando y manifestándose contra el Gobierno de Thatcher. Además, estábamos en plena Guerra Fría y seguía existiendo la idea de la amenaza de Rusia, pero cuando echamos un vistazo a nuestra historia, comprobamos que algunas de las mejores obras de arte surgen en momentos difíciles, sin que eso signifique que todas fueran políticas. Además, cuando yo vivía en Birmingham, no recuerdo vivir con miedo a una guerra nuclear. Y si nos tenía que caer una bomba, preferíamos que nos cogiera bailando en el Rum Runner. ¿Dónde íbamos a estar mejor? La de Simon fue una declaración bastante extravagante y puede que influyera en cómo nos veían los demás, pero nosotros simplemente pensábamos: «Vámonos a Nueva York».

—En esa época parecía que el punk se había adueñado de la clase obrera, pero, después de haber vendido cien millones de discos, seguro que muchos obreros escuchaban a Duran Duran. ¿Cómo encajaba un pop como el vuestro en esa clase social?

—Porque toda esa indumentaria llamativa, colores y peinados habían salido de la calle. Fueron los mismos chicos del barrio quienes los inventaron y pusieron de moda. Cogían los vestidos de su padre o su madre, los transformaban jugando y se los ponían para salir. Aunque no lo parezca, era un estilo muy influido por la austeridad, por la filosofía del «Do It Yourself» («Hazlo tú mismo»). No era nada corporativo ni impuesto por una gran marca. Tampoco teníamos estilistas ni nadie que dictara unas normas de etiqueta. Era pura imaginación y reciclaje. Creo que eso marcaba la diferencia.

—¿Alguna vez tuvieron miedo de que el mundo dejara de escucharlos con la irrupción del grunge o el reggaeton?

—Sí, claro. Todo el mundo se queda atrás, incluso Picasso al final de su vida. Si consigues estar en sintonía con una moda durante diez años, ya puedes estar satisfecho. Les ocurrió a Los Beatles y a Bowie. Una década es el tiempo que puedes estar en el podio, porque luego se produce una brecha generacional y tienes que mantener la dignidad al mismo tiempo que intentas no perder la pasión por la música. Mientras te siga gustando, aunque ya no sea el centro de tu vida, estará bien, porque tienes hijos, formas una familia, empiezas a asumir menos riesgos, te vuelves más conservador, comienzas a vestirte de negro y todo cambia [risas]. Solo tienes que aceptarlo.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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