- SERGIO SAIZ Nueva York
Teherán atacó ayer tres buques de mercancías en el estrecho de Ormuz como represalia al bloqueo que también ejerce Washington, mientras Pakistán intenta que ambos se sienten a hablar.
Aunque EEUU decidió el martes por la noche prorrogar el alto el fuego hasta que haya un nuevo plan de paz sobre el que negociar, lo cierto es que las tensiones entre Washington y Teherán no han dejado de crecer en las últimas horas. Si bien no se han retomado los bombardeos directos, ambos mantienen un férreo bloqueo del Estrecho de Ormuz incautando navíos de banderas rivales.
Aun así, el presidente de EEUU aseguró ayer que espera que las negociaciones se reanuden mañana. "¡Es posible!", según las palabras de Donald Trump. Irán ni confirma ni desmiente, más allá de que ayer la Guardia Revolucionaria anunció la captura de dos buques en Ormuz por operar supuestamente sin los permisos necesarios y "poner en peligro la seguridad marítima", lo que definió como una línea roja para Irán, según Efe. Además, un tercer buque de carga habría sido atacado cuando intentaba cruzar el estrecho, tal y como apuntaban ayer desde la BBC.
Esta acción eleva la presión sobre Washington, aunque se mantiene el alto el fuego. De hecho, el día anterior fue EEUU quien bloqueó a un barco con bandera iraní. Como represalia, Irán se hizo ayer con el MSC Francesca, con bandera panameña, y con el Epaminondas, con pasaporte de Liberia, al tiempo que acusó a ambos buques de manipular sus sistemas de navegación. El tercer barco fue atacado, pero no confiscado.
El alto el fuego se mantiene en el aire, pero no en el mar. Las ofensivas aéreas estadounidenses e israelíes sobre suelo iraní se han interrumpido por ahora, y Teherán ha dejado de lanzar misiles contra Israel y otros objetivos regionales, pero la batalla por el control de Ormuz sigue viva.
Irán considera el bloqueo marítimo de EEUU un acto de guerra y ha dejado claro que no reabrirá de verdad el paso mientras continúe esa presión, y que está preparando "nuevas cartas" por si las negociaciones no se retoman.
Desde que comenzó la guerra el 28 de febrero, la capacidad de Teherán para restringir el tráfico en esta vía se ha convertido en su principal baza frente a una superioridad militar estadounidense e israelí en el resto de frentes.
Sin embargo, EEUU pretende que Irán ceda el control del estrecho de Ormuz a una suerte de consorcio internacional -el Pentágono calcula que harán falta seis meses para desminar el canal-, además de renunciar a su programa nuclear y el enriquecimiento de uranio, dos líneas rojas para el régimen iraní. El balón está ahora sobre su tejado, ya que Trump ha extendido la tregua a la espera de que Teherán presente su propuesta de plan de paz.
Pero no está claro que Irán vaya a sentarse a la mesa. De hecho, ha endurecido su retórica en las últimas horas. La República Islámica solo acudirá a la cumbre en Pakistán este fin de semana si Washington abandona su política de "presión y amenazas", además de renunciar a una rendición incondicional por parte de Teherán. Exigen que EEUU levante el bloqueo naval y la liberación de los buques iraníes incautados desde el domingo. El régimen acusa a la Casa Blanca de crear "nuevos obstáculos cada día".
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, ha dicho que Irán todavía no ha decidido si participará en futuros contactos y denuncia la "falta de buena fe" de Estados Unidos.
Washington mantiene la misma postura. El martes debería haber viajado hasta allí la comitiva de EEUU, liderada por el vicepresidente, JD Vance, pero el viaje se ha suspendido indefinidamente. No hay ninguna garantía, más allá del mensaje de Trump asegurando que mañana podrían retomarse las conversaciones.
Esfuerzos diplomáticos
Mientras, Pakistán sigue intentando ejercer de mediador, intentando sumar a la vía diplomática a otros países, como China o Egipto, para que hagan presión sobre Teherán. Ayer, el canciller del Gobierno de facto de los talibanes, Amir Khan Muttaqi, aplaudió el posible acercamiento diplomático entre Teherán y Washington en una llamada con su homólogo iraní, Seyed Abbas Araghchi, marcando así el primer acercamiento de los talibanes a los diálogos de paz.
Según informó la Cancillería afgana, Araghchi dio cuenta del "último estatus de las negociaciones entre la República Islámica y EEUU", mientras que Muttaqi enfatizó la importancia de resolver los problemas mediante la negociación.
Sin embargo, el mensaje que traslada Irán es que la situación en el estrecho de Ormuz es "consecuencia directa de la violación de la ley" por parte de EEUU. Es lo que repitió ayer el ministro de Asuntos Exteriores iraní a su homólogo italiano. En cuanto a los buques atacados ayer, Araghchi insistió en que Teherán ha tomado medidas de conformidad con el "derecho internacional" para proteger su seguridad. Algo que tiene intención de seguir haciendo.
También ayer se pronunció el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, en sus redes sociales, al igual que acostumbra a hacer Trump. "La reapertura del estrecho de Ormuz no es posible si se incumple de forma flagrante el alto el fuego". Muestra de ello es, según su opinión, "el bloqueo naval y el secuestro de la economía mundial" por parte de EEUU, así como los ataques israelíes contra Líbano. "No lograron sus objetivos mediante la agresión militar, ni los lograrán mediante la intimidación. La única vía para avanzar es aceptar los derechos de la nación iraní", concluyó.
La Casa Blanca no se ha pronunciado sobre estas últimas declaraciones, pero Trump ya ha dejado claro previamente que no tiene intención de ceder ni en Ormuz ni en el capítulo del uranio enriquecido, y que no se va a retirar sin más de la zona. De hecho, ese fue el motivo por el que se levantó de la mesa de negociación el pasado fin de semana. No descarta reiniciar los bombardeos si el plan que presente Irán no le convence.
El petróleo sube un 3,3% tras los ataques en el estrecho de Ormuz
Pablo CerezalLos ataques iraníes a varios buques en el estrecho de Ormuz ayer elevan la incertidumbre en torno a las negociaciones de paz y han provocado una nueva vuelta de tuerca a los precios del petróleo. En concreto, el barril de Brent, de referencia en Europa, subió ayer un 3,3%, hasta los 101,8 dólares por barril, y ya se sitúa por encima de los niveles de la semana pasada, con cifras mayores incluso de las que se registraban antes del espejismo de la reapertura del tráfico marítimo el pasado viernes.
A pesar de la ampliación del alto al fuego de forma indefinida hasta que Irán presente "una propuesta unificada" para el acuerdo de paz, las negociaciones de paz en Islamabad permanecen paralizadas y seguirán en este estado hasta, por lo menos, mañana viernes, según el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, este estado podría prolongarse durante más tiempo, ya que Teherán había advertido previamente de que no negociará con EEUU hasta que levante el bloqueo que mantiene a los buques y puertos iraníes, lo que puede llevar a que la situación se enquiste.
Además, los problemas se agravan de cara a los próximos meses, ya que los problemas de suministro no tienen pinta de resolverse en breve. Por un lado, la posibilidad de un acuerdo de paz se antoja cada vez más lejana; por otra, la destrucción de la capacidad productiva en los países del golfo Pérsico se extenderá durante los próximos años; y a ello hay que sumar la posible extensión de los problemas otras zonas de la región, como es el caso del mar Rojo. Por todo ello, el mercado cada vez considera con más seriedad la posibilidad de que el déficit de crudo se agrave durante la temporada estival, cuando el consumo de crudo tiende a elevarse entre uno y dos millones de barriles respecto a la primavera.
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