GP de Barcelona-Cataluña
El abandono de Alonso propicia la primera victoria de Hamilton con FerrariEl heptacampeón se vio beneficiado por el coche de seguridad que provocó el KO del asturiano, hundido ante miles de fans en Montmeló
Regala esta noticia Añádenos en Google Lewis Hamilton celebra su triunfo en Montmeló, el primero con Ferrari. (M. Quintero / AFP)David Sánchez de Castro
14/06/2026 Actualizado a las 17:42h.Tenía que ser en Montmeló, donde fue odiado, y en buena parte gracias al que fue el vector de aquella inquina —que no propició Alonso, ... pero sí sus seguidores más radicales— donde Lewis Hamilton alcanzara la redención. El heptacampeón del mundo ya puede decir que ha ganado un Gran Premio de Fórmula 1 defendiendo el escudo del Cavallino Rampante. Casi dos años después de la última, Hamilton lideró un podio totalmente británico por delante de Russell y de Norris, con Antonelli y Leclerc fuera de carrera cuando aspiraban a mucho más.
Buena parte de las opciones de Hamilton para lograr su primera victoria con Ferrari pasaban por la salida. Consciente de que, de existir, el talón de Aquiles de Mercedes está en la salida, le echó el coche sobre su excompañero George Russell antes de llegar a la primera curva con una dosis de profundo optimismo. No pudo hacer nada para pasarle, pero sabía que iba a poder aguantar.
La frenética primera vuelta no tuvo demasiada acción, pero sí dejó claro que no iba a ser una carrera cómoda para ninguno de los de atrás. Conforme avanzaban las vueltas se veía que la gestión de neumáticos iba a ser clave para el desarrollo de la misma, y que quien aguantara iba a poder obtener un buen premio. No fue el caso para Lance Stroll, que fue el primero en abandonar después de oler a chamusquina —literal y metafóricamente— en su coche. Oficialmente, la caja de cambios fue lo que le dejó tirado.
En la vuelta 41, rondando ya el último tercio de la carrera, el Aston Martin de Alonso acompañó al de Stroll, culminando el peor fin de semana de la temporada para el equipo de Silverstone. Un fallo en las baterías fue la carta que perjudicó esta vez a los coches verdes, y el ídolo de de los miles de aficionados que plagaron la grada de Montmeló se fue a los boxes apesadumbrado.
Como si fuera un puñetazo en el estómago de los más rencorosos que aún tienen la espina de 2007 muy clavada, el destino quiso que este aleteo de mariposa generase el huracán que derivó en la culminación del estreno de Lewis Hamilton con Ferrari. El piloto británico se encontraba por delante de Russell y Antonelli a estas alturas de la carrera, y con ventaja. El infernal ritmo que había impuesto merced a una estrategia —apunten el día— acertada de Ferrari le permitió llegar a las últimas vueltas con ventaja de sobra sobre la pareja de Mercedes.
Fue en el momento del abandono de Alonso cuando, merced al coche de seguridad virtual que desplegaron en el circuito, Hamilton apuntaló su victoria. El británico sostenía más de 25 segundos de ventaja, con lo que se encontró con una parada en boxes gratis y sin coste de posición, salió por delante de Russell y de Antonelli, ya incapaces de superarle en pista.
Por si hubiera dudas aún de que este era el domingo de Hamilton, en Mercedes se encargaron de quitarle el poco polvo que tuviera el camino hacia su estreno con Ferrari. Russell y Antonelli protagonizaron un absurdo pique cuando ya no se jugaban más que el reparto de las posiciones entre el segundo y el tercero, y apenas media vuelta después de pasar a su compañero, el monoplaza del líder del Mundial dijo basta. Después de cinco victorias consecutivas, Antonelli firmaba el primer cero de esta campaña que tan brillantemente había cuajado. La investigación por ir, presuntamente, por encima de la velocidad permitida bajo el régimen de coche de seguridad virtual se quedó en nada para Hamilton, lo que dejaba expédito el escenario soñado para él. Aunque aún quedaba un detalle más. Para rubricar el domingo perfecto de Hamilton, hasta falló el coche de Charles Leclerc, que se vio obligado a abandonar.
Lágrimas del ganador
Pero más allá de quién le acompañara en el podio, que fue totalmente británico ya que tras el abandono de Russell fue Norris el que heredó el bronce de la carrera, la noticia estaba en que llegó llorando a meta. Las lágrimas de todo un heptacampeón del mundo fueron lo suficientemente elocuentes como para que transluciera el sufrimiento en los últimos años.
La labor de los técnicos de Ferrari, que le han dado un monoplaza netamente superior al del año pasado, un toque de la siempre imprescindible suerte, un circuito propicio y su propia paz mental —¿tendrá que ver su relación con Kim Kardashian?— para asumir las diferentes situaciones de carrera han acabado con más de dos años sin victorias. La 106ª de Hamilton llegó en Montmeló, donde hasta hace nada era persona non grata, y después de 686 días de espera (la anterior fue en el GP de Bélgica de 2024). Posiblemente haya sabido mejor que muchas, no solo por el escenario o por las circunstancias sino porque, por fin, Hamilton ya tiene su hueco en los libros de historia de Ferrari.
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