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El acompañamiento de Rosa Brun y Mónica Jover

El acompañamiento de Rosa Brun y Mónica Jover
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En la galería barcelonesa Seltz conviven ahora dos exposiciones que confirman hasta qué punto una buena instalación puede convertirse también en una forma de pensamiento. 'Paisajes para un mundo inestable', de Rosa Brun (Madrid, 1955), y 'Velvet Revolution', de Mónica Jover Calvo (Alcoy, 1973), no comparten simplemente un espacio: lo activan. La galería ha sabido articular ambas propuestas con una inteligencia poco frecuente, construyendo un recorrido en el que cromatismos, ritmos formales y tensiones espaciales se suceden con naturalidad, sin que ninguna de las dos autoras vea reducida su intensidad. Al contrario: cada una gana espesor en presencia de la otra desde la distancia de dos salas conectadas. Esa idea de sistema perceptivo, de diálogo entre color, forma y disposición espacial, está en el núcleo de la propuesta de Brun, igual que en Jover resulta central el paso de la pintura al espacio mediante el hilo y la intervención 'site-specific'.Noticia relacionada general No No ARTE Devenir raíces con Eugenio Ampudia Nerea UbietoRosa Brun sostiene la sala con una monumentalidad serena y una autoridad visual incontestable. Sus piezas no apelan al exceso, sino a una forma de precisión que vuelve el color más rotundo y el espacio más consciente de sí mismo. Hay en su trabajo una manera de ordenar la mirada sin domesticarla, de proponer equilibrio sin clausura. Detalle del montaje de 'Velvet Revolution', de Mónica Jover SeltzLa geometría no aparece como un ejercicio frío, sino como una estructura viva que orienta al espectador en medio de un paisaje inestable, mutable, contemporáneo. Sus obras poseen esa rara capacidad de ser silenciosas y, a la vez, imponentes: hacen que la percepción se demore, compare, ajuste distancias, mida tensiones. La exposición de Brun entiende el espacio como un laboratorio sensible, y esa cualidad se percibe de inmediato en el modo en que cada plano y cada volumen reorganizan la experiencia de la sala.Frente a esa gravedad luminosa, Mónica Jover introduce un desbordamiento fértil. Su trabajo dialoga con el interés contemporáneo por lo textil, sí, pero lo hace desde un lugar propio y nada oportunista. En ella, el hilo no funciona como guiño de época, sino como una verdadera expansión del lenguaje pictórico. Sale de la obra, atraviesa el espacio, tensa la arquitectura y convierte la mirada en una experiencia corporal. arte_abc_0724Hay algo especialmente logrado en esa manera de hacer que la pieza se prolongue hacia fuera con una fuerza y una luminosidad que remiten a la Naturaleza, no como motivo representado, sino como energía de crecimiento, irradiación y conquista del entorno. Jover relee lo textil desde la pintura, pero también desde una idea de paisaje que es al mismo tiempo orgánico, mental y espacial.Rosa Brun 'Paisajes para un mundo inestable' Lugar: Galería Seltz (Barcelona) Dirección: C/ Balmes, 54 Duración: Hasta el 21 de mayo Valoración: ****Mónica Jover Calvo 'Velvet Revolution' Lugar: Galería Seltz (Barcelona) Dirección: C/ Balmes, 54 Duración: Hasta el 21 de mayo Valoración: ****Lo mejor de esta doble cita es que no descansa en el contraste fácil. Brun y Jover no compiten: se acompañan, se afinan, se hacen mutuamente más legibles. Cuando Seltz cumple su primer año de actividad en Barcelona, esta conjunción especialmente bien resuelta entre dos muestras individuales confirma no solo la fuerza de ambas artistas, sino también la capacidad de la galería para hacer de su espacio un lugar de articulación, ritmo y pensamiento.

En la galería barcelonesa Seltz conviven ahora dos exposiciones que confirman hasta qué punto una buena instalación puede convertirse también en una forma de pensamiento. 'Paisajes para un mundo inestable', de Rosa Brun (Madrid, 1955), y 'Velvet Revolution', de Mónica Jover Calvo ... (Alcoy, 1973), no comparten simplemente un espacio: lo activan.

La galería ha sabido articular ambas propuestas con una inteligencia poco frecuente, construyendo un recorrido en el que cromatismos, ritmos formales y tensiones espaciales se suceden con naturalidad, sin que ninguna de las dos autoras vea reducida su intensidad.

Al contrario: cada una gana espesor en presencia de la otra desde la distancia de dos salas conectadas. Esa idea de sistema perceptivo, de diálogo entre color, forma y disposición espacial, está en el núcleo de la propuesta de Brun, igual que en Jover resulta central el paso de la pintura al espacio mediante el hilo y la intervención 'site-specific'.

Rosa Brun sostiene la sala con una monumentalidad serena y una autoridad visual incontestable. Sus piezas no apelan al exceso, sino a una forma de precisión que vuelve el color más rotundo y el espacio más consciente de sí mismo. Hay en su trabajo una manera de ordenar la mirada sin domesticarla, de proponer equilibrio sin clausura.

La geometría no aparece como un ejercicio frío, sino como una estructura viva que orienta al espectador en medio de un paisaje inestable, mutable, contemporáneo. Sus obras poseen esa rara capacidad de ser silenciosas y, a la vez, imponentes: hacen que la percepción se demore, compare, ajuste distancias, mida tensiones. La exposición de Brun entiende el espacio como un laboratorio sensible, y esa cualidad se percibe de inmediato en el modo en que cada plano y cada volumen reorganizan la experiencia de la sala.

Frente a esa gravedad luminosa, Mónica Jover introduce un desbordamiento fértil. Su trabajo dialoga con el interés contemporáneo por lo textil, sí, pero lo hace desde un lugar propio y nada oportunista. En ella, el hilo no funciona como guiño de época, sino como una verdadera expansión del lenguaje pictórico. Sale de la obra, atraviesa el espacio, tensa la arquitectura y convierte la mirada en una experiencia corporal.

Hay algo especialmente logrado en esa manera de hacer que la pieza se prolongue hacia fuera con una fuerza y una luminosidad que remiten a la Naturaleza, no como motivo representado, sino como energía de crecimiento, irradiación y conquista del entorno. Jover relee lo textil desde la pintura, pero también desde una idea de paisaje que es al mismo tiempo orgánico, mental y espacial.

Lo mejor de esta doble cita es que no descansa en el contraste fácil. Brun y Jover no compiten: se acompañan, se afinan, se hacen mutuamente más legibles. Cuando Seltz cumple su primer año de actividad en Barcelona, esta conjunción especialmente bien resuelta entre dos muestras individuales confirma no solo la fuerza de ambas artistas, sino también la capacidad de la galería para hacer de su espacio un lugar de articulación, ritmo y pensamiento.

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